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Archive for the 'libros' Category

No future (1 de 2)

Sábado, Junio 7th, 2008

10 novelas anglosajonas de CF para sobrevivir el cambio de siglo

Como había contado hace poco, preparé este artículo a petición de Alejandra Espino, quien me contactó por mail para pedirme una lista de 10 novelas del género que valga la pena leer. Quise hacer una lista que iniciara con Orwell y Ballard pero que incluyera puros autores activos. Hela aquí, dedicada a mi amigo Alberto Chimal, con el que tanto he platicado sobre la ¿agonía del género? y quien escribió una entrada en su blog que inspiró directamente a ésta.

“It´s the end of the World as we know it… and I feel fine”, cantaba R.E.M. a mediados de los 90. Y aunque nunca fue mi banda favorita, debo reconocer que la rola era buena y viene a cuento con esta lista.
El futuro nos alcanzó. Rebasamos el mítico año 2000 y seguimos sin tener autos voladores ni hoteles de quince estrellas en la Luna. ¿Qué pasó, en qué momento nos cambiaron a Los Supersónicos por Futurama?
La frase “el futuro ya no es lo que solía ser” se volvió lugar entre los cienciaficcioneros de fin de siglo. Parecía que el optimismo tecnólatra de Isaac Asimov no tenía lugar en medio de un mundo cuyos referentes ideológicos se habían derrumbado apenas en 1989.
¿Qué lugar le queda a la ciencia ficción en este, el mundo del futuro que habitamos los nietos de quienes lo soñaron? Para tratar de ayudar a contestar esa pregunta, elaboro la siguiente lista. No pretende de modo alguna ser exhaustiva (ninguna lista de diez títulos puede serlo) ni englobar a los mejores títulos del género. Digamos que simplemente es una guía de lectura de novelas anglosajonas para un género que por momentos parece agonizar, en tiempos de la post post post modernidad.

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1) 1984, George Orwell, 1949. Vigente como nunca. La gran distopía del siglo XX, a mi gusto muy superior a la sobrevalorada Un mundo feliz de Aldous Huxley. Orwell imaginó que de seguir las cosas como iban, Inglaterra acabaría convertida en una dictadura totalitaria, y si no lo hizo, en un pequeño porcentaje fue gracias a la publicación de esta novela. Pero el bombardeo mediático de información basura y la vigilancia de Gran Hermano (concepto convertido en mierda por los reality shows sin que jamás se haya mencionado a Orwell en ellos) están aquí y ahora. Inquietante y bellamente escrita por un veterano voluntario de la Guerra Civil española. Disponible en español en múltiples ediciones escolares.

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2) Crash, J.G. Ballard, 1973. Hay quien ubica a Ballard junto con William Burroughs y Jean Genet como los únicos autores de literatura punk. Cierto o no, de los tres me quedo con don James Graham y de su extensa bibliografía, con esta inquietante novela sobre un grupo de personas que sólo pueden alcanzar el orgasmo a través de los choques de autos, convertidos éstos en singulares prótesis mecánicas. La versión cinematográfica de David Cronemberg es impecable, pero nada como leer al más retorcido de los novelistas ingleses vivos. En sus novelas asistimos a una espiral de degradación social que no acaba al cerrar el libro. En el mismo tono, hay que leer High Rise (Rascacielos), ambas editadas en español por Minotauro.

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3) Software, Rudy Rucker, 1982. Rucker es matemático y profesor de la Universidad de San José en California. Miembro del contingente cyberpunk original, incluidos en la antología Mirrorshades, es quizá el más interesante al lado de Gibson y Sterling. En la novela, la primera de una tetralogía completada por Hardware, Wetware y Realware, Rucker nos presenta a Cobb Anderson, veterano programador de computadoras creador de los boppers, robots dotados de un algoritmo de libre albedrío, primeros en romper las leyes de Asimov y creadores de una sociedad posthumana en la Luna. Agradecidos, los boppers ofrecen a su creador la inmortalidad a través de la digitalización de su personalidad (el software del título). Plagada de referencias pop, fue uno de los cimientos de la literatura posmoderna de ciencia ficción. La novela, hoy tristemente relegada al olvido, fue traducida por Martínez Roca en los ochenta.

