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Archive for the 'Libros que hay que leer' Category

Citas citables (3): E.B. Strunk

Sunday, April 20th, 2008

“La escritura vigorosa debe ser concisa. Una frase no debería tener palabras innecesarias, un párrafo no debería tener frases innecesarias por la misma razón que un dibujo no debe tener líneas innecesarias ni una máquina piezas innecesarias. Esto no requiere que el escritor redacte sólo frases cortas, o que evite cualquier detalle y que apenas esboce lo descrito, sino que cada palabra sirva diga algo.”

De The Elements of Style (1919). Traducción e itálicas de su amable vecino.

Citas citables (2): Don DeLillo

Wednesday, April 16th, 2008

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Predicciones de los síquicos para el año entrante:

Escuadrones de OVNIs invadirán Diney World y Cabo Cañaveral. En un giro inesperado, se demostrará que el ataque era una demostración del sinsentido de la guerra, desembocando en un tratado de prohibición de pruebas nucleares entre los EEUU y Rusia.

El fantasma de Elvis será visto caminando solo por la madrugadas cerca de Graceland, su mansión musical.

Un consorcio japonés comprará el avión presidencial (Air Force One) y lo convertirá en un lujoso condominio volador con privilegios de reabasto de combustible en el aire y capacidad de disparar misiles hacia tierra.

Pie grande aparecerá dramáticamente en un campamento de las bellas montañas del noroeste de la costa del Pacífico. La velluda bestia erguida de dos metros y medio que podría ser el eslabón perdido permitirá amablemente que los turistas se junten alrededor de él, reveládose como un apóstol de la paz.

Por medios telequinéticos y con ayuda de poderosos cables con propiedades desconocidas en cualquier material terrestre, OVNIs elevarán a la superficie la ciudad perdida de la Atlántida en medio del mar Caribe, liberándola de su sepulcro acuático. El resultado será una ‘ciudad pacífica’ donde el dinero y los pasaportes son innecesarios.

El fantasma de Lyndon B. Johnson contactará a ejecutivos de la CBS para acordar una entrevista televisiva en vivo para defenderse contra las acusaciones hechas en su contra en libros publicados recientemente.

El matabeatles Mark David Chapman cambiará legalmente su nombre a John Lennon y comenzará una nueva carrera como compositor de canciones de rock desde su prisión en el pabellón de los asesinos.

Miembros de un culto a los avionazos secuestrará un jet Jumbo y lo estrellará contra la Casa Blanca en un acto de ciega devoción a su líder, únicamente conocido como el tío Bob. El presidente y la primera dama sobreviven milagrosamente con apenas unas cortadas, de acuerdo a los allegados a la pareja.

El difunto multimillonario Howard Hughes aparecerá misteriosamente sobre el cielo de Las Vegas.

Una medicina milagrosa producida en masa a bordo de los laboratorios farmacéuticos de un OVNI en el ambiente ingrávido del espacio llevará a la cura de la ansiedad, la obesidad y los cambios de humor.

Desde el más allá, el legendario John Wayne se comunicará con el presidente Reagan para ayudarle a planear la política exterior de los EEUU. Endulzado por la muerte, el robusto actor favorecerá una esperanzadora política de amor y paz.

El superasesino de los sesenta Charles Manson escapará de la prisión y aterrorizará la campiña californiana durante semanas antes de negociar una rendición transmitida en vivo por la tele en la oficinas del International Creative Management.

La luna, el único satélite natural de la Tierra estallará en pedazos una noche húmeda de julio, provocando devastadoras mareas y lluvia de fragmentos en gran parte del planeta. Pero escuadrones de limpieza OVNI evitarán un desastre planetario, indicando el inicio una era de paz y armonía.

De la novela White Noise (1985). Traducción libre de un servidor.

Philip K. Dick

Tuesday, January 22nd, 2008

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Hace poco decía mi admirado Rogelio Villarreal que los estentóreos contraculturales mexicanos había leido poco al recientemente fallecido Kurt Vonnegut.

Algo similar les sucede con Philip K. Dick (1928–1982), novelista norteamericano reconocid por propios y extraños como uno de los más importantes narradores anglosajones de la segunda mitad del siglo XX.

Stanislav Lem solía decir que Dick era el único escritor de ciencia ficción norteamericana que valía la pena leer (le llamaba “un visionario entre charlatanes”). La escritora y crítica Ursula K. Le Guin incluso llegó a decir que Dick era el Borges norteamericano.

Si bien no creo que sea para tanto (afortunadamente no creo que haya un Borges gringo ni un Capote argentino), estoy convencido de la gran calidad literaria de Dick.

Nacido en Chicago el mismo año que Carlos Fuentes, Philip Kindred Dick tuvo una hermana gemela que murió a los pocos días del alumbramiento lo cual marcó al autor para toda su vida.

