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Sobre el escribir (1)

Después del desliz alburero de la semana pasada, y viendo que he posteado sólo notas breves, ando con ánimo de hacer algo más sustancioso.

No es gratuito el semiabandono del blog. Hace dos días puse el punto final en una nueva novela. Fue un proyecto que me absorbió buena parte de lo últimos seis meses.

Pocos teclazos son más satisfactorios que el punto final. Y puedo decirles que no debe haber muchos proyectos más agotadores que escribir una novela. Me gustaría compartirles algunas impresiones de viaje de esa ruta desde el primer párrafo hasta la palabra FIN.

¿Cómo se construye una novela? Confieso que aún no lo sé. He escrito cinco de ellas, publicado tres y sido premiado por dos y el proceso sigue siendo para mí un gozoso misterio.

Pero si me viera obligado a bocetar un esquema, obligadamente iniciaría por la idea. Hace falta una buena idea para animarse a pasar los siguientes meses (si tienes suerte), años (si la historia lo requiere) o incluso días (si estás loco) para desgranar la historia.

Encontrar buenas ideas no es fácil, no es como que las vendan ni que haya servicios de musas, similares a las call girls con las que quedes de verte en un hotel de paso para que te lleven dos o tres ideas interesantes. ¡Cómo desearíamos los narradores que fuera así!

A cambio, la idea que puede desencadenar tu novela es capaz de aparecer en el lugar más insospechado. Flotando en el aire como un diente de león o esperándote sentada en el parque. Lo mismo sucede con los cuentos. Sin embargo, ahí tengo que hacer una diferenciación importante. En mi experiencia, el cuento trata fundamentalmente sobre situaciones mientras la novela lidia más con personajes. Eso aplica tanto a la narrativa escrita como a la gráfica.

¿Cómo reconoces una buena idea cuando la ves? No hay recetas, básicamente hay que confiar en la intuición. Ayuda ser un buen lector del género al que le quieres entrar, así no te pasará como dice Richard Morgan: “No importa qué tan buena sea la idea para tu novela de ciencia ficción, ya la escribió Philip K. Dick como cuento en 1963.” Eso aplica a todos los géneros, pareciera que todo está escrito, pero afortunadamente aún hay por ahí ideas que no se le han ocurrido aún ni a Enrique Serna ni a Kurt Vonnegut ni a Doris Lessing.
Es casi un axioma, pero debo recordar que lo mejor es escribir sobre aquello que te apasiona. ¿Eres aficionado a las novelas policiacas? Entonces escribe una, no hagas novela rosa. ¿Te chifla la historia? Emprende un libro sobre la adolescencia de Benito Juárez. ¿Tu onda es la música? Que se oiga a todo volumen en cada página.

Así que un buen día, por ejemplo, estás tomando un café con un amigo y él te dice “me gustaría leer un western.” Y esa palabra te desencadena una idea que habrá de obsesionarte en los meses por venir. Hagas lo que hagas, tu idea te acompañara en su vrsión embrionaria a todos lados. Dormirás con ella, te levantarás a su lado y no podrás dejar de evocarla ni cuando vayas al cine.

Hasta que un día te decides a estructurarla. Es cuando viene el trabajo difícil.

Hay tantos métodos de escritura como autores mismos. Algunos planean sus novelas con esquemas muy detallados (mi amigo Antonio García Ángel, por ejemplo, dibujó toda la plana arquitectónica de la fábrica donde se desarrolla su divertídisima Recursos humanos –ojo, no confundir con la de Antonio Ortuño, que no he leido).

Hay otros que van improvisando sobre la marcha. Se dice, no me consta, que Óscar de la Borbolla escribió Nada es para tanto sin saber qué había más allá del párrafo que iba escribiendo. Y es una buena novela.
Ninguna manera de entrarle a la escritura es mejor que otra, pero los lectores exigentes sabrán diferenciar de calidad a calidad, y créanme, a una historia mal estructurada se le ven las costuras por todos lados.