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4) Neuromancer, William Gibson, 1984. Las has leído aunque no la hayas leído. Y si no lo has hecho, ya ni la chingas.

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5) Schismatrix, Bruce Sterling, 1985. Si William Gibson fue el padre del cyberpunk, Sterling fue la madre. Quizá este hecho y su militancia en el género, contrapuesto a la migración de Gibson a la literatura seria, lo ha relegado al ghetto de la ciencia ficción. Él fue quien antologó Mirroshades, la antología cyberpunk por excelencia (editada en español por Siruela). Y si bien me parece mucho mejor cuentista que escritor de novelas, Schismatrix merece ser incluida en esta lista por dos razones. La primera es que es prácticamente la única space opera cyberpunk, en la que en un futuro lejano la humanidad se ha dividido en dos subculturas, los Formadores, partidarios de las modificaciones orgánicas inducidas genéticamente y los Mecanicistas, quienes intervienen sus cuerpos a través de prótesis y neurorredes (¿suena familiar?). Ambos grupos luchan por el control del sistema solar. La segunda razón es que Sterling es un autor de gran oficio, que por momentos logra crear auténtica belleza donde otros autores, Larry Niven por ejemplo, sólo hacen descripciones técnicas. Editada en español por Bibliópolis.

(Las otras 5 novelas, en el siguiente post…)

Más lecturas

Jueves, Mayo 22nd, 2008

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Supe de Sus ojos son fuego de Gonzalo Soltero por una entusiasta nota que sobre la primera edición de la novela escribiera Eduardo Antonio Parra hace ya tres años.

El libro ganó el premio de novela Jorge Ibargüengoitia, organizado por el estado de Guanajuato y que también ganó alguna vez Felipe Soto Viterbo con otra gran historia, El demonio de la simetría.

En todos los casos, a la novela ganadora le hacen una edición muy modesta que se diluye en el submundo de las ediciones universitarias y de instancias culturales del interior. Pocos son los Institutos de Cultura que logran que sus libros tengan un impacto nacional (a veces ni CONACULTA lo logra, pero esa es otra historia).

Afortunadamente, el Fondo de Cultura Económica ha reeditado la novela para colocarla en circulación nacional, en una edición mucho más guapa que le hace honor a la inquietante historia que se cuenta en sus páginas.

Adrián Ustoria, biólogo especialista en comportamiento animal descubre una serie de anomalías en la conducta de las ratas de la ciudad de México. Su hallazgo parece preludiar la inminente destrucción de la megaciudad.

Echando mano de recursos de la ciencia ficción dura y de la novela negra a partes iguales, con lecturas bien asimiladas de J.G: Ballard y Chuck Palahniuk entre otros, Gonzalo Soltero construye una historia apocalíptica que se vuelve aún más inquietante por lo palusible del escenario que plantea.

Con una investigación rigurosísima, digna de Michael Crichton, el autor nos lleva a través del complejo entramado en el que estructuró su historia para no dejar de soprendernos hasta la última frase, cuyo desenlace es tan inesperado como imaginativo.
Celebro que el FCE haya rescatado esta impresionante primera novela de un autor que habrá de colocarse entre las voces más importantes de nuestra narrativa. Yo me pregunto, ¿por qué no hay más escritores mexicanos como Gonzalo Soltero?

Update necesario: Ojo, no creo que hagan falta más escritores mexicanos que escriban lo que Gonzalo, sino más narradores que se entreguen con la misma pasión creativa a sus proyectos, que no le tengan miedo al slipstream y que te atrapen del mismo modo en que Soltero lo hace con esta novela. Eso.

Escritor de aeropuerto

Jueves, Mayo 8th, 2008

Más de una vez he escuchado entre literatos llamarse “escritor de aeropuerto” como insulto.
El término, desde luego, alude a aquellos que escriben libros de consumo popular, lecturas presuntamente efímeras, como aquéllos libros que se expenden en los aeropuertos (las terminales de autobuses tristemente no tienen librerías y las de tren dejaron de existir).