Matriculado en la Universidad de California en Berkeley para estudiar alemán, el joven Dick fue un voraz lector de filosofía, así como de autores como Flaubert, Balzac, Proust, Dostoyevsky y el propio Borges, entre muchos otros.

La intención de Dick era convertirse en un literato formal. Sin embargo, no pudo vender en vida ninguna de sus novelas serias con excepción de una (Confessions of a Crap Artist). Pero tras vender en 1952 su primer cuento a una revista de ciencia ficción, el autor pareció condenar su carrera a ese ghetto que en palabras de Vonnegut “algunos críticos confunden con un urinal.”

La trayectoria de Philip en el ámbito de la ciencia ficción no fue nada desdeñable. A poco más de diez años de publicar su primer cuento la novela The Man In The High Castle, sobre la vida cotidiana en una Norteamérica en la que los nazis ganaron la segunda guerra mundial, ganó el Premio Hugo, máximo galardón en el medio cienciaficcionero. Contaba con –gulp– 35 años, la edad que yo tengo ahora.

Su obra puede calificarse sin reservas de monumental. Escribió 50 novelas y decenas de cuentos cortos compilados en cinco voluminosos tomos. La más famosa de ellas, al menos para el gran público, es Do Androids Dream Of Electric Sheep? que dio pie a la adaptación conocida como Blade Runner.

Curiosamente, el arrogante Ridley Scott nunca ha tenido empacho en decir que no leyó el libro para hacer la película. Digo curiosamente por que la cinta es altamente dickiana.

Durante toda su vida Dick sufrió ataques de angustia y desequilibrios emocionales. Permanentemente cruzó hacia ambos lados de la línea que divide la sanidad de la demencia. La tesis fundamental de su obra, al menos una de ellas, es que nada es lo que parece. En una historia típicamente dickiana, varios planos se superponen unos sobre otros en una especie de frágil multiverso que puede derrumbarse al menor soplo, como un castillo de naipes.

Como era de suponer, la vida de Dick fue caótica, fiel reflejo de su obra Se casó y divorció cinco veces a lo largo de su vida y alguna vez pisó el manicure.

Ahora bien, ¿qué hace tan importante como escritor a este pintoresco personaje? No pocos críticos han visto una de las semillas de la posmodernidad plantada en varias de sus novelas.

Personalmente confeccionaría un ramillete que incluyera los libros ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, Tiempo de Marte, El hombre en el castillo, Laberinto de muerte y Fluyan mis lágrimas dijo el policía, todos ellos traducidos al español y medianamente fáciles de conseguir.

Dick escribe, lo he dicho muchas veces, novelas costumbristas sobre mundos raros. En ellas, la realidad se presenta frágil e inestable, nada es lo que parece y los personajes se ven expuestos a situaciones que hicieron decir al propio Dick “no me gustaría vivir en ninguna de mis novelas”.

Niños psíquicos que viven en Marte, vendedores de antigüedades americanas en la Norteamérica dominada por los japoneses, celebridades de la televisión que de pronto pasan a un universo paralelo donde ni siquiera existen, una expedición espacial que es mantenida soñando realidades virtuales para paliar las inclemencias del viaje estelar, y el consabido detective que caza replicantes, entre muchos otros, son personajes y situaciones que deambulan por las páginas de sus libros.

Alejado de las fantasía militaristas de Robert Heinlein y de la árida prosa tecnofetichista de Isaac Asimov, Dick logró dar dimensión humana y universal a personajes absurdos metidos en situaciones extremas. Sumergirse en una de sus novelas es meterse de lleno en una universo alucinante donde las leyes de la física parecen permutarse por otras, más extrañas y crueles.

Este año, Dick hubiera cumplido 80 años, fecha que seguramente no pasará desapercibida para su legión de leales lectores que crece un poco año con año.

¿Andas buscando algo interesante que leer? ¿Te gustaría variarle a la dieta de autores conocidos? Te recomiendo entonces que busques una novela de Philip K. Dick en tu librería más cercana y la leas. Te prometo que no te decepcionará.

Y si lo hace, avísenme para ir juntos a romperle la cara, donde quiera que esté…

UPDATE: En escritor Gerardo Porcayo, conocido como el Lobo entre sus amigos, escribió recientemente una sentida entrada en su blog sobre Dick, quien hubiera cumplido 79 años el pasado 16 de diciembre.  Vale la pena darle una leida.

Y aquí un link francamente ilegal en el que se puede descargar prácticamente toda la obra de Philip K. Dick (en español). No digan que yo se los di.

Kafka conoce a Ibargüengoitia

Wednesday, November 21st, 2007

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Una de las muchas paradojas que vivimos los escritores latinoamericanos, aun aquellos publicados en multinacionales como Planeta o Alfaguara es la inexistencia de vasos comunicantes entre lo que está sucediendo en nuestros países.

Ya en alguna ocasión en mi blog anterior referí una entrevista en que Bruce Sterling hablaba del gigantesco mercado editorial compuesto por todos los países de la región que estamos desperdiciando.

