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¿Por qué leemos lo que leemos?

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(En la foto, su atento y seguro servidor presentando al maestro Samuel “Chip” Delany en la Semana Negra. Uno de esos recuerdos para atesorar toda la vida. Foto de Mauricio-José Schwarz).

La muerte de Fontarrosa y el regreso aún no asimilado de la Semana Negra me han puesto a pensar, ¿por qué leo novelas policiacas, ciencia ficción y cómics?

Más de una vez he tenido fases en las que he decidido dejar de leer basura y clavarme en la literatura seria. Tuve una amiga (?) que decía que lo que yo leía era el equivalente a comer sólo comida chatarra. Chaaaaaale.

Así que me hago de mis volúmenes de Balzac y Dostoievsky. Reinicio las aventuras de don Alonso Quijano donde las dejé. Compro la poesía complete de Coleridge e incluso he llegado a leer Moby Dick en inglés y español para comparar la traducción. Por no hablar de todas las veces que he intentado entrar al Ulysses sin éxito.

Pero…

Siempre, a medio soneto quevediano, en el asiento trasero de mi cerebro una vocecita, que no debe de ser muy diferente a la de los alcohólicos que desean una chela cuando están jurados, me susurra coqueta: “¿Philp K. Dick…?”

Y vuelvo al vicio.

Para mi fortuna, como bien decía mi admirado Pepe Rojo, los subgéneros valen la pena leerse cuando logran trascenderse a sí mismos. Cuando deja de importar que hablen de detectives o robots y nos digan algo pertinente sobre la condición humana, sobre lo difícil que es existir.

“Me parece que la ciencia ficción es algo muy importante”, me dijo hace poco Esteban Silva, locutor de radio que además de ser amigo de Bachan es un chiflado del género. “Pero es algo que poca gente tiene la capacidad de apreciar.”

¿Será así?

No lo sé. Los feroces críticos de este tipo de lecturas la tachan de escapista, de chabacana e intrascendente. De lectura, en pocas palabras, para idiotas.

Yo me pregunto, entonces, una novela como Soy leyenda, de Richard Matheson, ¿es una lectura menor? ¿Lo es La naranja mecánica de Anthony Burgess o El largo adiós de Chandler? ¿Puede leerse el cuento La rosa azul de Peter Straub o La política del cuerpo de Clive Barker sin estremecerse? ¿Es basura El señor de las moscas de William Golding? ¿O Rascacielos, de J.G. Ballard?

Eso, por no hablar de los roces con los subgéneros de Borges, Cortázar, Bioy Casares, Amado Nervo, Fuentes, José Agustín, Roth, Updike, Houllebecq, Auster, Pynchon, y hasta mi admirado Ignacio Padilla y Alberto Chimal, por dar dos mexicanos contemporáneos.

Y sin embargo, a estas alturas seguimos discutiendo sobre literatura mayor y menor. Aún me encuentro con gente que descalifica, por ejemplo, a Stephen King sin haberlo leído jamás.

Es cierto, hay mucha basura entre los estantes de la novela negra, la ciencia ficción y el cómic. Ya Theodore Sturgeon dijo alguna vez que el 90 % de lo que se publica es basura. Pero ello aplica también a la literatura general, la que no está en los estantes del urinal, como dijera Vonnegut.

Chale, ya me clave. Esta apología es estéril y por lo visto nunca acabará. Por eso cierro con lo que Samuel Delany, grande entre los grandes –como persona y como artista– dijo en la Semana Negra cuando tuve el privilegio de presentarlo en la charla que dio ante una multitud de amorosos lectores. Delany, hay que decirlo, dejó de escribir ciencia ficción hace treinta años y desde entonces escribe literatura seria. Siempre ha batallado con la etiqueta de ser un autor de género; cuando le pregunté si padecía esa etiqueta, contestó más o menos así:

Las etiquetas son herramientas. Lo importante es utilizarlas inteligentemente. Nos sirven para diferenciar el tipo de libros que leemos. Si quiero leer un western me ayudan para saber a qué estante dirigirme. Es un error suponer que las etiquetas son malas. ¿Acaso un martillo es malo per se? No lo creo.

Wow.

Cierro, citando al maestro Herrera de la Fuente cuando un periodista le preguntó cuál era la buena música (ya lo he contado, pero me encanta esta anécdota). El reportero seguro esperaba que le dijera que Mozart o Debussy o algo así. Con gran sabiduría, el célebre director de orquesta le dijo: “La buena música es la que a usted le gusta.”

Lo mismo, bendito sea el opio del pueblo, sucede con los libros.

Felices lecturas.

7 Responses to “¿Por qué leemos lo que leemos?”

  1. ernesto sandoval Says:

    bueno, a últimas fechas ha habido una revaloración de la ciencia ficción en ámbitos académicos. algunos profesores de la facultad ya incluyen en sus programas a burgess, a golding o a ballard. incluso a angela carter (no tiene mucho de sci-fi, estrictamente, pero yo sí la considero un tanto cercana). y pus respecto a stephen king sólo algunos afortunados lo valoramos, je je je. todavía me ven con ceja arqueada cuando lo defiendo.

    abrazo

  2. Andrés Tonini Says:

    ¡Chida la foto!

    Se te ve la felicidad de oreja a oreja.

    Un saludo.

