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Archive for the 'Leido' Category

Hora Cero en Phnom Penh

Friday, November 16th, 2007

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El problema de la novela policiaca, la hermana mayor de todos los subgéneros, es que de algún modo se espera que se escriba de acuerdo a una fórmula prestablecida.

Así, en una de sus ramificaciones más populares, la llamada P.I. o de investigadores privados, los lectores esperan encontrarse con una serie de elementos familiares, muchos de ellos popularizados por el cine: un detective duro al estilo de Humphrey Bogart, vestido con una gabardina y un sombrero de fieltro, que fuma tabaco oscuro y habla con acento de Brooklyn, con un despacho ruinoso en un barrio sórdido al que llega una dama en apuros que al agotar sus recursos, no le queda más que acudir a nuestro (anti) héroe, un individualista duro y desencantado que en el fondo tiene un gran corazón… o algo así.

Afortunadamente eso no sucede en Hora Cero en Phnom Penh, tercera novela de la serie protagonizada por el detective Vincent Calvino, primera traducida al español, escritas por el canadiense Christopher G. Moore.

Calvino, un neoyorkino mitad judío mitad italiano que vive como expatriado en Tailandia desde hace muchos años, se gana la vida como detective en las duras calles de Bangkok.

Con la ayuda de Pratt, jefe de la policía local, tailandés que cita a Shakespeare cada que la situación lo amerita y con el que lo une una amistad desde que ambos vivían en Nueva York, Calvino resuelve una serie de casos en el exótico y convulsionado escenario del sureste asiático.

En esta ocasión, Calvino es contratado por Patten, un criminal de poca monta, para que encuentra en el vecino país de Camboya a un tal Hatch, su socio en una serie de negocios apenas legales, para que le entregue un cheque por 50 mil dólares.

El primer informante al que recurre Calvino es el gordo Stuart L’Blanc, traficante canadiense de joyas y chanchullero de segunda división que pasa sus días apostando en el hipódromo de Bangkok.

Cuando Calvino encuentra al Gordo, éste niega haber visto a Hatch. El detective no le cree, pero cuando va a hacer una apuesta por un caballo recomendado por el Gordo, éste muere envenenado en las gradas del hipódromo.

A partir de este momento, el autor desgrana una historia situada en una Camboya arrasada por la guerra, ocupada por las tropas de la UNTAC que en no pocas ocasiones son tanto o más nefastas que los jemeres rojos, donde las migrantes vietnamitas se juegan la vida cada noche que salen a prostituirse para sobrevivir. Un lugar, en fin, en el que no existen certezas ni garantías.

Con un estilo de sorprendente fuerza, evitando los lugares comunes de la novela policiaca (las metáforas baratas, por ejemplo) Moore retrata el escenario aterrador de una nación desarticulada por la violencia, poblada por toda clase de criminales buscando sacar el mayor provecho posible a los restos aún humeantes de Camboya.

En su periplo por Phnom Penh, Calvino se ve inmiscuido tangencialmente en la búsqueda de unas joyas robadas a la realeza saudí por un ciudadano tailandés, se sumergirá en las redes del tráfico de armas y tendrá queveres con una doctora, voluntaria francesa de una ONG, y una periodista norteamericana.

Christopher Moore, canadiense expatriado en Tailandia es un narrador duro, sin concesiones. Hay quien ve en él una mezcla de Graham Greene con Raymond Chandler. A mí me parece que es algo más complejo.

A través de la novela, Moore hace una denuncia del caos en que viven los camboyanos, sin caer en el chantaje facilón. El propio Vincent Calvino jamás se conmueve ante los horrores que presencia. Pero se indigna.

Al final, la resolución del crimen pasará a un segundo plano. La búsqueda de Hatch por un lado y de las joyas por el otro son un pretexto para que el autor pueda pintar un fresco de la convulsa realidad vivida en la región.

Una novela dura que renueva al género al situarse en un escenario exótico, donde poco importa el asesinato de una sola persona contra el genocidio de millones.
La novela habrá de aparecer en las librerías mexicanas en diciembre, cortesía de Paidós, que con esta colección se mete de lleno en la narrattiva policiaca. Espero que los demás títulos sean tan buenos como éste.

Ojalá pronto leamos más títulos de Christopher G. Moore.