Me sorprende enormemente este desdén por el lector, como si el hecho de que algo sea muy leído/comprado/comentado por la gente lo demeritara. Pareciera que esta gente lo que busca es encumbrarse en una torre de marfil inalcanzable para… ¿el populacho?

Lo más triste, a mi ver, es que estos colegas olvidan (como me recordó Alberto Chimal, un gran escritor donde los haya) que antes de que hubiera cine o televisión, las novelas era entretenimiento para las masas. Que autores como Cervantes, Dickens y Víctor Hugo eran bestsellers en su tiempo.

Quizá habría que matizar. No me parece que lo despreciable sean los libros que se venden en el aeropuerto. Lo que me parece triste es que en los aeropuertos se vendan libros chafas. Pero qué se puede hacer si, haciendo caso a la demoledora ley de Sturgeon, “el 90% de lo que se publica es basura.”

Y aunque él se refería a la ciencia ficción, sin duda aplica a todo lo que se publica: el 90% de las novelas, cómics, libros de cuentos, revistas y para el caso películas y discos es basura.

Pero eso no es culpa de las librerías de los aeropuertos. Al contrario, deberíamos agradecer su existencia.

Y sólo por el gusto de hacerlo, remito una cita de Stephen King, el rey de los escritores de aeropuerto que me conmovió profundamente. Pertenece al epílogo de su novela Dreamcatcher (2001):

Este libro fue escrito con el mejor procesador de palabras, una pluma fuente Waterman de cartuchos. Ecribir a mano el primer borrador de un libro tan extenso como éste (casi 700 páginas– N. del T.) me puso en contacto con el lenguaje como no me había pasado en años. Incluso una noche (durante un frenesí creativo) escribí a la luz de una vela. Uno rara vez encuentra estas oportunidades en el siglo XXI, y deben de saborearse.

Ah, en fin…

Citas citables (4): Héctor Aguilar Camín

Viernes, Mayo 2nd, 2008

“La civilización nos ha apartado del origen de nuestras pulsiones. Ha fragmentado nuestra experiencia, ha pulido nuestros modales y segregado de nuestra vista las cuestiones centrales: el amor, la violencia, la muerte. Hemos construido cuartos privados para los amantes, lugares secretos para morir y hemos echado un velo institucional sobre el origen de nuestra paz, que no es otro que la violencia ejercida contra los que la ponen en peligro: los locos, los criminales, los disidentes. ¿Dónde se administran esas segregaciones? En los sótanos. ¿Me comprende usted? Vea esa hilera de señoras que van al supermercado y ponen en su carrito chuletas, costillas, filetes. ¿Cuántas podrían soportar el olor a sangre fresca de los rastros donde se preparan esas carnes? ¿Cuántas podrían soportar la mirada melancólica de la vaca a punto de ser sacrificada y presenciar sin desmayarse la escena del puntillazo sobre el animal? ¿Y cuántas podrían asistir al destasamiento, el corte de las chuletas, etcétera? ¿Cuántas de ellas o cuántos de nosotros, ciudadanos carnívoros seríamos capaces de empuñar el cuchillo del carnicero y matar, destazar, limpiar las vacas necesarias para que haya filetes en el supermercado? Si viéramos al matarife ejecutando su labor, la gran mayoría de los que usufructuamos su trabajo encontraríamos su oficio repugnante, inhumano, siniestro, como en efecto lo es. Pero sin ese repugnante oficio de matar y destazar vacas, no habría los limpísimos trozos de carne para uso de los limpísimos ciudadanos que aborrecen el proceso pero aman el resultado. ¿Me entiende usted?”

De La guerra de Galio (1990).

Ladrón de sueños

Viernes, Abril 25th, 2008

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Así que, hum, tengo un anuncio que hacer.

Editorial Almadía, sita en Oaxaca y dirigida por Memo Quijas, acaba de publicar mi novela juvenil El ladrón de sueños, lo cual desde luego me llena de júbilo.

