Inicio Registro

Archive for November, 2007

Queremos tanto a Helio

Friday, November 30th, 2007

helio.gif
GUADALARA, JAL.- Conocí a Helio Flores cuando era niño. Mi tía Bertha, periodista del Universal me llevó un día en que fue a entrevistarlo a su estudio. “Para que conozcas un caricaturista de verdad.”

Para entonces Helio tenía casi veinte años como caricaturista porfesional. Había sido fundador de la mítica revista “La Garrapata”, ya tenía varios premios internacionales (y en nacional de periodismo), incluido el Grand Prix de Montreal y publicaba sus corrosivos cartones en el Universal.

Yo sólo tenía 12 años y lo único que sabía es que quería dibujar.

La experiencia fue una epifanía. Creo que en mi vida hay un antes y un después de aquella tarde de sábado pasada en la casa de Xochimilco de Helio.

Platicamos durante horas, yo fascinado y él con generosa paciencia, explicando a este niñito que le gusta dibujar acerca del oficio del caricaturista.

Esa tarde, al salir de su estudio tuve clara una cosa en mi vida: voy a ser caricaturista.

En aquellos años, 1984, Rius publicó un libro de historia de la caricatura en México. Ahí decía que Helio había estudiado arquitectura y diseño gráfico en Nueva York.

Diseño gráfico. Fue la primera vez que supe del término. Me gustó y fue lo que estudié, contra las diplomáticas protestas de mi familia que hubiera preferido que fuera ingeniero, como mi abuelo y mi papá. Mi segunda opción era biología, la tecera letras, así que nunca los iba a dejar contentos.

10 años después. la última tarea de la carrera consistió en entrevistar a un diseñador gráfico destacado y hablar acerca de su trabajo en clase. Yo, desde luego, escogí a Helio.

Él me recordaba y con la misma generosidad me recibió en su estudio. Yo estaba aún muy lejos de ser un profesional, pero él me tuvo la misma paciencia que cuando iba en primero de secundaria. Salí con una gran entrevista, hice una bonita presentación y saqué 10. Uno de los pocos que tuve en la carrera, donde francamente era un haragán.

Los caminos de la vida, dice el vallenato, no son lo que yo pensaba y finalmente no fui caricaturista político. A cambio ahora tengo el tercer mejor trabajo del mundo (después de catador de helados y fotógrafo de la National Geographic): soy dibujante de cómics. Y escritor. Cuento historias, vaya. No creo haberlo hecho de no haber tenido a Helio como lujoso modelo a seguir.
Hoy, en el marco de la FIL de Guadajara se lleva a cabo el VI encuentro de Caricaturistas e Historietistas, donde se le entrega a Helio el trofeo de la Catrina, por su brillante trayectoria como caricaturista.

Será un orgullo estar en la ceremonia en honor de quien, dice Rius, es nuestro mejor editorialista gráfico. Porque hacer un buen cartón una vez no es difícil. Pero hacer uno bueno diario durante cuarenta años sí que lo es.

Felicidades, maestro Helio.

Kafka conoce a Ibargüengoitia

Wednesday, November 21st, 2007

recursos.jpg

Una de las muchas paradojas que vivimos los escritores latinoamericanos, aun aquellos publicados en multinacionales como Planeta o Alfaguara es la inexistencia de vasos comunicantes entre lo que está sucediendo en nuestros países.

Ya en alguna ocasión en mi blog anterior referí una entrevista en que Bruce Sterling hablaba del gigantesco mercado editorial compuesto por todos los países de la región que estamos desperdiciando.

Así, en este momento los autores y lectores mexicanos desconocemos lo que están haciendo nuestros colegas al sur del continente, como no sean los autores consagrados que normalmente leemos en ediciones españolas.

Afortunadamente, un incidente fortuito me permitió, por una vez, salvar esa barrera. Les cuento:

Conocí al novelista colombiano Antonio Garía Ángel en la pasada Semana Negra de Gijón, cuando nos tocó compartir cuarto de hotel. De tan feliz coincidencia no sólo surgió una amistad producto de tener la misma edad e intereses compartidos, sino que además pude traerme literalmente de fayuca su novela Recursos humanos, publicada en Colombia por Planeta y en España por Lengua de trapo.

Tenía el libro haciendo fila hace meses. Finalmente le llegó su turno. Y lamenté no haberlo leido antes.

La novela, escrita al amparo de la Beca Rolex, en la que el autor gozó de la tutela nada menos que de Mario Vargas Llosa, es una ingeniosa maquinaria de relojería, cuidadosamente calibrada para causar explosiones de carcajadas en el lector, sin que ello le reste profundidad, sustancia.

Al contrario, esta novela refrenda aquello de que el humor (sobre todo si es negro) es asunto serio.

En el libro asistimos a las peripecias de Ricardo Osorio, director de recursos humanos de una fábrica de dulces, mermeladas y detergentes colombiana que por momentos recuerda el siniestro Ministerio de Información de la película Brazil (Terry Gilliam, 1985).

