
Sobre Guiichi, de Edgar Omar Avilés
Debo pedir disculpas de antemano por iniciar al estilo de nuestros políticos, haciendo una delcaración oficial, pero me parece que el caso lo amerita: Edgar Omar Avilés es el escritor más raro de la literatura mexicana.
(Abro un discreto paréntesis para aclarar que este adjetivo no tiene ninguna connotación peyorativa, al contrario.)
No quiero que piensen que hago uso de esta palabra de manera irresponsable, como hace algún tiempo se hizo con el término “de culto”, ni que por raro intento lanzarlo al casillero donde hemos puesto a autores como el multinombrado Francisco Tario, santo patrón de los raros en nuestro panteón literario, invocado cada que la rareza asoma su extraña cara, ni el menos conocido pero no por ello más convencional Pedro Miret.
Cuando digo que Edgar Omar y el libro que hoy presentamos, Guiichi, son raros, pienso más bien en R.A. Lafferty o Joe R. Lansdale. Autores sajones de literatura fantástica tan extraños que sus obras casi son una clasificación por sí mismas. como nuestro propio amigo.
Y es que no temo equivocarme si afirmo que Avilés, como escribiera hace poco Bernardo Esquinca, es más cercano a la cultura pop y una serie de influencias extranjeras que a Arreola o los antecitados Tario y Miret. Lo cual me parece magnífico.
Ya el año pasado nuestro autor abrió fuego con La noche es luz de un sol negro, un volumen de cuentos tan espléndidos como inclasificables, como no sea en el generoso estante de la literatura fantástica. Pero ahora Edgar Omar nos asesta un golpe maestro.
Me explico: estamos ante una novela que desde el título se anuncia inusual. El personaje que da nombre a esta narración aparece en cinco rencarnaciones distintas en otros tantos escenarios arrancados al pasado e imaginados en el futuro. Así, descubrimos que nuestro protagonista ha sido, entre otras cosas, el hijo zombi de una poderosa bruja vudú, un mago español dedicado a revivir muertos ante públicos llenos de morbo, un sobreviviente de la guerra entre robots, humanos y cyborgs y hasta el zar de un imperio ruso habitado por seres hechos de papel. ¿Suena extraño? Es sólo el principio.
Con una prosa de limpieza impecable, el autor plantea estos universos paralelos en lo que parece al principio una novela normal (todo lo normal que puede ser una trama como ñesta) hasta que un revés de la historia parece desgarrar una de las paredes del decorado sólo para que lector sea capaz de atisbar un complicado mecanismo de relojería que subyace detrás de lo que lee, más propio de un rompecabezas, en el que la misma estructura de la novela se sacude y retuerce para convertirse en un personaje más (y no cuento más pues cualquier detalle que revele puede echar a perder la sorpresa que espera al lector dentro de estas páginas de aspecto inocente).
Guiichi es un libro juguete en el más amplio sentido del término. Casi un libro objeto, rebosante de sorpresas, resortes y huevos de Pascua que esperan al lector en prácticamente cada página para saltarle a la cara y sorprenderlo en una lectura que no puede ser si no frenética hacia el sorprendente final, lejano de cualquier cliché que un género tan difícil como el horror pueda tener.
(Abro un paréntesis para celebrar que Editorial Progreso lance la colección de Piel de Gallina, dedicada a lo que últimamente se ha dado en llamar fantasía oscura. Sin embargo me parece importante aclarar que Guiichi no es horror ni ciencia ficción. Simplemente es… Guiichi).
Por si a alguien le queda duda: los lectores adolescentes (a) Ya se cansaron de que los traten como idiotas (b) Ya se leyeron todos los libros de Harry Potter y el Señor de los Anillos —o están por hacerlo— (c) No tienen el interés de leer cosas educativas y (d) Están buscando libros interesantes. Como Guiichi.
Por lo anterior quiero aprovechar para reconocer también la labor editorial que Ariel Hernández ha tenido en la construcción de este libro juguete. Sorprende que una editorial católica, nada menos que los editores de la gramática de Emilio Marín y los textos de matemáticas de Anfossi y Flores Méyer, se anime a publicar un libro rebozante de zombis, adolescentes mutilados, brujería vudú y soldados nazis. Ello sólo habla de la certera visión de Ariel al contratar un libro que, de seguir los estrechos criterios de la mayoría de las editoriales de literatura juvenil, seguramente hubiera sido rechazado.
Imposible seguir hablando de esta breve novela con el entusiasmo que me despertó como lector sin traicionar la trama. Ya me fui de boca y revelé lo de los nazis. Me limitaré a felicitar a nuestro autor, quien poco a poco transita del incómodo status de joven promesa al de narrador profesional, y al visionario editor, que han logrado unir esfuerzos para entregarnos esta, reitero, rarísima novela que merece encontrar a cientos de lectores.
Corran la voz. No hay muchos libros como Guiichi.
(Guiichi, de Edgar Omar Avilés, es publicada por Editorial Progreso en su colección Piel de Gallina).