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Philip K. Dick

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Hace poco decía mi admirado Rogelio Villarreal que los estentóreos contraculturales mexicanos había leido poco al recientemente fallecido Kurt Vonnegut.

Algo similar les sucede con Philip K. Dick (1928–1982), novelista norteamericano reconocid por propios y extraños como uno de los más importantes narradores anglosajones de la segunda mitad del siglo XX.

Stanislav Lem solía decir que Dick era el único escritor de ciencia ficción norteamericana que valía la pena leer (le llamaba “un visionario entre charlatanes”). La escritora y crítica Ursula K. Le Guin incluso llegó a decir que Dick era el Borges norteamericano.

Si bien no creo que sea para tanto (afortunadamente no creo que haya un Borges gringo ni un Capote argentino), estoy convencido de la gran calidad literaria de Dick.

Nacido en Chicago el mismo año que Carlos Fuentes, Philip Kindred Dick tuvo una hermana gemela que murió a los pocos días del alumbramiento lo cual marcó al autor para toda su vida.

Matriculado en la Universidad de California en Berkeley para estudiar alemán, el joven Dick fue un voraz lector de filosofía, así como de autores como Flaubert, Balzac, Proust, Dostoyevsky y el propio Borges, entre muchos otros.

La intención de Dick era convertirse en un literato formal. Sin embargo, no pudo vender en vida ninguna de sus novelas serias con excepción de una (Confessions of a Crap Artist). Pero tras vender en 1952 su primer cuento a una revista de ciencia ficción, el autor pareció condenar su carrera a ese ghetto que en palabras de Vonnegut “algunos críticos confunden con un urinal.”

La trayectoria de Philip en el ámbito de la ciencia ficción no fue nada desdeñable. A poco más de diez años de publicar su primer cuento la novela The Man In The High Castle, sobre la vida cotidiana en una Norteamérica en la que los nazis ganaron la segunda guerra mundial, ganó el Premio Hugo, máximo galardón en el medio cienciaficcionero. Contaba con –gulp– 35 años, la edad que yo tengo ahora.

Su obra puede calificarse sin reservas de monumental. Escribió 50 novelas y decenas de cuentos cortos compilados en cinco voluminosos tomos. La más famosa de ellas, al menos para el gran público, es Do Androids Dream Of Electric Sheep? que dio pie a la adaptación conocida como Blade Runner.

Curiosamente, el arrogante Ridley Scott nunca ha tenido empacho en decir que no leyó el libro para hacer la película. Digo curiosamente por que la cinta es altamente dickiana.

Durante toda su vida Dick sufrió ataques de angustia y desequilibrios emocionales. Permanentemente cruzó hacia ambos lados de la línea que divide la sanidad de la demencia. La tesis fundamental de su obra, al menos una de ellas, es que nada es lo que parece. En una historia típicamente dickiana, varios planos se superponen unos sobre otros en una especie de frágil multiverso que puede derrumbarse al menor soplo, como un castillo de naipes.

Como era de suponer, la vida de Dick fue caótica, fiel reflejo de su obra Se casó y divorció cinco veces a lo largo de su vida y alguna vez pisó el manicure.

Ahora bien, ¿qué hace tan importante como escritor a este pintoresco personaje? No pocos críticos han visto una de las semillas de la posmodernidad plantada en varias de sus novelas.

Personalmente confeccionaría un ramillete que incluyera los libros ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, Tiempo de Marte, El hombre en el castillo, Laberinto de muerte y Fluyan mis lágrimas dijo el policía, todos ellos traducidos al español y medianamente fáciles de conseguir.

Dick escribe, lo he dicho muchas veces, novelas costumbristas sobre mundos raros. En ellas, la realidad se presenta frágil e inestable, nada es lo que parece y los personajes se ven expuestos a situaciones que hicieron decir al propio Dick “no me gustaría vivir en ninguna de mis novelas”.

Niños psíquicos que viven en Marte, vendedores de antigüedades americanas en la Norteamérica dominada por los japoneses, celebridades de la televisión que de pronto pasan a un universo paralelo donde ni siquiera existen, una expedición espacial que es mantenida soñando realidades virtuales para paliar las inclemencias del viaje estelar, y el consabido detective que caza replicantes, entre muchos otros, son personajes y situaciones que deambulan por las páginas de sus libros.

Alejado de las fantasía militaristas de Robert Heinlein y de la árida prosa tecnofetichista de Isaac Asimov, Dick logró dar dimensión humana y universal a personajes absurdos metidos en situaciones extremas. Sumergirse en una de sus novelas es meterse de lleno en una universo alucinante donde las leyes de la física parecen permutarse por otras, más extrañas y crueles.

Este año, Dick hubiera cumplido 80 años, fecha que seguramente no pasará desapercibida para su legión de leales lectores que crece un poco año con año.

¿Andas buscando algo interesante que leer? ¿Te gustaría variarle a la dieta de autores conocidos? Te recomiendo entonces que busques una novela de Philip K. Dick en tu librería más cercana y la leas. Te prometo que no te decepcionará.

Y si lo hace, avísenme para ir juntos a romperle la cara, donde quiera que esté…

UPDATE: En escritor Gerardo Porcayo, conocido como el Lobo entre sus amigos, escribió recientemente una sentida entrada en su blog sobre Dick, quien hubiera cumplido 79 años el pasado 16 de diciembre.  Vale la pena darle una leida.

Y aquí un link francamente ilegal en el que se puede descargar prácticamente toda la obra de Philip K. Dick (en español). No digan que yo se los di.

3 Responses to “Philip K. Dick”

  1. Daniel Herrera Says:

    Carnal:

    Qué buen link. Ya bajé las tres novelas que recomiendas. Arriba el internet y la piratería, me ahorré varios pesos.

    Un abrazo

  2. iris Says:

    de verdad, gracias por el link!!.
    No sabía de la vida de este escritor, ya he leído “Fluyan mis lágrimas dijo el policía”, novela que me gusto mucho, que por cierto, me la regaló el gobierno del df cuando estaba a cargo Rosario Robles.

  3. Portero Says:

    antes de la era del internet, cuando tenia como 16 años, trabajaba d evolantero, un día caminando por plaza universidad, encontre en un bote de basura “aqui yace el wub”, cuando lo acabe de leer me di cuenta que no se necesita hablar dle futuro como ciencia ficcion.

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