Osorio, arribista trepador, es un sujeto despreciable que se acuesta con la mejor amiga de su esposa, delega todo su trabajo a Elsy, diligente secretaria solterona que lleva más de treinta años en la empresa y pasa el día entero ejerciendo arbitrariamente el poder que le confiere su puesto.

A lo largo de las páginas de esta novela, más de trescientas que se leen como agua, García Ángel nos revela la estrambótica historia de la Compañía, convertida de empresa familiar en un emporio, acudimos a la caótica planeación de su fiesta de 40 aniversario a cargo de Osorio y descubrimos un misterioso habitante de los recovecos de la planta industrial, dedicado a redactar absurdos papers académicos sobre temas tanto inútiles como extraños, todo ello contrapunteado con la asifixiante vida matrimonial de Osorio, sus escapes al hotel de paso con Ángela y sus planes para huir con ésta fuera de Colombia.

Es de agradecer el humor corrosivo y despiadado del autor. Alejado del caduco realismo mágico y de la narconovela, Antonio García Ángel entra sin miedo a escribir una novela divertida, esperpéntica como los mejores momentos de Jorge Ibagüengoitia o El dedo de oro de Guillermo Sheridan, pero con unas imágenes poderosas que recuerdan al ya mencionado Gilliam y al Tim Burton de Edward Scissorhands.

Una odisea desternillante que se regodea en el absurdo. De lo mejor que he leido este año. Róbensela ahí donde la encuentren.

Urgen donadores de sangre para Bachan

Monday, November 19th, 2007

Nuestro amigo Bachan ha tenido una complicación en su tratamiento y requiere urgentemente donadores de sangre y plaquetas. No lo había podido postear antes por andar en Oaxaca pero ahora hago eco de lo que escribió Luis Gantus en su blog:

Señores
Por este medio le pedimos a toda la gente que pueda donar sangre o plaquetas se presente en el hospital ABC ubicado en avenida Observatorio.
Para información sobre los requisitos de donación denle clik aquí.

Sabiamos que el proceso de Bachan iba a ser largo y que estas eventualidades iban a surgir

Agradezco infinitamente su ayuda.

Hora Cero en Phnom Penh

Friday, November 16th, 2007

phnom.jpg
El problema de la novela policiaca, la hermana mayor de todos los subgéneros, es que de algún modo se espera que se escriba de acuerdo a una fórmula prestablecida.

Así, en una de sus ramificaciones más populares, la llamada P.I. o de investigadores privados, los lectores esperan encontrarse con una serie de elementos familiares, muchos de ellos popularizados por el cine: un detective duro al estilo de Humphrey Bogart, vestido con una gabardina y un sombrero de fieltro, que fuma tabaco oscuro y habla con acento de Brooklyn, con un despacho ruinoso en un barrio sórdido al que llega una dama en apuros que al agotar sus recursos, no le queda más que acudir a nuestro (anti) héroe, un individualista duro y desencantado que en el fondo tiene un gran corazón… o algo así.

Afortunadamente eso no sucede en Hora Cero en Phnom Penh, tercera novela de la serie protagonizada por el detective Vincent Calvino, primera traducida al español, escritas por el canadiense Christopher G. Moore.

Calvino, un neoyorkino mitad judío mitad italiano que vive como expatriado en Tailandia desde hace muchos años, se gana la vida como detective en las duras calles de Bangkok.

Con la ayuda de Pratt, jefe de la policía local, tailandés que cita a Shakespeare cada que la situación lo amerita y con el que lo une una amistad desde que ambos vivían en Nueva York, Calvino resuelve una serie de casos en el exótico y convulsionado escenario del sureste asiático.

En esta ocasión, Calvino es contratado por Patten, un criminal de poca monta, para que encuentra en el vecino país de Camboya a un tal Hatch, su socio en una serie de negocios apenas legales, para que le entregue un cheque por 50 mil dólares.

El primer informante al que recurre Calvino es el gordo Stuart L’Blanc, traficante canadiense de joyas y chanchullero de segunda división que pasa sus días apostando en el hipódromo de Bangkok.

Cuando Calvino encuentra al Gordo, éste niega haber visto a Hatch. El detective no le cree, pero cuando va a hacer una apuesta por un caballo recomendado por el Gordo, éste muere envenenado en las gradas del hipódromo.

A partir de este momento, el autor desgrana una historia situada en una Camboya arrasada por la guerra, ocupada por las tropas de la UNTAC que en no pocas ocasiones son tanto o más nefastas que los jemeres rojos, donde las migrantes vietnamitas se juegan la vida cada noche que salen a prostituirse para sobrevivir. Un lugar, en fin, en el que no existen certezas ni garantías.

