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Archive for Agosto, 2008

GROAR en Colima

Jueves, Agosto 28th, 2008

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Velozmente les aviso que mañana viernes 29 estaré presentando mi libro infantil GROAR en el marco de la Feria del libro Infantil y Juvenil de Colima.

La cita es en el pasillo central de Plaza Zentralia (3er. Anillo Periférico # 301, Col. Valle Dorado en Colima, Col.) a las 18:00 horas.

Saludos…

Dos libros dos

Martes, Agosto 26th, 2008

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Suelo desconfiar del Premio Alfaguara de novela, sin embargo el ganador de este año no sólo me parece merecidísimo sino que además me ha soprendido agradablemente.

Se trata de la novela Chiquita, escrita por Antonio Orlando Rodríguez, cubano residente en los Estados Unidos autor de varios libros infantiles y juveniles, entre otras obras (ya desde ahí me fue cayendo bien).

Chiquita es la biografía novelada de Espiridiona Cenda, enana orginaria en Matanzas, Cuba, que apenas medía 26 pulgadas, poco más de sesenta centímetros. Y si bien se basa en personajes reales y hechos documentados (la mayoría de ellos), Chiquita es la evolución lógica que el realismo mágico latinoamericano debió haber seguido.

Me explico: desde el principio el autor adivierte que estamos a punto de sumergirnos en una historia extraña, a través de la voz de Cándido Olazábal, presunto amanuense de Chiquita quien toma el dictado de las memorias de ésta en los lejanos años 30 en los Estados Unidos sólo para hacer depositario al propio Antonio Orlando del original, sesenta años después, en la Cuba del Período Especial.
La vida de esta artista de vodevil que triunfó en los escenarios norteamericanos y europeos de fines del siglo XIX y principios del XX sirven al autor como pretexto para adentrarse en aquella era de las maravillas, repleta de inventos y descubrimientos deslumbrantes que enmarcaron una serie de turbulentos conflictos armados, especialmente la guerra de independencia cubana.

Pero lo más asombroso es la propia biografía de esta peculiar mujer, que por momentos va de lo tierno a lo esperpéntico. Hecha de luces y sombras, acompañada siempre de Rústica, su fiel criada negra, Chiquita transita por las poco más de 500 páginas de la novela como una pop star decimonónica, que lo mismo departía con la nobleza europea y el presidente gringo en turno que con personajes como Sarha Bernhardt o Buffalo Bill.

Lo delicioso de la historia, sin embargo, quizá resida en la ambigüedad con que el autor maliciosamente desenreda la trama, aportando datos documentales en los pasajes más extravagantes y dejando volar su imaginación cuando la reseca realidad parece tomar el control.

Si bien me parece que peca de tener un final un poco precipitado, las 518 páginas del libro se van como agua, demostrando que un personaje tan peculiar como Espiridiona Cenda y las circunstancias que rodearon su vida siguen seduciendo al público sesenta años después de su muerte en los Estados Unidos.

Un libro entrañable, que vale la pena leer con calma, paladeando cada capítulo como un buen ron cubano. Sin duda estamos ante un autor que habrá de darnos grandes historias en el futuro.

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Por otro lado, mi tocayo y colega Bernardo Esquinca acaba de publicar el libro de cuentos Los niños de paja, en Almadía.

Esquinca es un raro entre los escritores de mi generación. Declarado adorador de autores como J.G. Ballard y Stephen King, no esconde la influencia de éstos a lo largo de los 9 cuentos que conforman este volumen. Sus historias se adentran sin miedo en los agrestes terrenos de los subgéneros con bastante éxito.

Por las páginas de Los niños de paja desfilan personajes estrambóticos y situaciones extremas. Lo mismo una médium gorda que un entomólogo forense, un grupo de matrimonios aburridos que harán lo que sea (y quiero decir lo que sea) para divertirse un poco que una colonia de gringos afincada en México que ofrece sacrificios a Tezcatlipoca.

Quizá el gran hallazgo de estas historias sea la frescura con que están contadas. Bernardo arremete contra el teclado sin ningún prejuicio, con la sola intención de escribir un buen cuento. En no pocas de ellas el autor parece apostar más a crear una atmósfera profundamente inquietante que a narrar un cuento convencional.