Personalmente me gusta saber, aunque sea de manera general, qué va a pasar en qué momento y hacia dónde se dirige el asunto. Creo que lo más fácil es pensar cómo quieres que empiece, cómo quieres que acabe y planear dos o tres secuencias que te gustaría ver en medio. El resto será unirlas todas. Fácil, ¿no?

Robert Silverberg dijo alguna vez que toda historia tiene principio, desarrollo y final, pero no necesariamente van en ese orden.

Soy un gran partidario de la documentación. Claro, si lo que te interesa en escribir una novela intimista sobre una persona que vive en circunstancias bastante similares a las tuyas (como las hordas de cuentistas Bukovskianos que asolaron la Condesa hace algunos años) pues a lo mejor no tendrás necesidad de investigar nada. Pero como no tengas una vida convulsa y turbulenta a lo mejor tampoco tendrás muchos lectores (y me consta que las personas con vidas convulsas y turbulentas rara vez quieren ser escritores).

Robert J. Sawyer una vez me dijo que lo que más disfruta del proceso es la investigación previa. Coincido con él. Para el proyecto que me traigo entre manos, hube de sumergirme lo mismo en los acervos históricos de la universidad donde trabajo (en donde tienen la única copia conocida en español de las memorias de Carl Hagenbeck, célebre comerciante de animales exóticos del siglo XIX) que ponerme a averiguar sobre la descalcificación en los reptiles durante la gestación. Busqué información sobre los migrantes chinos a México a principios del siglo XX y logre conseguir gracias a la ayuda de una amiga (¡Saludos, Yola!) un mapa de Mexicali en 1923.

Mientras investigas, la cabeza te hierve de ideas. No pocas veces empiezas a escribir con la mitad de tu investigación sin hacer. Mala costumbre que tengo, no sé si ha entorpecido o acelerado el proceso. Cada quien lo descubrirá.

Así que un día te sientas, abres el procesador de palabras de tu elección y das New. De golpe estás frente al peor enemigo del escritor: la hoja en blanco.

Cómo lidiar con ese monstruo, es de lo que me ocuparé mañana, en la continuación de este post post-novela. Saludos a todos…

6 Responses to “Sobre el escribir (1)”

  1. Miguel Angel Hernández Cedillo Says:

    Bravo!!! Que post mas increible, estaré al pendiente de la siguiente parte.

  2. Daniel Herrera Says:

    Mi querido Bef:

    Casi de acuerdo en todo. Tal vez no debería opinar, pues yo solamente he publicado una novela y no he ganado ningún premio, aunque tengo material sin publicar. Nomás difiero en la idea de que debe haber algo que no se haya contado. Creo que los clásicos ya contaron todas las historias, pero eso no significa que no debamos escribir, creo que son las formas de narrar de cada escritor lo que hace una obra literaria original y trascendental.

    Que bueno que posteas de nuevo.

  3. Luis Sopelana Says:

    Chido, me fascinan los procesos.

    Por cierto, FELICIDADES POR LO DE KODANSHA, mi estimadísimo. Mucha suerte en las eliminatorias.

  4. Ignacio loranca Says:

    Ya tenía rato que no me asomaba por acá y como siempre, iluminador, en mi caso solo he publicado un libro (del cual reniego) y he ganado un premio importante (del cual reniegan…). Casi totalment de acuerdo, aunque creo que nunca se contarán todas las historias, si, se llaman variaciones de un mismo tema, pero nunca son la misma historia (y no presumo de descubrir el hilo negro, me lo volé, ¡je!).
    Saludos y espera pronto mi novela por entregas: “El Aprendiz de librero”, en mi página.
    Saludos:
    El Nachomán!

  5. Yola Jiménez G Says:

    bef, felicidades por el último teclaso.
    espero con ancia leer tu novela, aun no encuentro al última por estos lares, pero tiempo de alacranes esta en mi librero y ha ido pasando de mano en mano entre mis hermanos, mi má y yo. Contentos de tenerla!

  6. Paul Medrano Says:

    Vaya! usted ya acabó otra y yo no puedo con una. Demonios. Tendré que meter tercera :S

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