
Recientemente la revista Nexos hizo una encuesta entre escritores para saber cuáles eran, en opinión de los convocados, las mejores novelas mexicanas de los últimos años.
La lista desde luego resultó controversial y fue ampliamente discutida, rebatida y comentada en su momento. Como este es el blog que nunca está al dÃa, ahora me permito retomar el tema como pretexto para hablar de mi escritor mexicano favorito de todos los tiempos.
Ibargüengoitia nació en 1928 y murió en un accidente aéreo en 1983 (casi vivió los mismos años que Philip K. Dick, que murió un año antes; seguramente ninguno de los dos oyó nunca hablar del otro).
Deformado por los hermanos maristas, como consta en varios de sus cuentos, Don Jorge dejó la carrera de ingenierÃa para estudiar letras, con la idea de dedicarse al teatro.
Quiso la vida que la dramaturgia le negara el reconocimiento y el éxito. Desanimado, y mientras investigaba información sobre la muerte de Ã?lvaro Obregón para escribir su obra de teatro El atentado, le vino la idea para una novela sobre la Revolución Mexicana (asÃ, con mayúsculas).
Es cuando decide escribir Los relámpagos de agosto, novela con la que gana en 1964 el prestigioso premio Casa de las Américas.
Los relámpagos… es una de mis novelas favoritas. Me sorprende que no haya estado incluida en la famoso lista de Nexos, pero al mismo tiempo lo comprendo, la gente del mundo literario a veces es demasiado solemne (ver post anterior). Como si no hubiera lugar para el humor en nuestras letras.
El humor, disculpen el lugar común, es cosa seria. No creo exagerar al escribir que Los relámpagos… es a la novela de la Revolución lo que El Quijote a las novelas de caballerÃa.
Desmitificadora, desmadrosa y con un sentido del humor corrosivo que se deja ver desde la dedicatoria, la novela son las falsas memorias de un general revolucionario que en aras de un muy extraño sentido del honor conspira con sus compañeros de armas para dar un golpe de estado.
Ibargüengoitia da al trasto con la solemnidad épica de las novelas de la revolución (aunque he de decir que entre ellas hay varias muy buenas, especialmente las de MartÃn Luis Guzmán). Se burla de todo y de todos para en el fondo, detrás de las quemaduras provocadas por su acidez, dejarnos ver lo absurdo de la condición humana.
Debajo de este aparente humorismo, lo que hay en el autor, me parece, es un profundo amor por lo humano, una desesperación ante la inevitable estupidez de los hombres (y mujeres). Se dice que don Jorge se enojaba mucho cuando le decÃan que escribÃa humor, que alegaba que en realidad la vida era asà de absurda.
Las otras novelas de Ibargüengoitia son:
Maten al león: Sobre el atentado en una isla tropical para matar a un dictadorcillo de poca monta que trae asoleado a su diminuto paÃs (me parece que con cierta referencia velada a Papa Doc Duvalier).
Estas ruinas que ves: Una magnÃfica historia sobre un profesor universitario que llega a dar clases a una pequeña ciudad, sólo para caer de lleno entre los tejes y manejes del microuniverso del pueblito.
Las muertas: Grandiosa aproximación de Ibargüengoitia a la novela negra (Taibo II dixit), aunque sin duda no era su intención. Retomando el sonado escándalo de las Poquianchis, que estremeció al paÃs en los 60, el autor narra la absurda historia de un prostÃbulo de pueblo que poco a poco se convierte en una fosa clandestina.
Dos crÃmenes: Llevada al cine sin pena ni gloria en los 90, es la historia de un ingeniero de minas (que mucho tiene del propio autor) y su esposa que deben huir de la ciudad al verse inmiscuidos en una enredada trama criminal. Ambos se refugian en su pueblos natales, pero él habra de enredarse en las torcidas relaciones de poder y sexo de sus familiares.
Los pasos de López: Confieso que es la que menos me gusta, si bien fue la seleccionada para la lista de Nexos. Es una recreación histórica de la guerra de Independencia, en el mismo tono de Los relámpagos… Con todo, es una novela divertidÃsima.
Finalmente, su libro de cuentos La ley de Herodes (nada que ver con la pelÃcula del Perro Estrada) es una breve colección de desternillantes piezas semi autobiográficas. Me gustan especialmente “Falta de espÃritu Scout” y “La mujer que no”, pero es un libro que no tiene desperdicio (y que me tuvo en el suelo de la risa).
Ello, sin contar sus libros de teatro y piezas periodÃsticas, pero no quiero abusar del espacio.
Es curioso, pareciera que hay pocos autores similares a Ibargüengoitia en nuestras letras. Le hallo más parecido con Mark Twain o Kurt Vonnegut (en actitud, no en otra cosa) que con algún otro novelista de su generación. Pienso quizá en los españoles Enrique Jardiel Poncela y �lvaro de la Iglesia, o el mexicano Marco A. Almazán, pero ninguno de ellos tiene la estatura literaria del buen Jorge.
Dato de trivia: es uno de los autores favoritos de Salman Rushdie.
En fin. Hay que leerlo.