El cuento que da título a la colección, acaso un franco homenaje a los Children of the Corn de Stephen King es una extraña noveleta en la tradición de los llamados “pueblitos extraños”, tan poco visitados por nuestras letras, y en el que el autor plantea una extraña comunidad donde niños y viejos entablan una guerra feroz con una extraña entidad del lado de los jóvenes.

Un buen libro de cuentos, quizá doblemente bueno por su compacta brevedad, Los niños de paja habrá de ponerle los pelos de punta a más de algún lector.

Leyendo en este momento: No Country for Old Men, de Cormac McCarthy, The Poincaré Conjecture, de Donal O’Shea y Pieza única, de Milorad Pavic. Ya les contaré…

Desde algún lugar del desierto de Coahuila…

Lunes, Agosto 18th, 2008

,,,les dejo dos anuncios dos.

El primero es la presentación del libro de cuentos Bosque dorado teñido de sangre, de mi amiga Eugenia Robleda. Será este miércoles 20 de agosto en el centro cultural Donceles 66 a las 19:00. Presentamos la autora, Alberto Chimal y yo. Modera Antonio Barquet.

La segunda es al día siguiente, jueves 21 de agosto, la presentación de mi novela para adolescentes El ladrón de sueños, a las 19:00 horas en el lobby del Hostal Virreyes, sito en Izazaga # 8 casi esquina con el Eje Central, en el Centro. Me acompaña mi admirado colega Jaime Alfonso Sandoval, Patricio Betteo que hizo las magníficas ilustraciones y mi editor en Almadía, Carlos Sánchez.

Por allá los espero.

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Veinte evocaciones (à la Bruce Sterling)

Domingo, Agosto 10th, 2008

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1

El futuro está aquí. El año 2000 es el pasado. Nuestros viejos sueños se hicieron obsoletos. El futuro ya no es lo que fue.
2

¿Queda algo por soñar? En 1875, el director de la oficina de patentes de los Estados Unidos presentó su renuncia. Decía que no quedaba nada por inventar. ¿Estarán igual de equivocados los que proclaman la muerte de la ciencia ficción?

3

Dice mi amigo Gerardo Sifuentes, y dice bien, que “cualquier especulación que se haga en base a la tecnología actual palidece con los resultados que vivimos diariamente, basta con echarle un ojo a las noticias.” En un mundo donde las misiones espaciales de la NASA no tienen ningún interés para la mayoría de la gente, los narradores de lo fantástico tenemos que buscar nuestras historias en otro lado que no sea la tecnofilia.

4

Asimov, Clarke, Heinlein… Nombres de viejos autores que pronto serán como los de las estrellas de Hollywood de los 30. Este medio necesita nuevos narradores. Pero ante un mercado editorial apático, de bajas ventas, quizá sea más difícil dar con ellos. Agradezcamos la existencia de blogs y websites. Agradezcamos la oportunidad de bajar novelas enteras y leerlas en nuevos formatos. Hay gente allá afuera escribiendo buenas historias.

5

Despúes de todo, ni Heinlein ni Clarke ni Asimov eran tan buenos escritores. A cambio me quedo con Bradbury, Philip K. Dick y Stanislaw Lem.Y con todo aquel que cincuenta años después logre sorprendernos aunque en sus historias aparezcan robots con bulbos (no hay muchos escritores de éstos, todo hay que decirlo).

6

Si leer a Isaac Asimov hoy en día es como escuchar un disco de jazz de los 50, ¿qué autores son el equivalente a oir un CD de Radiohead? ¿Y uno de Café Tacvba?

7

Las historias no se terminan. No en un entorno crecientemente tecnificado, en una sociedad cada vez más dependiente de la ciencia y sus aplicaciones. Hagamos a un lado al techno-thriller y pongamos sobre la mesa la discusión: ¿Cómo nos están afectando las nuevas tecnologías? ¿De qué manera se modifica la sociedad a la luz de este entorno tecnológico en el que, entre otras cosas, la brecha entre ricos y pobres se ensancha?

8

Si por literatura entiendo la posibilidad de decir cosas importantes sobre la existencia humana a través de elaboraciones ficticias (como un cuento o una novela por ejemplo), entonces cada vez habrá más vehículos narrativos para contar estas historias. Afortunadamente esto no se limita a las páginas impresas de los libros. Por si alguien no lo sabe, también existe la posibilidad de que haya literatura en los videojuegos, en los cómics, en los websites y hasta en los mensajes de texto de un teléfono celular. Hay que ser muy receptivos para encontrar estas nuevas formas narrativas. Y escuchar las historias que tienen que ofrecernos. Y contar las nuestras con estas herramientas. (Ojo, ludistas, no digo que abandonemos las narrativas tradicionales, más bien invito a enriquecerlas).

