Inicio Registro

Escritor de aeropuerto

Más de una vez he escuchado entre literatos llamarse “escritor de aeropuerto” como insulto.
El término, desde luego, alude a aquellos que escriben libros de consumo popular, lecturas presuntamente efímeras, como aquéllos libros que se expenden en los aeropuertos (las terminales de autobuses tristemente no tienen librerías y las de tren dejaron de existir).

Me sorprende enormemente este desdén por el lector, como si el hecho de que algo sea muy leído/comprado/comentado por la gente lo demeritara. Pareciera que esta gente lo que busca es encumbrarse en una torre de marfil inalcanzable para… ¿el populacho?

Lo más triste, a mi ver, es que estos colegas olvidan (como me recordó Alberto Chimal, un gran escritor donde los haya) que antes de que hubiera cine o televisión, las novelas era entretenimiento para las masas. Que autores como Cervantes, Dickens y Víctor Hugo eran bestsellers en su tiempo.

Quizá habría que matizar. No me parece que lo despreciable sean los libros que se venden en el aeropuerto. Lo que me parece triste es que en los aeropuertos se vendan libros chafas. Pero qué se puede hacer si, haciendo caso a la demoledora ley de Sturgeon, “el 90% de lo que se publica es basura.”

Y aunque él se refería a la ciencia ficción, sin duda aplica a todo lo que se publica: el 90% de las novelas, cómics, libros de cuentos, revistas y para el caso películas y discos es basura.

Pero eso no es culpa de las librerías de los aeropuertos. Al contrario, deberíamos agradecer su existencia.

Y sólo por el gusto de hacerlo, remito una cita de Stephen King, el rey de los escritores de aeropuerto que me conmovió profundamente. Pertenece al epílogo de su novela Dreamcatcher (2001):

Este libro fue escrito con el mejor procesador de palabras, una pluma fuente Waterman de cartuchos. Ecribir a mano el primer borrador de un libro tan extenso como éste (casi 700 páginas– N. del T.) me puso en contacto con el lenguaje como no me había pasado en años. Incluso una noche (durante un frenesí creativo) escribí a la luz de una vela. Uno rara vez encuentra estas oportunidades en el siglo XXI, y deben de saborearse.

Ah, en fin…

11 Responses to “Escritor de aeropuerto”

  1. pbetteo Says:

    Consideremos también las sabrosas combinaciones: Escribir a la luz de la vela con el iPod puesto, usar el Photoshop en el dormitorio de la abuela, pensar en el amor cuando se hace un transbordo en La Raza, sacar el gameboy en la iglesia, teclear poemas furiosos sobre una computadora apagada, prender una fogata en el avión.

    Me he ido por las ramas.

  2. Alejandra Says:

    En Cien Metros hay una librería. Y tiene un catálogo sorprendentemente amplio para el tamaño del local. Al parecer, no sólo de Oooorale vive el viajero que sale en camión hacia el norte.

  3. Alejandra Says:

    Y eso es para saborearse, también.

  4. wenperla Says:

    Mmm… no sé… me da más bien la impresión de que todos aquellos que gustamos de la literatura somos bastante arrogantes, ¿sabes? Yo nunca había escuchado la expresión a la que te refieres, pero yo la interpretaría de otro modo: no es basura aquello que se vende en el aeropuerto por el simple hecho de estar al alcance de toda la gente, o de que se venda en el aeropuerto, pues. La basura es la mierda que, pésele a quien le pese, se vende más: Fernanda Familiar, los manuales para dejar de ser tapete y convertirse en cabrona, las razones por las que las mujeres aman a los pendejos, y así ad infinítum.
    Lo del aeropuerto, creo, sale sobrando. Lo interesante es la forma en la que día a día va ensanchándose el abismo entre todos los que hacen y gustan de la literatura. De cualquier tipo, es lo de menos. Todos odian a todos.
    Se venda o no la basura, a la gente le guste o no la “buena” literatura (¿quién coño puede decir qué es bueno y qué no lo es???), en un mundo como en el que nos ha tocado vivir, donde leer es (y esto es INDISCUTIBLE) un lujo, el hecho de que la industria editorial esté prosperando gracias a que la gente esté leyendo cada vez con más vehemencia, es verdaderamente motivante y un buen augurio pa’l porvenir.