Bellamente ilustrada por Patricio Betteo y diseñada por Alejandro Magallanes, con la ya tradicional doble portada de los libros de Almadía, la novela inaugura la colección Revolcadero, dedicada a la literatura juvenil.

Dice la cuarta de forros:

La torcida mente del Doctor Ventosa –un científico desquiciado– ha creado un perverso plan: crear pesadillas esclofriantes en los niños por medio de una consola de videojuegos en realidad virtual que él mismo diseñó, para luego recolectarlas con ayuda de su macabro invento, el Somnirráptor. Este robot tecnorgánico con forma de mosquito gigante detecta las ondas cerebrales de las pesadillas, las extrae de la cabeza del soñador, las graba y las lleva de vuelta al laboratorio de Ventosa, quien las usa para programar videojuegos cada vez más espeluznantes, que producirán a su vez más y más pesadillas, con el único fin de generar ganancias económicas para Humacorp, la ambiciosa compañía en la que trabaja el científico. Andrea, una niña punk con una habilidad especial para los videojuegos, se enfrenta al Somnirráptor y al Doctor Ventosa junto con un grupo de chicos que sirvieron como conejillos de indias en los terribles laboratorios de la compañía. Sin embargo, para derrotar al científico, Andrea deberá enfrentarlo en un mundo aterrador que sólo existe en la computadora central de HumaCorp, la peor pesadilla jamás imaginada…

Hela ahí. Quienes conozcan mi trabajo verán ahí muchas de mis obsesiones.

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El lanzamiento y promoción del libro se retrasarán un poco, debido al Segundo Encuentro Internacional de Escritores, organizado por Almadía y la Universidad Autónoma Benito Juárez en la hermosa Oaxaca del 25 de abril al 4 de mayo, en el que también participaré, concretamente en la mesa redonda del próximo 2 de mayo, así que en su momento ya daré más detalles sobre presentaciones aquí y en Oaxaca.

Finalmente, y de manera tardía, les comparto mi participación en dos libros de reciente aparición:

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Un cuento mío fue incluido en Grandes Hits Vol. 1: Nueva Generación de Narradores Mexicanos, antologado por Tryno Maldonado. El libro será presentado en el marco del encuentro y compila narraciones de los escritores Alberto Chimal, Bernardo Esquinca, Julieta García González, Jorge Harmodio, Luis Felipe Lomelí, Mayra Luna, Alejandra Maldonado, Alain-Paul Mallard, David Miklos, Eduardo Montagner, Guadalupe Nettel, Antonio Ortuño, Antonio Ramos, Pablo Raphael, Juan José Rodríguez, Ximena Sánchez Echenique, Martín Solares y Heriberto Yépez. No podía estar mejor acompañado.

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Por otro lado, Sergio Gaut vel Hartman publicó en año pasado en Argentina Grageas, 100 cuentos breves de todos el mundo, una antología de cien narraciones breves que describieran una utopía exitosa. El libro incluye autores de varios países, entre los que se encuentran Alberto Chimal (con el que comparto ambas antologías), y mi admirado José Luis Zárate, entre muchos otros. La portada es del legendario ilustrador argentino Carlos Nine.

En fin, muchos saludos.

En Cuba

Martes, Abril 1st, 2008

Acabo de volver del primer encuentro latinoamericano de jóvenes narradores efectuado en La Habana bajo el auspicio del Centro Onelio (una versión cubana de la escuelita de la SOGEM mexicana).

Durante una semana, 22 escritores de toda Latinoamérica convivimos con más de 100 jóvenes escritores cubanos en un ambiente de inusitada fraternidad que devino en amistades instantáneas, pese a las diferencias culturales y geográficas en una experiencia, al menos para mí, única de convivencia internacional entre autores.

Haciendo a un lado poses y snobismos, dejando fuera las referencias eruditas y la muestra de credenciales, autores publicados e inéditos, premiados y no intercambiamos experiencias en el marco de un encuentro que sólo buscaba (y logró) crear fuertes lazos creativos y emocionales entre los participantes.