9

¿Que el género está muerto? Mentira. ¿Qué si no ciencia ficción son la última cinta de Indiana Jones, la última de Batman, Hanckock, Wall*e y Hellboy 2, por citar algunas de las películas más exitosas de este año? La ciencia ficción no sólo vive, además de ello es buen negocio.

10

Ah, ¿Usted se refiere a la ciencia ficción tradicional, escrita, a las viejas novelas de Larry Niven y Frank Herbert, por ejemplo? Qué puedo decir, el entorno editorial es un ecosistema competidísimo. No todas las especies sobreviven. Ahí están los westerns, por ejemplo. ¿Alguien sigue escribiendo novelas del viejo oeste? La respuesta es , hay un mercado de novelas de vaqueros. No es lo que fue hace 50 años. Ya el Llanero Solitario no es el héroe de los niños. Pero siguen exisitiendo. Fue un género que siguió los pasos de los dinosaurios y los coches de 8 cilindros. Los primeros evolucionaron en aves. Los segundos se convirtieron en compactos de 4 cilindros. ¿En qué evolucionará la CF? Me muero por saberlo.
11

Coincido con Robert J. Sawyer cuando dice (citando a Joe Haldeman) que Star Wars es lo peor que le pudo pasar a la ciencia ficción. Desde entonces ha sido vista como entretenimiento masivo para adolescentes, sin capacidad de reflexión profunda. A cambio, quizá es de lo mejor que le pudo pasar al cine.

12

¿No será que es una necedad el escribir novelas de ciencia ficción? ¿El buscar libros de ciencia ficción? ¿El leer ciencia ficción? Es un poco como los cómics de superhéroes: el que sólo lee eso se está perdiendo de cosas muy interesantes que hay fuera de su coto de caza. Pienso en los que sólo oyen heavy metal y nada más. O punk rock. O cumbia. O música clásica. Charles Baudelaire, Jorge Ibagüengoitia, Truman Capote y Sylvia Plath, por ejemplo, no escribieron una sola palabra que pueda considerarse ciencia ficción. Sería lamentable nunca leerlos por esa razón.

13

Se ha dado en llamar slipstream (término acuñado por Bruce Sterling) a aquellas piezas literarias que brincan del subgénero a la literatura seria (lo que quiera que eso signifique). O al revés. Autores que han escrito novelas de este tipo son tan diversos como Carlos Fuentes, Michel Houllebecq, Cormac McCarthy, J.G. Ballard, Kurt Vonnegut, Julio Cortázar, Leopoldo Lugones, Joyce Carol Oates, Margarte Atwood, José Saramago, Doris Lessing, Juan José Arreola y hasta Amado Nervo, entre muchos otros, sin perder un ápice de credibilidad. Mmm, empiezo a sospechar que lo que tenemos aquí es un problema de etiquetas, de clasificación de anaqueles más que de contenidos.

14

Me gusta escribir sobre robots y naves espaciales porque me gustan como metáforas de lo humano. Creo que ése es un derecho inalienable de cada narrador. Me gustan los policías y ladrones y he escrito una novela negra y estoy trabajando en otra nueva. Si me gustaran los calabozos y dragones a lo mejor escribiría una novela de fantasy. Todas estas imágenes son herramientas para contar historias. Una historia del llamado realismo sucio, por ejmplo, no es per se mejor que una de dragones. Lo que las hacen buenas (o malas, pésimas) son su capacidad para decirnos cosas profundas sobre quiénes somos.

15

¿Y porqué no combinar el realismo sucio y los dragones si al autor le viene en gana?

16

La literatura fantástica va a la alta. A los lectores les gustan las espadas y los hechiceros y los vampiros y los dragones. La ciencia ficción, se dice, va a la baja, menos en el mercado juvenil (como nos dice Cory Doctorow en su columna mensual de la revista Locus. Lo siento, no hay traducción). Síntomas interesantes.

