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Archive for the 'literatura' Category

Citas citables (3): E.B. Strunk

Sunday, April 20th, 2008

“La escritura vigorosa debe ser concisa. Una frase no debería tener palabras innecesarias, un párrafo no debería tener frases innecesarias por la misma razón que un dibujo no debe tener líneas innecesarias ni una máquina piezas innecesarias. Esto no requiere que el escritor redacte sólo frases cortas, o que evite cualquier detalle y que apenas esboce lo descrito, sino que cada palabra sirva diga algo.”

De The Elements of Style (1919). Traducción e itálicas de su amable vecino.

Citas citables (2): Don DeLillo

Wednesday, April 16th, 2008

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Predicciones de los síquicos para el año entrante:

Escuadrones de OVNIs invadirán Diney World y Cabo Cañaveral. En un giro inesperado, se demostrará que el ataque era una demostración del sinsentido de la guerra, desembocando en un tratado de prohibición de pruebas nucleares entre los EEUU y Rusia.

El fantasma de Elvis será visto caminando solo por la madrugadas cerca de Graceland, su mansión musical.

Un consorcio japonés comprará el avión presidencial (Air Force One) y lo convertirá en un lujoso condominio volador con privilegios de reabasto de combustible en el aire y capacidad de disparar misiles hacia tierra.

Pie grande aparecerá dramáticamente en un campamento de las bellas montañas del noroeste de la costa del Pacífico. La velluda bestia erguida de dos metros y medio que podría ser el eslabón perdido permitirá amablemente que los turistas se junten alrededor de él, reveládose como un apóstol de la paz.

Por medios telequinéticos y con ayuda de poderosos cables con propiedades desconocidas en cualquier material terrestre, OVNIs elevarán a la superficie la ciudad perdida de la Atlántida en medio del mar Caribe, liberándola de su sepulcro acuático. El resultado será una ‘ciudad pacífica’ donde el dinero y los pasaportes son innecesarios.

El fantasma de Lyndon B. Johnson contactará a ejecutivos de la CBS para acordar una entrevista televisiva en vivo para defenderse contra las acusaciones hechas en su contra en libros publicados recientemente.

El matabeatles Mark David Chapman cambiará legalmente su nombre a John Lennon y comenzará una nueva carrera como compositor de canciones de rock desde su prisión en el pabellón de los asesinos.

Miembros de un culto a los avionazos secuestrará un jet Jumbo y lo estrellará contra la Casa Blanca en un acto de ciega devoción a su líder, únicamente conocido como el tío Bob. El presidente y la primera dama sobreviven milagrosamente con apenas unas cortadas, de acuerdo a los allegados a la pareja.

El difunto multimillonario Howard Hughes aparecerá misteriosamente sobre el cielo de Las Vegas.

Una medicina milagrosa producida en masa a bordo de los laboratorios farmacéuticos de un OVNI en el ambiente ingrávido del espacio llevará a la cura de la ansiedad, la obesidad y los cambios de humor.

Desde el más allá, el legendario John Wayne se comunicará con el presidente Reagan para ayudarle a planear la política exterior de los EEUU. Endulzado por la muerte, el robusto actor favorecerá una esperanzadora política de amor y paz.

El superasesino de los sesenta Charles Manson escapará de la prisión y aterrorizará la campiña californiana durante semanas antes de negociar una rendición transmitida en vivo por la tele en la oficinas del International Creative Management.

La luna, el único satélite natural de la Tierra estallará en pedazos una noche húmeda de julio, provocando devastadoras mareas y lluvia de fragmentos en gran parte del planeta. Pero escuadrones de limpieza OVNI evitarán un desastre planetario, indicando el inicio una era de paz y armonía.

De la novela White Noise (1985). Traducción libre de un servidor.

En Cuba

Tuesday, April 1st, 2008

Acabo de volver del primer encuentro latinoamericano de jóvenes narradores efectuado en La Habana bajo el auspicio del Centro Onelio (una versión cubana de la escuelita de la SOGEM mexicana).

Durante una semana, 22 escritores de toda Latinoamérica convivimos con más de 100 jóvenes escritores cubanos en un ambiente de inusitada fraternidad que devino en amistades instantáneas, pese a las diferencias culturales y geográficas en una experiencia, al menos para mí, única de convivencia internacional entre autores.