Me es importante aclarar que ello no cegó a los participantes extranjeros de las profundas carencias que sufren los cubanos cotidianamente, y al menos en mi caso no me hace simpatizar con su gobierno gerontócratico, oxidado en la única economía no competitiva del mundo. Pero una cosa es el gobierno cubano y sus instituciones, y otra muy diferente su pueblo, culto y valiente, que aún consigue reírse en medio de la precariedad.

Lamentablemente, en la isla no hay buenas conexiones de internet (supongo con malicia que como una manera de mantener controlado el flujo de información). Hubiera querido postear el día a día del encuentro, pero ello fue imposible.

No termino aún de asimilar la experiencia –imagino que mis compañeros de encuentro estarán igual. Iré dejando aquí algunas estampas habaneras, apenas unos bocetos de lo vivido durante la semana.

Saludos a mis compañeros de viaje, cubanos y latinoamericanos, y muy especialmente a la gente del Centro Onelio, organizadores entusiastas del evento. Muchas gracias por haberme compartido esta experiencia.

Hora Cero en Phnom Penh

Viernes, Noviembre 16th, 2007

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El problema de la novela policiaca, la hermana mayor de todos los subgéneros, es que de algún modo se espera que se escriba de acuerdo a una fórmula prestablecida.

Así, en una de sus ramificaciones más populares, la llamada P.I. o de investigadores privados, los lectores esperan encontrarse con una serie de elementos familiares, muchos de ellos popularizados por el cine: un detective duro al estilo de Humphrey Bogart, vestido con una gabardina y un sombrero de fieltro, que fuma tabaco oscuro y habla con acento de Brooklyn, con un despacho ruinoso en un barrio sórdido al que llega una dama en apuros que al agotar sus recursos, no le queda más que acudir a nuestro (anti) héroe, un individualista duro y desencantado que en el fondo tiene un gran corazón… o algo así.

Afortunadamente eso no sucede en Hora Cero en Phnom Penh, tercera novela de la serie protagonizada por el detective Vincent Calvino, primera traducida al español, escritas por el canadiense Christopher G. Moore.

Calvino, un neoyorkino mitad judío mitad italiano que vive como expatriado en Tailandia desde hace muchos años, se gana la vida como detective en las duras calles de Bangkok.

Con la ayuda de Pratt, jefe de la policía local, tailandés que cita a Shakespeare cada que la situación lo amerita y con el que lo une una amistad desde que ambos vivían en Nueva York, Calvino resuelve una serie de casos en el exótico y convulsionado escenario del sureste asiático.

En esta ocasión, Calvino es contratado por Patten, un criminal de poca monta, para que encuentra en el vecino país de Camboya a un tal Hatch, su socio en una serie de negocios apenas legales, para que le entregue un cheque por 50 mil dólares.

El primer informante al que recurre Calvino es el gordo Stuart L’Blanc, traficante canadiense de joyas y chanchullero de segunda división que pasa sus días apostando en el hipódromo de Bangkok.

Cuando Calvino encuentra al Gordo, éste niega haber visto a Hatch. El detective no le cree, pero cuando va a hacer una apuesta por un caballo recomendado por el Gordo, éste muere envenenado en las gradas del hipódromo.

A partir de este momento, el autor desgrana una historia situada en una Camboya arrasada por la guerra, ocupada por las tropas de la UNTAC que en no pocas ocasiones son tanto o más nefastas que los jemeres rojos, donde las migrantes vietnamitas se juegan la vida cada noche que salen a prostituirse para sobrevivir. Un lugar, en fin, en el que no existen certezas ni garantías.

Con un estilo de sorprendente fuerza, evitando los lugares comunes de la novela policiaca (las metáforas baratas, por ejemplo) Moore retrata el escenario aterrador de una nación desarticulada por la violencia, poblada por toda clase de criminales buscando sacar el mayor provecho posible a los restos aún humeantes de Camboya.

En su periplo por Phnom Penh, Calvino se ve inmiscuido tangencialmente en la búsqueda de unas joyas robadas a la realeza saudí por un ciudadano tailandés, se sumergirá en las redes del tráfico de armas y tendrá queveres con una doctora, voluntaria francesa de una ONG, y una periodista norteamericana.