Leído, visto y oído

Monday, April 30th, 2007

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Leí: Visionary in Residence, de Bruce Sterling.
Ya he hablado en otras ocasiones de este autor. Fundador del movimiento cyberpunk, agitador cultural, viajero incansable y atento observador del mundo, me parece que Sterling es mejor cuentista que novelista. Su último libro de narraciones lo confirma.

Siempre inquieto, Sterling se mueve a través de los distintos subgéneros con no poco sentido del humor, una prosa que se ha venido refinando con los años y una magnífica extapolación sociocientíca. Las 13 historias incluidas en el volumen van desde la ciencia ficción tradicional a una bonita historia de fantasmas situada en el medio oriente, de la fábula entomológica a la fantasía histórica.

El autor demuestra que ha dejado atrás todos los clichés del cyberpunk, que se ha llevado lo mejor que esta rama de la ciencia ficción le podía dar y se adentra en nuevas aguas de la narrativa fantástica, si bien –todo hay que decirlo– con desigual fortuna.

Quizá la mejor pieza del libro sea el cuento “Junk DNA”, escrito a cuatro manos con su colega Rudy Rucker (de quien hablaré en un post futuro), junto con “Code”, una historia de amor posmoderna que hoy pasa por narrativa mainstream pero que como el propio autor señala, en los 50 le hubiera volado la cabeza a quien la leyera.

Creo que Sterling, que apenas rebasa los 50 años, se acerca a su mejor momento narrativo. Sus colecciones anteriores, Crystal Express, Globalhead y A Good Old Fashioned Future han sido progesivamente mejores, por lo que queda esperar que sus mejores historias estén aún escondidas entre las yemas de sus dedos.

Del uno al diez: un ocho plus (que es muy bueno).

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Vi: 300, de Zack Snyder
Sé que todo lo que diga de esta película no sólo ya se habrá dicho, sino que además será a destiempo.

Basada en la novela gráfica homónima de Frank Miller, uno de mis moneros favoritos, que se basaba a su vez en la historia de la batalla de las Termópilas, sólo puedo agregar algo sobre esta cinta: si no la has visto ya ni la chingas.

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Oí: La consagración de la primavera, de Igor Stravinsky
Cualquier apellido que acabe en “…insky” citado durante una conversación es señal de padantería. Me pregunto si a los eslavos les sucederá lo mismo con nuestros nombres.

Lo cierto es que el aburridísimo panorama del rock pop me terminó ahuyentando, por lo que he buscado nuevos panoramas. Ahora sólo oigo música de gente muerta (Ok, Ok, es una mala broma).

Llegué a la música contemporánea a través de Sonic Youth, que grabaron algunas piezas de John Cage. Todo está interconectado.

Stravinsky es a la música sinfónica lo que Picasso a la pintura (no es coincidencia que don Pablo haya dibujado su retrato más famoso). Y para el caso, lo que los Sex Pistols al pop.

La consagración de la primavera, recientemente interpretada por la Ofunam en la sala Nezahualcóyotl, es una obra inquietante y estridente que provocó un auténtico tumulto el día de su estreno en París, en 1913 (o sea, se armó el slam).

Casi 95 años después es una obra vigente, tan difícil de escuchar o más que el metal más frenético. Y aunque el título pudiera sugerir imágenes cursis de rosas floreciendo y pastorcitos, en realidad alude a los ritos de fertilidad de la Rusia pagana (sacrificios humanos incluidos).

Rebeca y yo escuchamos la pieza fascinados en un programa doble que incluyó el concierto para violín y orquesta de Sibelius (otro punk, abuelo musical de Apocalyptica, desde luego). Salimos fascinados.

Pedí a un amigo que me recomendara una buena grabación de la obra y me sugirió la de Herbert Von Karajan con la orquesta de Berlín. No la encontré pero di con una versión de la Sinfónica de Cleveland dirigida por Pierre Boulez (él mismo, un importante compositor).

Sé que suena rarísimo que escriba sobre esto, pero les juro que esta es música mucho más interesante que muchas de las bandas one-hit-wonder que programan en la radio (no de todas, que quede claro). Mi amigo Alcíbar Vázquez, fan de Philp Glass, estará de acuerdo.

(Otros compositores contemporáneos interesantes, casi todos vivos: Krzysztof Penderecki, Arvo Pärt, Steve Reich, György Ligeti, Henryk Górecki y nuestro Alejandro Escuer, entre muchos otros… )