Así, en este momento los autores y lectores mexicanos desconocemos lo que están haciendo nuestros colegas al sur del continente, como no sean los autores consagrados que normalmente leemos en ediciones españolas.

Afortunadamente, un incidente fortuito me permitió, por una vez, salvar esa barrera. Les cuento:

Conocí al novelista colombiano Antonio Garía Ángel en la pasada Semana Negra de Gijón, cuando nos tocó compartir cuarto de hotel. De tan feliz coincidencia no sólo surgió una amistad producto de tener la misma edad e intereses compartidos, sino que además pude traerme literalmente de fayuca su novela Recursos humanos, publicada en Colombia por Planeta y en España por Lengua de trapo.

Tenía el libro haciendo fila hace meses. Finalmente le llegó su turno. Y lamenté no haberlo leido antes.

La novela, escrita al amparo de la Beca Rolex, en la que el autor gozó de la tutela nada menos que de Mario Vargas Llosa, es una ingeniosa maquinaria de relojería, cuidadosamente calibrada para causar explosiones de carcajadas en el lector, sin que ello le reste profundidad, sustancia.

Al contrario, esta novela refrenda aquello de que el humor (sobre todo si es negro) es asunto serio.

En el libro asistimos a las peripecias de Ricardo Osorio, director de recursos humanos de una fábrica de dulces, mermeladas y detergentes colombiana que por momentos recuerda el siniestro Ministerio de Información de la película Brazil (Terry Gilliam, 1985).

Osorio, arribista trepador, es un sujeto despreciable que se acuesta con la mejor amiga de su esposa, delega todo su trabajo a Elsy, diligente secretaria solterona que lleva más de treinta años en la empresa y pasa el día entero ejerciendo arbitrariamente el poder que le confiere su puesto.

A lo largo de las páginas de esta novela, más de trescientas que se leen como agua, García Ángel nos revela la estrambótica historia de la Compañía, convertida de empresa familiar en un emporio, acudimos a la caótica planeación de su fiesta de 40 aniversario a cargo de Osorio y descubrimos un misterioso habitante de los recovecos de la planta industrial, dedicado a redactar absurdos papers académicos sobre temas tanto inútiles como extraños, todo ello contrapunteado con la asifixiante vida matrimonial de Osorio, sus escapes al hotel de paso con Ángela y sus planes para huir con ésta fuera de Colombia.

Es de agradecer el humor corrosivo y despiadado del autor. Alejado del caduco realismo mágico y de la narconovela, Antonio García Ángel entra sin miedo a escribir una novela divertida, esperpéntica como los mejores momentos de Jorge Ibagüengoitia o El dedo de oro de Guillermo Sheridan, pero con unas imágenes poderosas que recuerdan al ya mencionado Gilliam y al Tim Burton de Edward Scissorhands.

Una odisea desternillante que se regodea en el absurdo. De lo mejor que he leido este año. Róbensela ahí donde la encuentren.

Siete razones para leer “La gruta del Toscano”

Saturday, October 27th, 2007

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1) Porque está escrita por Ignacio Padilla (1968), quien no sólo es uno de los más destacados escritores mexicanos nacidos en los 60, sino además es en mi opinión el mejor narrador del llamado grupo del crack.

2) Porque es literatura fantástica de aventuras, una rareza en nuestras letras nacionales,tan áridas en lo imaginativo. Sin duda este libro haría las delicias de Neil Gaiman, por ejemplo.
3) Porque está escrita con un estilo de sobria elegancia que permite al autor crear un fastuoso universo ficticio cuya coherencia hace que el lector no pueda menos que suprimir voluntariamente su incredulidad mientras lee.

4) Porque su protagonista, el sherpa Pasang Nuru, es uno de los personajes más entrañables de la literatura mexicana.

5) Porque la historia gira alrededor del presunto descubrimiento del auténtico infierno de Dante en la tierra, concretamente en la cordillera himalaica, con todo y mensaje de “Abandonad toda esperanza…”

6) Porque por sus páginas desfilan una galería de personajes variopintos que no por extraordinarios resulten inverosímiles: exploradores montañeses, sherpas, reporteros de la televisión inglesa con serios problemas personales, militares fascistas, un adorable gordo travesti dispuesto a conquistar la gruta con un globo, un gigantesco mercenario mongol hijo bastardo de un soldado ruso, una expedición ruritana de jóvenes alpinistas, otra expedición china, varios enanos y hasta un científico nazi, entre muchos otros.

7) Porque pese a lo que digan ciertos críticos amargados, esto no es un fallido ejercicio estilístico que se quede en un superficial esbozo del mal, sino una alegoría extraordinaria sobre las tinieblas que moran en los corazones de los hombres.

Así que dejen de leer cómics de superhéroes y cómprense este libro.

‘Nuff said!