Christopher Moore, canadiense expatriado en Tailandia es un narrador duro, sin concesiones. Hay quien ve en él una mezcla de Graham Greene con Raymond Chandler. A mí me parece que es algo más complejo.

A través de la novela, Moore hace una denuncia del caos en que viven los camboyanos, sin caer en el chantaje facilón. El propio Vincent Calvino jamás se conmueve ante los horrores que presencia. Pero se indigna.

Al final, la resolución del crimen pasará a un segundo plano. La búsqueda de Hatch por un lado y de las joyas por el otro son un pretexto para que el autor pueda pintar un fresco de la convulsa realidad vivida en la región.

Una novela dura que renueva al género al situarse en un escenario exótico, donde poco importa el asesinato de una sola persona contra el genocidio de millones.
La novela habrá de aparecer en las librerías mexicanas en diciembre, cortesía de Paidós, que con esta colección se mete de lleno en la narrattiva policiaca. Espero que los demás títulos sean tan buenos como éste.

Ojalá pronto leamos más títulos de Christopher G. Moore.

Premio Ignotus 2007

Lunes, Noviembre 5th, 2007

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Siempre me da un poco de pudor hablar de estas cosas, pero hoy es una ocasión especial.

Durante años fui conocido como el Señor Meción Honorífica. Simplemente no ganaba premios. Pero ahora mi novela Gel azul ganó el sábado por la noche el Premio Ignotus a la mejor novela corta de ciencia ficción editada en España durante 2006.

El premio, otorgado por los miembros de la Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror, se otorga por votación en el marco de la Hispacón, la concención nacional de dicha asociación, que se lleva a cabo durante el primer fin de semana de noviembre. Es esta ocasión, la sede fue Sevilla.

El galardón distingue a la mejor producción del género de la ciencia ficción en direfentes categorías, que incluyen entre otras mejor novela, cuento (ambas ganadas este año por mi admirado Rafa Marín), cómic y producción audiovisual, que este año ganó Guillermo del Toro con la extraordinaria cinta El laberinto del fauno.

El premio, máximo galardón de la ciencia ficción en España, es muy competido y consiste en un monolito de piedra que emula aquel de 2001 Odisea del espacio.

Como se imaginarán, la noticia me hizo saltar de gusto cuando me fue comunicada por mi amigo Juanma Santiago a través de un email. Él, que generosamente prologó el libro fue quien recibió el premio a mi nombre. Nadie más indicado.

Lamento que la novela permanezca inédita en México, pero se puede conseguir a través del sitio de la editorial. Para quienes estén en España, se puede comprar en el Corte Inglés. Espero que el premio ayude aque se edite en México.

Me gustaría extenderme, pero temo pecar de vanidoso. Sólo quiero acotar que éste es un triunfo que comparto con quienes creyeron en el libro desde el principio: mis editores Gabriella Campbell y Víctor Gallardo, el propio Juanma Santiago y muy especialmente José Luiz Zárate, a quien está dedicado el libro.

Finalmente, la lista completa de los ganadores del Ignotus se puede consultar aquí.

Saludos…

Cuenta regresiva

Lunes, Octubre 22nd, 2007

Esperando en el librero de mi recámara, estos son los libros que me gustaría leer antes de que acabe el año:

Antonio García Ángel, Recursos humanos.
Robert Crais, Lullaby Town

Vladimir Nabokov, Lolita

Ernesto Mallo, Delincuente argentino

Don DeLillo, White Noise

Bill Bryson, Una breve historia de casi todo

Mauricio Bares, Posthumano

Andrea Camillieri, La forma del agua

Christopher G. Moore, Hora cero en Phnom Penh

Michael Chabon, The Amazing Adventures of Kavalier & Clay

Yann Martell, Life of Pi

Richard Morgan, Altered Carbon (el que compré en un hospital)

Joaquín Guerrero Casasola, Ley Garrote
Michael Crichton, State of Fear y Next (lo siento, soy fan)

Ya, ya, lo sé. Que leo muchos anglos. Lo siento, pocos hispanos me emocionan ahora (con excepciones, hablaré de una de ellas en el siguiente post). Que leo muchos subgéneros. Sucede que los escritores que me interesan están haciendo novela policiaca y ciencia ficción. Que hay pocas mujeres. Tráiganme más novelas como El camino de Santiago de Patricia Laurente o Bad Brains de Kate Koja y hablamos…

La LITERATURA

Jueves, Septiembre 20th, 2007

Así, con mayúsculas.

