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Archive for March, 2007

¿Escribes o trabajas?

Monday, March 26th, 2007

“Nos dio tu número L—-”, dice la voz en la línea. “Te súper recomendó. Soy la encargada del enlace de la Universidad con medios y necesitamos la opinión de uno de nuestros académicos sobre el congreso de la lengua. Es para el IMER. Por teléfono. Desde tu casa.”

“El problema”, contesto tras unos segundos en que tardo en asimilar la propuesta, ” es que mi grado académico es en diseño gráfico. No creo estar capacitado para opinar sobre el asunto…”

“Pero sabemos que tienes un premio y que eres escritor. Con eso es suficiente.”

¿Lo será? Siempre he pensado que una cosa es publicar y otra muy diferente escribir. Y otra, escribir bien. Me ha costado mucho trabajo asumirme como escritor y sin embargo no me siento capacitado para meterme en las honduras de la academia.

Alguna vez un colega al que admiro me invitó a dar un taller de narrativa. Le contesté lo mismo que ahora: “Soy un narrador lírico, dar una opinión académica sería estafar a la gente. Pero muchas gracias…”

Y es que, lo confieso, la palabra escritor me impone. No tuve problemas para asumirme como monero, eso lo hice desde niño, pero ser escritor…

Eso es un honor, me parece, que hay que ganarse. Cosa de gente grande. Apenas ahora, unos doce años después de haber empezado a publicar, me siento digno de decir “escribo”. A lo mejor soy muy solemne.

Con todo y que allá afuera hay muchos farsantes que se dicen escritores. Sin serlo.

Pero, ¿qué te califica como escritor? ¿Qué determina que lo seas o no?

No creo que el hecho de estudiar letras te haga escritor. Vicente Leñero, por ejemplo, es ingeniero civil. Pero sí el ser un lector voraz, plural y crítico.

Otra de las condiciones necesarias, me parece, es el publicar. Aunque sea en un fanzine infecto, pero socializar el trabajo. Aquel que se diga escritor y no lo haga (y hay tantos, como ya señalaba alguna vez mi admirado Gabriel Zaid) sencillamente no es escritor.

Cobrar por lo publicado no es oligatorio. Pero marca la diferencia entre un profesional y un aficionado. Hace años, una mujer a la que le dije que escribía me preguntó: “¿Es tu hobby?”. Me ardió, pero tuve que aceptarlo. Ahora las cosas han cambiado un poco.

Premios. El tema de los premios. No, no creo que sean indispensables. Pero ayuda tener una trayectoria sólida, respaldada con reconocimiento en tu campo. Yo, que fui el señor Mención Honorífica por muchos años, quizå no sea la persona mejor indicada para hablar de este tema.

Y lo más importante, aunque a veces se nos olvide, es que un escritor debe escribir. Hay tanta gente que no lo hace pero se adorna como autor deambulando por ahí…

En cualquier caso, le agradecí a la mujer, decliné la invitación y le di el teléfono de un escritor de verdad.

Y me puse a escribir.

Lo nuevo

Friday, March 23rd, 2007

Me encanta lo nuevo, pocos placeres se comparan con el estrenar cosas.

Auto nuevo. Casa nueva. Computadora nueva.

Blog nuevo.

Bienvenidos. Esta es la nueva casa de Monorama. Todo se transforma para seguir igual.

O casi.

Inicié mi viejo blog hace cuatro años. Un poco producto del ocio pero un mucho por una deuda personal con mi historia familiar: provengo de una familia de periodistas.

“¿Y eso a mí qué?”, me diran muchos. “Yo soy trapecista de tercera generación y no pasa nada.”

Sucede que siempre tuve inclinación por la palabra. Pero como la vocación de monero era tan fuerte, no lo tomé en serio hasta ser ya bastante grande. Una vocación tardía. La ventaja de ello es que no existen poemas adolescentes de los que me tenga que avergonzar. Pero lo cierto es que el periodismo nunca me atrajo tampoco. Yo quería contar historias.

Pero… (siempre hay un pero)

Siempre vi con fascinación la vida de mi abuelo. Cronista taurino, sostuvo durante más de 50 años una columna de toros, primero en el Esto (de cuyos fundadores fue el último en morir) y luego en la afición. Le pagaban por escrbir de lo que le fascinaba.

¿Los toros? No, nunca me gustaron tampoco.

Pero siempre quise tener una columna. No ser reportero como la hermana de mi papá. Sólo poder emitir mi opinión. No quedarme callado. Participar.

Eso podía ser mi blog. Por ello lo inicié, para tener un cajón de sastre en el que pudiera ir lanzando todo lo que se me ocurriera, todas aquellas cosas que no cabían muy bien en otros lugares.

He llenado este Monorama con un poco de todo: opiniones, reseñas de cine, crónica de viajes, minificción, fotos.

Comienzo esta nueva etapa igual que como inicié el viejo blog, hace cuatro años, con una lista, así que para iniciar Monorama 2.0, aquí les comparto…

10 novelas que me volaron la cabeza

1.-Fahrenheit 451, de Ray Bradbury
Esta fue la primera novela que leí, a los once años. No creo haberla entendido del todo en aquel entonces, pero recuerdo que me abrió todo un mundo, a la manera de una revelación: la ciencia ficción no sólo eran naves espaciales y robots, en algún lugar existían futuros tristes.

