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Archive for May, 2008

¿Qué música oyes?

Tuesday, May 13th, 2008

Era 1993 ó 94. Yo estudiaba diseño gráfico en la Ibero y a la sazón habían invitado a Peret, diseñador gráfico catalán a dar una conferencia a la universidad.

No eran buenos años para mí. Estaba muy enojado (como el resto de la gente de mi edad, me parece, aunque no todos se dieran cuenta). Llevaba el cabello largo y me esforzaba por que mi aspecto se viera siempre lo más sucio posible. Era irónico y molesto. Un chamaquito insoportable con aires de subversivo. Un punk de boutique.

El caso es que Peret dio su conferencia, la típica conferencia de diseño en la que un diseñador famoso pasa una serie de diapositivas sobre su trabajo al tiempo que dice “y ésta la hicimos para el ayuntamiento de Barcelona, y esta otra para la fundación Japón”, mientras los estudiantes se asombran de la cartera de clientes del expositor. Un ego trip insoportable.

Como quiera, llegó la hora de las preguntas. Peret era un extraordinario diseñador y mejor ilustrador, cuyo único defecto en la vida era que Mariscal existiera (a su lado Peret siempre fue el segundón del diseño gráfico catalán y se notaba cierto rencorcillo cuando se refería a él). Yo no lo dudé y levanté la mano.

—Sí, dime.

—¿Qué música oyes mientras trabajas?— pregunté con el entusiasmo ingenuo de los veintiún años.

La cara de Peret se descompuso como si le hubiera preguntado alguna intimidad vergonzosa.

—Pues, hombre —murmuraba molesto — , no sé, los Beatles, clásica, no sé, de todo, qué pregunta más tonta.

Avergonzado, me hundí en mi butaca para nunca más volver a preguntar eso a nadie.

Muchos años después di con un libro, The Animator’s Survival Kit, en el que el autor, Richard Williams, contaba entre otras cosas de la vez en que le había preguntado a Milt Kahl, legendario director de cine animado, si no escuchaba música clásica o jazz al dibujar.

El normalmente apacible Kahl se sulfuró al tiempo que contestaba:

—De todas las preguntas tontas que me han hecho, ésta es la más estúpida. ¿Cómo puedo concentrarme en dos cosas al mismo tiempo?

Williams cerraba la anécdota sugiriendo al lector dibujar en silencio, pues esto le permitiría concentrarse mejor. Desde que leí eso, hace pocos años, lo he probado y me ha servido, creo.

No he conocido diseñador o ilustrador que sea indiferente a la música. Todos los que conozco trabajan con algo en el CD o el iTunes. Yo mismo fui un melómano entusiasta muchos años.

Actualmente, ante la mediocre producción musical de estos tiempos mi furor se ha diluido, ahora trabajo en silencio y hace años que no voy a un concierto de rock (abundaré sobre esto en otro post). Y también escribo en silencio.

Todo esto para sacar tres conclusiones:

1) Si los invitan a dar una conferencia, no descalifiquen de ese modo a quien les pregunte algo, por tonta que les parezca la intervención.

2) Qué mal anda la industria de la música.

3) ¿Alguien quiere contarnos qué música escucha para trabajar?

Escritor de aeropuerto

Thursday, May 8th, 2008

Más de una vez he escuchado entre literatos llamarse “escritor de aeropuerto” como insulto.
El término, desde luego, alude a aquellos que escriben libros de consumo popular, lecturas presuntamente efímeras, como aquéllos libros que se expenden en los aeropuertos (las terminales de autobuses tristemente no tienen librerías y las de tren dejaron de existir).

Me sorprende enormemente este desdén por el lector, como si el hecho de que algo sea muy leído/comprado/comentado por la gente lo demeritara. Pareciera que esta gente lo que busca es encumbrarse en una torre de marfil inalcanzable para… ¿el populacho?

Lo más triste, a mi ver, es que estos colegas olvidan (como me recordó Alberto Chimal, un gran escritor donde los haya) que antes de que hubiera cine o televisión, las novelas era entretenimiento para las masas. Que autores como Cervantes, Dickens y Víctor Hugo eran bestsellers en su tiempo.

Quizá habría que matizar. No me parece que lo despreciable sean los libros que se venden en el aeropuerto. Lo que me parece triste es que en los aeropuertos se vendan libros chafas. Pero qué se puede hacer si, haciendo caso a la demoledora ley de Sturgeon, “el 90% de lo que se publica es basura.”

Y aunque él se refería a la ciencia ficción, sin duda aplica a todo lo que se publica: el 90% de las novelas, cómics, libros de cuentos, revistas y para el caso películas y discos es basura.

Pero eso no es culpa de las librerías de los aeropuertos. Al contrario, deberíamos agradecer su existencia.

Y sólo por el gusto de hacerlo, remito una cita de Stephen King, el rey de los escritores de aeropuerto que me conmovió profundamente. Pertenece al epílogo de su novela Dreamcatcher (2001):

Este libro fue escrito con el mejor procesador de palabras, una pluma fuente Waterman de cartuchos. Ecribir a mano el primer borrador de un libro tan extenso como éste (casi 700 páginas– N. del T.) me puso en contacto con el lenguaje como no me había pasado en años. Incluso una noche (durante un frenesí creativo) escribí a la luz de una vela. Uno rara vez encuentra estas oportunidades en el siglo XXI, y deben de saborearse.

Ah, en fin…

Citas citables (4): Héctor Aguilar Camín

Friday, May 2nd, 2008

“La civilización nos ha apartado del origen de nuestras pulsiones. Ha fragmentado nuestra experiencia, ha pulido nuestros modales y segregado de nuestra vista las cuestiones centrales: el amor, la violencia, la muerte. Hemos construido cuartos privados para los amantes, lugares secretos para morir y hemos echado un velo institucional sobre el origen de nuestra paz, que no es otro que la violencia ejercida contra los que la ponen en peligro: los locos, los criminales, los disidentes. ¿Dónde se administran esas segregaciones? En los sótanos. ¿Me comprende usted? Vea esa hilera de señoras que van al supermercado y ponen en su carrito chuletas, costillas, filetes. ¿Cuántas podrían soportar el olor a sangre fresca de los rastros donde se preparan esas carnes? ¿Cuántas podrían soportar la mirada melancólica de la vaca a punto de ser sacrificada y presenciar sin desmayarse la escena del puntillazo sobre el animal? ¿Y cuántas podrían asistir al destasamiento, el corte de las chuletas, etcétera? ¿Cuántas de ellas o cuántos de nosotros, ciudadanos carnívoros seríamos capaces de empuñar el cuchillo del carnicero y matar, destazar, limpiar las vacas necesarias para que haya filetes en el supermercado? Si viéramos al matarife ejecutando su labor, la gran mayoría de los que usufructuamos su trabajo encontraríamos su oficio repugnante, inhumano, siniestro, como en efecto lo es. Pero sin ese repugnante oficio de matar y destazar vacas, no habría los limpísimos trozos de carne para uso de los limpísimos ciudadanos que aborrecen el proceso pero aman el resultado. ¿Me entiende usted?”

De La guerra de Galio (1990).