En este país se perdona todo (que seas borracho, mujeriego, ladrón, etc.) menos que seas homosexual o ateo. Yo soy lo segundo.
No voy a hacer una apología del ateismo. No voy a tratar de convencer a nadie de mis creencias (o no creencias). Pero sí me voy a quejar de una cosa: no hay respeto para los que no creemos.
Considero que las creencias religiosas (y asumo que de algún modo el ateismo es una de ellas) pertenecen a la esfera íntima más profunda de una persona. Como su sexualidad. Como la marca de calcetines de su preferencia.
Por ello, evito andar por la vida queriendo convencer a nadie de que, de acuerdo a lo que pienso, no existe dios ni divinidad alguna. Me callo mis ideas.
Porque en cuanto llego a decir que no soy una persona religiosa, de inmediato brinca alguien que se siente muy inteligente y me dice “¿Ah, sí? ¿Y entonces cómo explicas las galaxias? ¿Qué, las montañas se hicieron solas o qué?”
(Entre paréntesis, hay explicaciones racionales a ambas preguntas, mucho más sorprendentes y maravillosas que el absurdo sofisma de decir que fueron creadas por una divinidad superior).
Ello es tan irrespetuoso como si al enterarme de que esa persona es creyente descalificara sus ideas. Pero nadie respeta a los ateos. Hace unos días en una reunión, un imbécil que nunca en su vida ha leido nada sobre ateismo grosermente lo calificó ( o descalificó ) frente a mis narices como “una bandera.”
¿No sería lo mismo cualquier otra religión?
Y es que hay una extraña percepción popular del ateo: se piensa que somos amorales, gandallas y pecaminosos por definición. Nada más falso. Mi amigo Bachan, ateo ejemplar, por ejemplo, es una de las mejores personas que conozco. No puedo decir lo mismo de muchos fervientes católicos. La peor persona con la que me he topado hacía ostentación de su catolicismo, rolaba con sacerdotes e iba cada 12 de diciembre a rendirle honores a “nuestra madrecita del Tepeyac.”
¿Hay alguna relación entre la maldad de este sujeto y sus creencias religiosas? No lo sé, prefiero no generalizar. Pero por favor, que nadie generalice conmigo.
El colmo fue cuando hace poco una amiga (con buena intención, no lo dudo) me mandó un archivo de Powerpoint en el que se daba cuenta de una supuesta discusión (apócrifa) sostenida entre Einstein cuando era estudiante y un profesor en la que el gran físico demostraba (con puros silogismos, todo hay que decirlo) la existencia de dios.
¡Nada más falso! Einstein siempre dijo ser agnóstico (para efectos prácticos, ateo). No era creyente. Lo mismo que gente tan brillante como Pablo Picasso, Diego Rivera, Bernard Shaw, Karl Marx, Isaac Asimov, Stephen Hawkins, Slajov Zizek, Andy Warhol, Bjork, Jorge Luis Borges, Douglas Adams, Stanislav Lem, Friedrich Nietzche, Woody Allen, Kurt Vonnegut, Sigmund Freud, Francis Crick y James Watson, Ambrose Bierce, George Orwell, Jean Paul Sartre, Clive Barker, Frank Miller, David Gilmour, José Saramago, China Mièville, Percy Shelley, Mark Twain, Carl Sagan, Stephen Jay Gould, Matt Groening, Frank Zappa, Richard Dawkins, Charles Chaplin, Luis Buñuel, H.P. Lovecraft, Salman Rushdie, Jacques Lacan, Margaret Atwood y Rius entre muchos otros.
¿Creyentes famosos? Sólo doy tres nombres: George W. Bush, Augusto Pinochet y Adolph Hitler.
Así que la próxima vez que se topen con un ateo, por favor, déjenlo en paz. Les prometo que no los va a molestar. Son gente pacífica. Prueba de ello es que no existe un equivalente ateo de la inquisición. O de la quema de brujas de Salem. O del 11 de septiembre. O de…