2.-Animal Farm, de George Orwell
Muchos prefieren 1984, la antiutopía por excelencia del mismo autor. Pero me quedo con esta antifábula por una sola razón, su descarnado sentido del humor. Es como meter la mano en un tambo de ácido que te hace cosquillas a la hora de corroer. Y no lo olvidemos: todos los animales somos iguales, pero algunos somos más iguales que otros.

3.- La naranja mecánica, de Anthony Burgess
Vaya, demasiadas distopías en esta lista. Bueno, uno no niega la cruz de su parroquia. Más allá de la gran cinta de Kubrick, este libro predijo en su momento el movimiento punk, reacción natural al pacifismo místico de los hippies. En ese momento, sólo un visionario como Burgess podía verlo. De él mismo, pero más clavada, la gran novela Fin de las noticias del mundo.

4.- Los relámpagos de agosto, de Jorge Ibargüengoitia
Para que vean que no sólo de ciencia ficción vive el hombre. Se dice que Ibargüengoitia se molestaba cuando alguien le decía que escribía humor. Pero uno no puede leer esta especie de antinovela de la revolución mexicana sin botarse de la risa. Antisolemne, corrosiva, amena pero sobre todo perfectamente bien escrita. Una maravilla que hace lamentar la desaparición prematura del autor. Nos quedó a deber al menos otras tres novelas.

5.- La muerte de un instalador, de Ã?lvaro Enrigue
Uno de los más prominentes narradores de su generación, Enrigue debutó con esta historia esperpéntica de coleccionistas de arte y artistas de vanguardia que me impactó profundamente. Aún se me revuelve el estómago al recordar el clímax, digno del más delirante Peter Greenaway. Una maravilla que además, es de breve extensión.

6.- Los cachorros, de Mario Vargas Llosa
Para muchos, una obra menor. Es que no estudiaron con los hermanos maristas…

7.- TODO Edgar Allan Poe
(ok, no es novelista, pero es un magnífico narrador, fundador de el terror, la ciencia ficción y el cuento policiaco, nada más… )

8.- Fluyan mis lágrimas, dijo el policía, de Philip K. Dick
Difìcil, escoger una de las novelas de Dick, a quien no me canso en llamar un costumbrista de mundos raros. Universos paralelos, drogas, el eterno cuestionamiento de la identidad, la soledad insalvable… Quizá Dick no sea el Borges de los gringos, como lo llamó Ursula K. Le Guin, pero es MUY bueno. Otros libros de él que vale la pena leer: Laberinto de muerte, El hombre en el castillo, Tiempo de Marte, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, Ubik…

9.- La ruta del hielo y la sal, de José Luis Zárate
Zárate es mi escritor mexicano favorito (de los vivos). Y este libro, una joya que pasó desapercibida. El diario del caìtán del barco que lleva el sarcófago de Drácula hasta Inglaterra, al que Bram Stoker dedica un par de páginas, es recreado por el autor en esta historia llena de melancolía y violencia a partes iguales. Literatura mayor.

10.- Barbazul, de Kurt Vonnegut
Mi libro favorito de todos los tiempos, me parece que lo he comentado (y recomendado) en varias ocasiones. Se trata de la autobiografía falsa de Rabo Karabekian, pintor armenio-norteamericano vinculado al expresionismo abstracto, quien en la cúspide de la fama se lleva la sorpresa de que sus cuadros, pintados con una nueva marca de acrílicos experimentales, se desprenden de sus lienzos para quedar convertidos en hojuelas multicolores en los pisos de los museos donde se exhibían. Al acercarse su muerte, Karabekian intenta devolver a la humanidad una obra que le dé sentido a su vida. Cínico, melancólico, tierno y descarnado a la vez, Vonnegut es un autor mayor de la literatura norteamericana.

Please allow me to introduce myself…

Wednesday, March 21st, 2007

Monero y escritor. Malhumorado pero no grosero. Punk de la secreta. Amante de la narrativa en cualquiera de sus vertientes. Lector voraz, si bien no de todos los libros que debería leer. Eterno soñador. Amante de la belleza y enemigo del ejercicio. Casado. He publicado varios libros pero aún no logro dibujar/escribir a Batman. De izquierda moderada. Ateo. Coleccionista de robots de juguete. Viajero incansable. Pintor aficionado. Profesor universitario. Ilustrador profesional. Proveniente de una familia de ingenieros, maestras y periodistas. Sin hijos. Desconfiado por naturaleza. Malo para vestir. Glotón. Músico frustrado. De vocación científica. De formación humanística. Titulado. Formado en una familia de ideas modernas y deformado por los hermanos maristas. Nieto de latifundistas. Mitad indio mitad moro. Barbicerrado. De temperamento melancólico y humor negro…

Mi nombre es Bef y voy a atenderlos en este blog.

Bienvenidos.

Probando, probando…

Tuesday, March 6th, 2007

Uno, dos, tres…

Is there anybody out there?