Con un estilo de sorprendente fuerza, evitando los lugares comunes de la novela policiaca (las metáforas baratas, por ejemplo) Moore retrata el escenario aterrador de una nación desarticulada por la violencia, poblada por toda clase de criminales buscando sacar el mayor provecho posible a los restos aún humeantes de Camboya.

En su periplo por Phnom Penh, Calvino se ve inmiscuido tangencialmente en la búsqueda de unas joyas robadas a la realeza saudí por un ciudadano tailandés, se sumergirá en las redes del tráfico de armas y tendrá queveres con una doctora, voluntaria francesa de una ONG, y una periodista norteamericana.

Christopher Moore, canadiense expatriado en Tailandia es un narrador duro, sin concesiones. Hay quien ve en él una mezcla de Graham Greene con Raymond Chandler. A mí me parece que es algo más complejo.

A través de la novela, Moore hace una denuncia del caos en que viven los camboyanos, sin caer en el chantaje facilón. El propio Vincent Calvino jamás se conmueve ante los horrores que presencia. Pero se indigna.

Al final, la resolución del crimen pasará a un segundo plano. La búsqueda de Hatch por un lado y de las joyas por el otro son un pretexto para que el autor pueda pintar un fresco de la convulsa realidad vivida en la región.

Una novela dura que renueva al género al situarse en un escenario exótico, donde poco importa el asesinato de una sola persona contra el genocidio de millones.
La novela habrá de aparecer en las librerías mexicanas en diciembre, cortesía de Paidós, que con esta colección se mete de lleno en la narrattiva policiaca. Espero que los demás títulos sean tan buenos como éste.

Ojalá pronto leamos más títulos de Christopher G. Moore.

Próximas presentaciones

Thursday, November 8th, 2007

El sábado 10 de noviembre presento el libro Quisiera ser un león, de mi colega y amigo Santiago Casares (otro monero que escribe) en el marco de la FILIJ. La cita es a las 12.30 en la Sala de Lectura de la Feria, sita en el CNA en Tlalpan y Churubusco.

El domingo 11, a las 12.30 presento mi libro GROAR, en la misma Sala de lectura de la FILIJ. Me acompañan Alberto Chimal y Jaime Alfonso Sandoval. Modera Rossana Curiel.
El lunes 12 estoy como moderador en una mesa sobre cómic, con Óscar González Loyo y Paco Herrera, entre otros. La cita es a las 16.00 en el Foro Joven de la FILIJ

El sábado 17 a las 12.30 presento la novela Cíbola y Quivira: el norte del reino de mi amigo José Luis Trueba Lara, en la misma sala de lecturas de la FILIJ. Ese mismo día firmaré mi libro “Cuento de hadas para conejos” en el stand de Alfaguara Infantil de 11 a 12 horas.

Y el domingo 18 presento GROAR en la Feria del libro de Oaxaca. No tengo la hora, en cuanto la sepa lo posteo aquí.

Saludos…

Premio Ignotus 2007

Monday, November 5th, 2007

sinsolapas.jpg

Siempre me da un poco de pudor hablar de estas cosas, pero hoy es una ocasión especial.

Durante años fui conocido como el Señor Meción Honorífica. Simplemente no ganaba premios. Pero ahora mi novela Gel azul ganó el sábado por la noche el Premio Ignotus a la mejor novela corta de ciencia ficción editada en España durante 2006.

El premio, otorgado por los miembros de la Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror, se otorga por votación en el marco de la Hispacón, la concención nacional de dicha asociación, que se lleva a cabo durante el primer fin de semana de noviembre. Es esta ocasión, la sede fue Sevilla.

El galardón distingue a la mejor producción del género de la ciencia ficción en direfentes categorías, que incluyen entre otras mejor novela, cuento (ambas ganadas este año por mi admirado Rafa Marín), cómic y producción audiovisual, que este año ganó Guillermo del Toro con la extraordinaria cinta El laberinto del fauno.

El premio, máximo galardón de la ciencia ficción en España, es muy competido y consiste en un monolito de piedra que emula aquel de 2001 Odisea del espacio.

Como se imaginarán, la noticia me hizo saltar de gusto cuando me fue comunicada por mi amigo Juanma Santiago a través de un email. Él, que generosamente prologó el libro fue quien recibió el premio a mi nombre. Nadie más indicado.

Lamento que la novela permanezca inédita en México, pero se puede conseguir a través del sitio de la editorial. Para quienes estén en España, se puede comprar en el Corte Inglés. Espero que el premio ayude aque se edite en México.

Me gustaría extenderme, pero temo pecar de vanidoso. Sólo quiero acotar que éste es un triunfo que comparto con quienes creyeron en el libro desde el principio: mis editores Gabriella Campbell y Víctor Gallardo, el propio Juanma Santiago y muy especialmente José Luiz Zárate, a quien está dedicado el libro.

Finalmente, la lista completa de los ganadores del Ignotus se puede consultar aquí.

Saludos…