  3. yolandajimenezg Says:

    Te veo feliz. Eso es lo que importa.
    ;-)

  4. Eric List Says:

    Hola Bef:
    Me sucedió algo chistoso, una amiga Guatemalteca buscó mi nombre en el internet y así encontró tu sitio. Me dio mucho gusto ver tu cara otra vez y saber que estoy de alguna manera emparentado con el cookie Monster.
    Aprovecho para expresar dos cosas: una, siento mucho lo de Bachan, espero que todo evolucione bien, le mando mi simpatía y desde luego mi admiración como comiquero. Desgraciadamente no me dejan donar sangre por el asma. Parece que los alergenos se transmiten con la sangre de manera que alguien no asmático puede desarrollar la bronca por esa vía (debería hacerme un tatuaje de puro coraje). Pero en cualquier otra cosa que pueda echar la mano…
    La segunda cosa es opinar sobre los “niveles del arte�. Desde luego que ese es un prejuicio universal. Pero al mismo tiempo es universalmente un asunto de aquellos, los más ñoños de la cultura, el juzgar a los autores por su género y no por su calidad. Me da risa recordar que el Quijote, que mencionas, fue auténticamente considerado una expresión literaria menor en su tiempo. Era parte del “subgénero� de la literatura caballeresca. Los contemporáneos de Cervantes no tenían el talento de entender que al tiempo que pertenecía a dicha vena literaria y puesto que la ridiculizaba, era una discusión, justamente por esa pertenencia, de la literatura misma; ¿está muy rebuscado? Menos aun se percataron de que era en esencia una obra imaginativa y ¿Qué valor más alto puede haber en la creación artística que la imaginación? La imaginación productiva que todo lo renueva y revoluciona.
    Mi abuelo Bef, Germán List, me decía que México particularmente era un país con mucho miedo a la imaginación. Eso, según él, nos hacía un lugar que soñaba con academias mas que con revoluciones (hablaba del arte desde luego). Ponía como ejemplo a Octavio Paz, que desde luego es un gran escritor, un paradigma de las letras mexicanas, pero que difícilmente se animaba a entrarle a la ficción (a la imaginación decía al abuelo). De hecho opinaba que Helena Garro, esposa de Octavio era mejor que su marido, justamente por atreverse un poco más a la narrativa. Paz representa, dentro de su innegable calidad, al académico que se siente “mas serio� y más seguro en el ensayo. Pero el ensayo (que también es un subgénero) no pertenece a la creación desbordada, sino a la creación domesticada y que aspira a domesticar a la cultura. Claro que hay que considerar a su poesía, que es muy hermosa ( mi abuelo la admiraba) pero que no deja de ser un tanto convencional.
    Excepciones a esta imagen del intelectual mexicano serían Rulfo, Arreola, algunos que se me pasan y, desde luego los estridentistas mismos; pero el paradigma es otro.
    Por otro lado, los paradigmas son lo primero que un artista tiende a romper. Leer, dado que es un arte, tanto como escribir, debe también escapar de los dogmas. Que bueno que seas sensato al basar tus juicios de valor en el gusto y la calidad y no en recetas de cómo ser inteligente y tener buen gusto.
    Te mando un abrazo grande, grande.
    Eric List

  5. miguelbarrero Says:

    Querido Bef:

    Estoy de acuerdo contigo en una parte muy importante. Las etiquetas siempre han hecho daño a la literatura, y la prueba es que pocos reconocen a Chandler, Maigret o Philip K. Dick como los grandes escritores que en realidad fueron a no ser en los estrechos márgenes de los “géneros” a los que se adscriben sus obras.

    Ahora bien, lo que ya no comparto son tus percepciones acerca de novelas como “El Quijote” o el “Ulysses”, pero es que creo que con ellas se da exactamente el fenómeno invertido. Se las “etiquetó” como obras maestras, como auténticos “non plus ultra” de la literatura universal, y eso ha hecho que todos, consciente o inconscientemente, las coloquemos en un pedestal al que nos sentimos encaramados a la hora de abordarlos. Y no. “El Quijote” es una gran novela humorística cuya única dificultad (y entiendo que a un mexicano le cueste hacerse a ella) radica en los usos y giros lingüísticos del Siglo de Oro español, y sólo puedo decir que me divertí muchísimo con el “Ulysses” de Joyce, una novela que ha de ser abordada con toda la liviandad del mundo, alejado de cualquier prejuicio. Dice la leyenda (y no tiene por qué no ser cierta) que Joyce, mientras la escribía, se reía a carcajadas pensando en lo que iban a decir de ella los críticos.

    Por lo demás, me alegro de haberte conocido en la Semana Negra.

    Abrazos desde el otro lado del charco.

  6. Dr. Min Kooh Says:

    Hola Bef.
    Niveles de arte…. ser artista o ser artesano…
    Relativismo vs Pluralidad….
    Ciencia vs magia…
    Artes marciales tradicionales vs sistemas modernos de combate….
    Te leo, y me llegan muchas ideas…. mas allá de la literatura.
    Etiquetas, y mas etiquetas. Coreano o mexicano….
    Pero saber diferenciar la razón de la generalidad para separarla del ejemplo concreto.
    Esto pasa en todo.

    Un gran saludo, desde el rancho de la Tia Juana.

  7. Cuervoscuro Says:

    ¿Ese es Samuel Delany? Caray, crei que era Chaya Michan.
    De él solo he leído “En Çiron vuelan” y tal vez alguno que otro cuento corto…

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