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Mudanzas

Lo primero es acostumbrarte al nuevo espacio. Ver tus mismas cosas en una nueva disposición confirma que el universo se transforma para permanecer igual.

Abrir los ojos y por un segundo preguntarte en dónde diablos estás sólo para comprobrar que es en casa. En tu nueva casa.

Familiarizarte con los nuevos sonidos que vienen de la calle. Cada calle parece tener su propia personalidad. Producen sus propios ruidos, muy diferentes unos de otros. Tlalpan suena diferente que el Periférico. El Viaducto que el Circuito Interior.

Gutemberg es más ruidosa que Herodoto. Sólo un poco.

Hacer el recuento de aquellas cosas que perdiste en la mudanza. Casi como una ley de Murphy, sabes de antemano que hay cosas que empacas de un lado que no aparecerán del otro. Yo, por ejemplo, no encuentro mis chanclas Crocs. Ni una foto que me tomé con Rebeca en casa de mis suegros.

A cambio, aparecen cosas que recordabas tener en algún lado. Objetos que fueron tragados por la entropía de tu viejo hogar. Un cuaderno que dabas por perdido. Libros que recordabas tener en algún lado. Ropa que no te has puesto en años.

Lo más extraño, caminar por el viejo departamento cuando ya está vacío. Aquel lugar donde te protegiste del frío y la lluvia se convirtió en un cascarón vacío. Las paredes desnudas me hacen pensar en nuestra fragilidad. Estás aquí un día para desaparecer al siguiente. Como los dinosaurios. Como las promesas de amor eterno de la secundaria.

Estoy feliz en el nuevo departamento. Me parece más acogedor. Me gusta tener un balcón circular desde el que veo pasar los autos que circulan por dos puentes. No puedo evitar pensar con cierta altanería que mientras ellos van en su coche, yo ya estoy en casa. En nuestra nueva casa.

Ahora sólo me falta encontrar, como decía Denny O’Neill, la tiendita local donde vendan mi marca favorita de panecillos integrales.

Aunque nos mudamos tan cerca que creo que seguiremos yendo al mismo Superama…

10 Responses to “Mudanzas”

  1. Manuel Conde Says:

    Pues aunque nunca conocí tu antiguo hogar, me encantaría algún día conocer el nuevo.

    ¡Felicidades y saludos!

    Manuel Conde

  2. El Pipiripau Says:

    Pues que sigan las felicitaciones… suena muy bien lo de tu balcón… ya tendrás que hacer una reunión para la inauguración y nos enseñas la fotos… jejeje

    Saludos!!!

  3. BFJ Says:

    EXCELENTE REFLEXIÓN, MUESTRA SENSIBILIDAD DECONOCIDA PARA MI… UN ABRAZO.

  4. Alfredo Gabriel Says:

    Excelente texto, felicidades.

  5. Alfredo Gabriel Says:

    Odio las mudanzas, en mi vida he tenido que mudarme muchas veces y estoy en vísperas de una más, que incluirá ciudad.

    Te aseguro que tu texto me hará más llevadero el fastidio, así que muchas gracias.

  6. krizallidha Says:

    Me recordó unas fotos que vi una vez, las busqué y aquí están.

    http://www.palabrasmalditas.net/portada/content/view/821/18/

    Saludos BEF

  7. Santiago Says:

    Ver esos espacios vacíos que tienen tantas memorias impregnadas hacen que el corazón les tome una Polaroid que te llevas contigo.

    Es una sensación agridulce (y sin galleta de la suerte), pero que al final del día la vida tiene comienzos y finales; uno nace y uno muere, uno se enamora y uno se desenamora, uno es contratado y uno renuncia, es el vaivén que va y viene como si fuera la marea de la vida, pero siempre tienen que existir finales para que algo nuevo comience…

  8. Willy Camacho Says:

    Odio mudarme. No sólo por las desventajas que mencionaste, sino también porque uno tarda mucho en adquirir la noción de “pertenencia”. Es importante pertenecer a algo (un país, un equipo de fútbol, una vecindad, una ciudad, etc.), pero, sobre todo, es importante saber que uno es pertenencia; es como que te sientes acogido, deseable, en fin, ciudadano (en términos burocráticos). “El es mi hombre”, dice tu mujer, y tú no lo niegas, no reclamas el derecho a la libertad, no dices: “Yo no soy tuyo, ni de nadie. Yo soy libre como el viento, como las olas del mar que van donde quieren…”. Y no lo haces porque sabes que no es cierto, porque el viento no es libre de elegir hacia donde sopla y las olas del mar revientan las rocas que el azar les depara reventar. Y así como tu mujer es tu “Ítaca”, algo similar ocurre con tu espacio, con tu pequeño reino, con esos cuantos metros cuadrados que te permiten sentirte dueño de algo, precisamente, porque no hay nada más de lo que uno pueda sentirse dueño, ya que, lamentablemente (o afortunadamente, dependiendo la perspectiva), todos somos sujetos del azar. Sin embargo, más allá de la cuestión propietaria, está el hecho de que, con el tiempo, nuestro espacio comienza a habitarnos y dejamos de ser su habitantes para convertirnos en sus caseros. Y lograr esa relación de mutua dependencia con lo tangible, por lo menos en mi caso, demanda mucho tiempo; por eso odio mudarme; por eso nunca lo he hecho, de modo que todo lo expresado antes sólo es una reflexión ficcional, un “dejavu del futuro”, como diría Fito Paez.
    Pero bueno, en tu caso, creo que la cosa será más sencilla, ya que me parece que tiene un carácter que te permite adaptarte a los cambios y/o las cosas nuevas, por más desagradables que sean. Y esta hipótesis la baso en mi experiencia, pues no sólo pudiste soportarme como compañero de habitación, sino que (llevando al límite la tolerancia) te convertiste en un padre. En fin, más allá de toda esa reminiscencia melancólica, quiero mandarte un gran abrazo, desde aquí, desde estos 3600 metros de altura, con un vaso de ron en la mano (se nota, ¿verdad?) y la dicha de haber descubierto este espacio virtual en el que puedo leerte y encontrarte.

    Querido Bef (¡papá!), estaré visitando este blog constantemente para compartir contigo todo aquello que no es importante decir…

  9. Bef Says:

    Manuel: Pues estás invitado desde ya. SAludos.

    Pipiripau: Ya lo haremos. Un saludo.

    BFJ: No creo que te sea tan desconocida.

    Alfredo Gabriel: Pues suerte en tu mudanza.

    krizallidha: Gracias por compartirnos las fotos. Muchos saludos.

    Santiago: Ya me dirás tú, que hasta te cambiaste de país. ¿Te han llegado mis mails?

    Willy: ¡Hijo mío! Qué gusto verte por acá. Para quienes no lo conozcan, Willy es uno de los mejores cuentistas bolivianos jóvenes. Prueba de ello fue su asistencia al encuentro de escritores jóvenes de La Habana, la pasada primavera, donde compartimos cuarto de hotel y montón de experiencias lindas.

    Un abrazo, hermano, y recuerda que ésta es tu casa.

  10. Adrian Rubio Says:

    Hola Bef, pues hablemos de mudanzas.

    Adrián

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