17

Durante casi 200 años (desde 1818) aquello que ahora llamamos ciencia ficción nos ha dicho cosas importantes sobre nosotros mismos. Nos conmovimos con la invasión marciana de H.G. Wells y con los sufrimientos del ciudadano Winston Smith. Con la microsociedad de los niños del Señor de las Moscas y las peripecias de Case en Chiba City. Nos horrorizamos con los dinosaurios clonados del Parque Jurásico y una y otra vez nos hicimos la misma pregunta: ¿qué le estamos haciendo al mundo con nuestras máquinas? La pregunta es más pertinente que nunca, con todos sus matices y derivaciones.

18

Como bien acotó Alberto Chimal, quedan muchas historias por contar. Muchos futuros por explorar. Muchas distopías que revertir y muchos sueños por cristalizar. Si de algo ha servido este género durante los dos últimos siglos ha sido para renovar nuestra capacidad de asombro, que anda de capa muy caída. La consigna “Seamos realistas, pidamos lo imposible” cobra un nuevo sentido en el contexto de la creación y lectura de la ciencia ficción.

19

Si la etiqueta bajo la que nos refugiamos desde que en 1926 Hugo Gernsback acuñara el término de ciencia ficción se desgastó, ello no implica que la glándula de los sueños se nos haya resecado. Imaginemos, imaginemos, dice mi amiga Rax. Ya los gerentes de mercadotecnia se encargarán de encontrarle un nuevo nombre. O no. Es lo de menos.

20

“Cualquiera pudo predecir la invención del automóvil”, nos dice Barry N. Malzberg, “pero sólo un escritor de ciencia ficción pudo predecir los embotellamientos.” Y es que estoy convencido de que si el estado totalitario que vislumbraba Orwell en 1984 no existió nunca se debió, en parte, a la propia existencia del libro. Visto así, la ciencia ficción tiene alcances sociales importantes. El futuro no será de nadie. Pero alguien tendrá que soñarlo.

La realidad

Miercoles, Agosto 6th, 2008

Van dos veces que escribo esta entrada y que la borro.

Es difícil escribir sobre literatura fantástica y cómic cuando la realidad es tan dolorosa. Por eso, antes de proseguir con el tema que me compete, denme unas 24 horas, dejo un poema de Boris Vian dedicado a los jovencitos (Fernando Martí, los chicos del News Divine) que se han tenido que ir antes de tiempo, antes de conocer a las arañas de plata en sus nidos de burbujas.

NO QUERRÍA MORIR

No querría morir
Antes de haber conocido
Los perros negros de México
Que sueñan sin dormir
Y los monos de desnudo trasero
Hambrientos en los trópicos
Y las arañas de plata
En sus nidos de burbujas
No querría morir
Sin saber si la luna
Con su falso aire de tuna
Tiene un lado picudo
Y si el sol es frío
Y si las cuatro estaciones
Son realmente cuatro
Y sin haber probado
A salir con un vestido
A arbolados paseos
Y sin haber mirado
Por el ojo de una alcantarilla
Y sin haberme puesto un vestido
En rinconcetes raros
No querría acabar
Sin conocer la lepra
O las siete enfermedades
Que se cojen allá abajo
Y lo bueno y lo malo
Me darían igual
Si si si supiera
Que tendría aguinaldo
Y también existe
Todo lo que conozco
Todo lo que aprecio
Y que sé que me gusta
El fondo verde del mar
Donde bailan los tallos de alga
Sobre la arena ondulada
Y la hierba tostada de junio
La tierra que se agrieta
El olor de los pinos
Y los besos de ella
Que esto que lo otro
Qué guapa que allí está
Mi querida Ursula
No querría morir
Antes de haber usado
Su boca con mi boca
Su cuerpo con mis manos
Con mis ojos el resto
Y ya no digo es preciso
estar muy respetuoso
No querría morir
Sin que sean inventadas
Las rosas eternas
La jornada de dos horas
El mar en la montaña
La montaña en el mar
El fin del dolor
Los diarios en color
Los niños bien contentos
Y tantas cosas más
Que duermen en los cráneos
De ingenieros geniales
De jardineros joviales
De sesudos socialistas
De urbanos urbanistas
Y de pensativos pensadores
Tantas cosas que ver
A ver y a entender
Tanto tiempo esperar
Y en lo oscuro buscar

Y yo que veo el fin
Que gruñe y que se acerca
Con su gesto torcido
Y que me abre sus brazos
De rana patituerta

No querría morir
No señor no señora
Antes de haber tocado
El gusto que me atormenta
El gusto que es el más fuerte
Antes de haber gustado
De la muerte el sabor…

(Gracias a Sebastien Rutés).