¿Qué es la LITERATURA?

Hace poco unos colegas que están haciendo un reportaje sobre novela policiaca contra historieta popular me preguntaban si yo pensaba que cómics como El libro policiaco y similares eran literatura.

Y no supe qué contestar.

Definivamente son narrativa. Y tienen su complejidad. Pero, ¿literatura?

¿Qué es la literatura? A lo mejor me estoy metiendo en complicaciones más propios de blogs como Puras Letras.

Pero vayamos por partes, dijo Jack el Destripador.

Ya he hablado de mi cojera académica: estudié diseño gráfico, una carrera donde ni los profesores leían. Lo siento, mi vocación por la imagen era muy grande.

No tengo autoridad ni bibliografía para hablar de teoría literaria, ni de mejores o peores escritores, ni para hacer complejos análisis semióticos de cual o tal libro. Y lo lamento. Soy un escritor lírico. Autodidacta.

Pero al menos intuyo dos o tres cosas. Quiero compartirlas aquí.

1) Me imagino que la LITERATURA, así con mayúsculas, es aquello que se seguirá leyendo muchos años después de la desaparición física de su autor.

2) Y si sucede lo anterior con los buenos libros, como sucede con la buena música, los buenos cómics y las buenas películas, entre otros objetos culturales, es porque la conjunción de su forma y contenido es tan afortunada que a la distancia en el tiempo y el espacio nos dicen diciendo cosas importantes sobre la condición humana.

3) Lo anterior, supongo, es lo que hace que un libro sea un clásico, lo que lo separa de la lectura inmediata, desechable.

4) Por supuesto, TODOS los escritores quisiéramos escribir –y publicar– clásicos, no desechables. Incluido Carlos Cuauhtémoc Sánchez.

5) A estas alturas de la historia, pareciera que TODO está escrito. Que lo que menos nos falta, después de la basura, es nuevos títulos en las mesas de novedades. ¿Por qué entonces seguimos escribiendo?

6) Por nuestra enorme sed de historias, creo. Es lo mismo que ha mantenido vivo al cine, a la televisión, los cómics, el teatro y básicamente a todas las formas de narrativa.

Dicho lo anterior, sólo quedaría puntualizar tres cosas:

a) Como bien enunció Theodore Sturgeon en la ley que lleva su nombre: “El 90% de lo que se publica es basura.” Nada más cierto.

b) Muchos autores gozan de éxito en vida, producto de circunstancias coyunturales ajenas a lo literario, mientras otros ni siquiera publican en vida (siendo Kafka el ejemplo que me viene a la memoria). El bueno es el juicio de la historia, quiero pensar.

c) Todo escritor es por definición un lector voraz. ¿Por qué escribimos? Quizá para devolverle a la literatura un poco de lo que le hemos arrancado.

O algo así. Los dejo con una lista personal de autores que me gustaría que fueran más leídos, por si un día le quieren variar a la dieta de García Márquez y Saramagos.

Disculpen la predominancia de autores angloparlantes, uno no puede negar sus vicios y filiaciones. Nomás unos cuantos, para no abusar:
Francisco Tario*

Pedro Miret*

R. A. Lafferty

Kate Koja

Nizar Qabbani

Nellie Campobello

George Langelaan

Joe R. Lansdale

J.G. Ballard

Horace McCoy

*Cuentistas méxico-españoles que conocí gracias a Alberto Chimal. Ambos MUY buenos.

UPDATE: Al momento de escribir estas líneas no he sabido nada sobre lo que sucederá con los originales y los gatos del Negro Hinojosa. Prometo postaear algo en cuanto lo sepa. Gracias a quienes han preguntado.