    ¡Te mando un abrazo!

  5. Leo Agusto Says:

    Muchas veces el libro como objeto y la lectura como pose, sirve, a algunos, como escudo para cubrir sus carencias, emocionales o de cualquier tipo, ante los demás.

    ¿Pero qué sería más denigrante, ser escritor o lector de aeropuerto ? (según los lanzadores de frases despectivas)

  6. Mario Says:

    Tienes razón, Bef.

  7. Ernesto Priego Says:

    Ah, qué lejanas -qué anticuadas- nos parecen estas discusiones ya. Sé a lo que te refieres, pero refrendo, a la lejanía, que la problemática es cosa muy localizada, y por lo tanto no un problema de importancia, sino algo que se puede -y se debe- no tomar en serio.

    El escritor que no quiera lectores -o compradores, o fans, o fama- que tire la primera piedra.

    Lo mejor de esta broma es que los escritores que ven con malos ojos y nariz respingada a géneros como el thriller, el horror y la ciencia ficción por ser “de aeropuerto”, son los primerísimos en ser aquellos que se venden en los aeropuertos (mexicanos, al menos, pero también, en ocasiones, de Extrangia). La literatura mexicana, la oficial, es la literatura de aeropuerto (mexicano, de provincia) por antonomasia. O de pérdiz, de feria de libro local. O de libería Educal. Que no le vengan a usté a decir. (¿Qué no hay una Educal en el Benito Juárez?)

  8. Santiago Says:

    Bef: Un libro es un libro, es un libro.

    Wenperla: De cierta manera tienes razón, pero aún así me dan escalofríos de pensar en toda la gente que ha leído a Carlos Cuauhtemoc Sánchez!

    Leo: Un lector es un lector, es un lector. (ibidem para lo del escritor)

    Pato: para qué usas el Photoshop en la habitación de tu abuela???!!!

    Ernesto: Amén!

  9. Adriano Says:

    Estee…Bef, Las centrales camioneras no están totalmente desprovistas de librerías. Puede que no sean my buenas y de hecho, son bastante tercermundistas pero sí hay por lo menos en la de observatorio y en la del norte que yo recuerde. De hecho, en la del norte yo una vez compré una copia de “La vuelta al mundo en ochenta días” (Jules Verne, otro escritor para el populacho) que me leí de ahí hasta Morelia.

    Dicho lo cuál, como a tí, me parece lamentabilísimo el término peyorativo con el que se refiere en ocasiones a escritores populares como “de aeropuerto”. En el fondo tiene que ver con esa inacabable discusión sobre lo que se le llama literatura “mayor” y “menor” o “Los grandes temas de la literatura”. Clasificación obtusa mediante la cual géneros completos y venerables como la ciencia ficción y/o el policiaco quedan relegados como géneros “menores” ¡Rrrr!

  10. Bef Says:

    Pato: ¿Una fogata en el avión? Wow.

    Alejandra: Me da gusto saber que aún hay librerías en las centrales camioneras. Aunque al subir a un autobús o avión nunca falta un lector del TVyNovelas, Örale y anexas.

    Wenperla: Sí, efectivamente la lectura es un lujo. Y estoy de acuerdo contigo, lo malo no es dónde se vendan los libros, sino lo que contienen. Saludos.

    Leo: Nunca será denigrante ser lector. De lo que sea. Y la verdad, quienes usan ese término de escritor como aeropuerto suelen hacerlo para disimular su envidia.

    Mario: Saludos.

    Ernesto:Efectivamente, hay una Educal en el aeropuerto. Y bastante bien surtida, por cierto, Saludos del Benito Juárez a Heathrow.

    Santiago: Saludos, te extrañamos, viejo.

    Adriano: Ese es el problema, la línea artificial entre la alta y la baja cultura. Absurdo.

  11. camila Says:

    Yo creo que no puede existir lo uno sin lo otro. Si nos ponemos a analizar, no hay grandes libros sin los libros basura. Y que sería de los libros basura si no existieran los “grandes” libros?
    Para mi, la literatura basura le pone sazón al mercado literario :)

Leave a Reply