Escritor de aeropuerto
May 8th, 2008 by BefMás de una vez he escuchado entre literatos llamarse “escritor de aeropuerto” como insulto.
El término, desde luego, alude a aquellos que escriben libros de consumo popular, lecturas presuntamente efÃmeras, como aquéllos libros que se expenden en los aeropuertos (las terminales de autobuses tristemente no tienen librerÃas y las de tren dejaron de existir).
Me sorprende enormemente este desdén por el lector, como si el hecho de que algo sea muy leÃdo/comprado/comentado por la gente lo demeritara. Pareciera que esta gente lo que busca es encumbrarse en una torre de marfil inalcanzable para… ¿el populacho?
Lo más triste, a mi ver, es que estos colegas olvidan (como me recordó Alberto Chimal, un gran escritor donde los haya) que antes de que hubiera cine o televisión, las novelas era entretenimiento para las masas. Que autores como Cervantes, Dickens y VÃctor Hugo eran bestsellers en su tiempo.
Quizá habrÃa que matizar. No me parece que lo despreciable sean los libros que se venden en el aeropuerto. Lo que me parece triste es que en los aeropuertos se vendan libros chafas. Pero qué se puede hacer si, haciendo caso a la demoledora ley de Sturgeon, “el 90% de lo que se publica es basura.”
Y aunque él se referÃa a la ciencia ficción, sin duda aplica a todo lo que se publica: el 90% de las novelas, cómics, libros de cuentos, revistas y para el caso pelÃculas y discos es basura.
Pero eso no es culpa de las librerÃas de los aeropuertos. Al contrario, deberÃamos agradecer su existencia.
Y sólo por el gusto de hacerlo, remito una cita de Stephen King, el rey de los escritores de aeropuerto que me conmovió profundamente. Pertenece al epÃlogo de su novela Dreamcatcher (2001):
Este libro fue escrito con el mejor procesador de palabras, una pluma fuente Waterman de cartuchos. Ecribir a mano el primer borrador de un libro tan extenso como éste (casi 700 páginas– N. del T.) me puso en contacto con el lenguaje como no me habÃa pasado en años. Incluso una noche (durante un frenesà creativo) escribà a la luz de una vela. Uno rara vez encuentra estas oportunidades en el siglo XXI, y deben de saborearse.
Ah, en fin…






