Inicio Registro

Dos libros dos

6431.jpg
Suelo desconfiar del Premio Alfaguara de novela, sin embargo el ganador de este año no sólo me parece merecidísimo sino que además me ha soprendido agradablemente.

Se trata de la novela Chiquita, escrita por Antonio Orlando Rodríguez, cubano residente en los Estados Unidos autor de varios libros infantiles y juveniles, entre otras obras (ya desde ahí me fue cayendo bien).

Chiquita es la biografía novelada de Espiridiona Cenda, enana orginaria en Matanzas, Cuba, que apenas medía 26 pulgadas, poco más de sesenta centímetros. Y si bien se basa en personajes reales y hechos documentados (la mayoría de ellos), Chiquita es la evolución lógica que el realismo mágico latinoamericano debió haber seguido.

Me explico: desde el principio el autor adivierte que estamos a punto de sumergirnos en una historia extraña, a través de la voz de Cándido Olazábal, presunto amanuense de Chiquita quien toma el dictado de las memorias de ésta en los lejanos años 30 en los Estados Unidos sólo para hacer depositario al propio Antonio Orlando del original, sesenta años después, en la Cuba del Período Especial.
La vida de esta artista de vodevil que triunfó en los escenarios norteamericanos y europeos de fines del siglo XIX y principios del XX sirven al autor como pretexto para adentrarse en aquella era de las maravillas, repleta de inventos y descubrimientos deslumbrantes que enmarcaron una serie de turbulentos conflictos armados, especialmente la guerra de independencia cubana.

Pero lo más asombroso es la propia biografía de esta peculiar mujer, que por momentos va de lo tierno a lo esperpéntico. Hecha de luces y sombras, acompañada siempre de Rústica, su fiel criada negra, Chiquita transita por las poco más de 500 páginas de la novela como una pop star decimonónica, que lo mismo departía con la nobleza europea y el presidente gringo en turno que con personajes como Sarha Bernhardt o Buffalo Bill.

Lo delicioso de la historia, sin embargo, quizá resida en la ambigüedad con que el autor maliciosamente desenreda la trama, aportando datos documentales en los pasajes más extravagantes y dejando volar su imaginación cuando la reseca realidad parece tomar el control.

Si bien me parece que peca de tener un final un poco precipitado, las 518 páginas del libro se van como agua, demostrando que un personaje tan peculiar como Espiridiona Cenda y las circunstancias que rodearon su vida siguen seduciendo al público sesenta años después de su muerte en los Estados Unidos.

Un libro entrañable, que vale la pena leer con calma, paladeando cada capítulo como un buen ron cubano. Sin duda estamos ante un autor que habrá de darnos grandes historias en el futuro.

tapaninos.jpg

Por otro lado, mi tocayo y colega Bernardo Esquinca acaba de publicar el libro de cuentos Los niños de paja, en Almadía.

Esquinca es un raro entre los escritores de mi generación. Declarado adorador de autores como J.G. Ballard y Stephen King, no esconde la influencia de éstos a lo largo de los 9 cuentos que conforman este volumen. Sus historias se adentran sin miedo en los agrestes terrenos de los subgéneros con bastante éxito.

Por las páginas de Los niños de paja desfilan personajes estrambóticos y situaciones extremas. Lo mismo una médium gorda que un entomólogo forense, un grupo de matrimonios aburridos que harán lo que sea (y quiero decir lo que sea) para divertirse un poco que una colonia de gringos afincada en México que ofrece sacrificios a Tezcatlipoca.

Quizá el gran hallazgo de estas historias sea la frescura con que están contadas. Bernardo arremete contra el teclado sin ningún prejuicio, con la sola intención de escribir un buen cuento. En no pocas de ellas el autor parece apostar más a crear una atmósfera profundamente inquietante que a narrar un cuento convencional.

El cuento que da título a la colección, acaso un franco homenaje a los Children of the Corn de Stephen King es una extraña noveleta en la tradición de los llamados “pueblitos extraños”, tan poco visitados por nuestras letras, y en el que el autor plantea una extraña comunidad donde niños y viejos entablan una guerra feroz con una extraña entidad del lado de los jóvenes.

Un buen libro de cuentos, quizá doblemente bueno por su compacta brevedad, Los niños de paja habrá de ponerle los pelos de punta a más de algún lector.

Leyendo en este momento: No Country for Old Men, de Cormac McCarthy, The Poincaré Conjecture, de Donal O’Shea y Pieza única, de Milorad Pavic. Ya les contaré…

7 Responses to “Dos libros dos”

  1. thalia Says:

    buenisimo post, dos libros mas para mi larga lista de cosas que leer. saludos.

  2. Albeiro Says:

    Excelente novela Chiquita. Uno de los libros más deliciosos de este año. Si em otras ocasiones el premio Alfaguara ha fallado, esta vez dio en la diana. A mí el final no me pareció precipitado. Creo que es fiel al estilo en que se va desgranando la historia. En cualquier caso, felicidades por la nota, que es una estupenda invitación a leer una magnífica novela.

  3. Mario Says:

    Sin duda alguna los compraré en estos días. Gracias.

  4. fuzoo Says:

    Sabes, hasta ahora me cae el veinte que el nombre de este blog es el del fanzine que nunca hicimos. Recuerdo que me basè en la peli Motorama, churro noventero y bizarro. Chido Bef, saludos desde algùn lugar de mi drogada cabeza a la que le hace falta airearse. OFZ

    p.d. Me gusta la poesìa de Esquinca, habrà que segur leyendo.

  5. Nefesh Bleu Says:

    ya tenía la espinita de adquirir o no Chiquitita… jajaja… gracias por disipar la duda… ya sé con qué consentirme cuando ande con algunos pesos extra en el bolsillo o con algunas deudas menos en la tarjeta de crédito. Saludos.

  6. Rax Says:

    Yo enloquecí con “Pieza única”. Me encantó. La imaginación del autor, su elegancia, su sentido raro del humor.
    Ya nos dirás :)

    Abrazo

  7. Catalina Says:

    Estoy de acuerdo, CHIQUITA es una delicia de libro, una joyita que vale la pena disfrutar. Pienso que este libro que prestigia al premio Alfaguara, donde han ganado otros de menos vuelo. Lo leí después de unas vacaciones en Cuba y me arrepiento de no haber visitado Matanzas, una ciudad que queda en el camino hacia la playa de Varadero. En Matanzas nació Chiquita y transcurre la primera parte de la histolria. !Quizás ese sea un buen pretexto para volver a Cuba!

Leave a Reply