Haciendo a un lado poses y snobismos, dejando fuera las referencias eruditas y la muestra de credenciales, autores publicados e inéditos, premiados y no intercambiamos experiencias en el marco de un encuentro que sólo buscaba (y logró) crear fuertes lazos creativos y emocionales entre los participantes.

Me es importante aclarar que ello no cegó a los participantes extranjeros de las profundas carencias que sufren los cubanos cotidianamente, y al menos en mi caso no me hace simpatizar con su gobierno gerontócratico, oxidado en la única economía no competitiva del mundo. Pero una cosa es el gobierno cubano y sus instituciones, y otra muy diferente su pueblo, culto y valiente, que aún consigue reírse en medio de la precariedad.

Lamentablemente, en la isla no hay buenas conexiones de internet (supongo con malicia que como una manera de mantener controlado el flujo de información). Hubiera querido postear el día a día del encuentro, pero ello fue imposible.

No termino aún de asimilar la experiencia –imagino que mis compañeros de encuentro estarán igual. Iré dejando aquí algunas estampas habaneras, apenas unos bocetos de lo vivido durante la semana.

Saludos a mis compañeros de viaje, cubanos y latinoamericanos, y muy especialmente a la gente del Centro Onelio, organizadores entusiastas del evento. Muchas gracias por haberme compartido esta experiencia.

Sobre el escribir (1)

Wednesday, February 20th, 2008

Después del desliz alburero de la semana pasada, y viendo que he posteado sólo notas breves, ando con ánimo de hacer algo más sustancioso.

No es gratuito el semiabandono del blog. Hace dos días puse el punto final en una nueva novela. Fue un proyecto que me absorbió buena parte de lo últimos seis meses.

Pocos teclazos son más satisfactorios que el punto final. Y puedo decirles que no debe haber muchos proyectos más agotadores que escribir una novela. Me gustaría compartirles algunas impresiones de viaje de esa ruta desde el primer párrafo hasta la palabra FIN.

¿Cómo se construye una novela? Confieso que aún no lo sé. He escrito cinco de ellas, publicado tres y sido premiado por dos y el proceso sigue siendo para mí un gozoso misterio.

Pero si me viera obligado a bocetar un esquema, obligadamente iniciaría por la idea. Hace falta una buena idea para animarse a pasar los siguientes meses (si tienes suerte), años (si la historia lo requiere) o incluso días (si estás loco) para desgranar la historia.

Encontrar buenas ideas no es fácil, no es como que las vendan ni que haya servicios de musas, similares a las call girls con las que quedes de verte en un hotel de paso para que te lleven dos o tres ideas interesantes. ¡Cómo desearíamos los narradores que fuera así!

A cambio, la idea que puede desencadenar tu novela es capaz de aparecer en el lugar más insospechado. Flotando en el aire como un diente de león o esperándote sentada en el parque. Lo mismo sucede con los cuentos. Sin embargo, ahí tengo que hacer una diferenciación importante. En mi experiencia, el cuento trata fundamentalmente sobre situaciones mientras la novela lidia más con personajes. Eso aplica tanto a la narrativa escrita como a la gráfica.

¿Cómo reconoces una buena idea cuando la ves? No hay recetas, básicamente hay que confiar en la intuición. Ayuda ser un buen lector del género al que le quieres entrar, así no te pasará como dice Richard Morgan: “No importa qué tan buena sea la idea para tu novela de ciencia ficción, ya la escribió Philip K. Dick como cuento en 1963.” Eso aplica a todos los géneros, pareciera que todo está escrito, pero afortunadamente aún hay por ahí ideas que no se le han ocurrido aún ni a Enrique Serna ni a Kurt Vonnegut ni a Doris Lessing.
Es casi un axioma, pero debo recordar que lo mejor es escribir sobre aquello que te apasiona. ¿Eres aficionado a las novelas policiacas? Entonces escribe una, no hagas novela rosa. ¿Te chifla la historia? Emprende un libro sobre la adolescencia de Benito Juárez. ¿Tu onda es la música? Que se oiga a todo volumen en cada página.

Así que un buen día, por ejemplo, estás tomando un café con un amigo y él te dice “me gustaría leer un western.” Y esa palabra te desencadena una idea que habrá de obsesionarte en los meses por venir. Hagas lo que hagas, tu idea te acompañara en su vrsión embrionaria a todos lados. Dormirás con ella, te levantarás a su lado y no podrás dejar de evocarla ni cuando vayas al cine.

Hasta que un día te decides a estructurarla. Es cuando viene el trabajo difícil.

Hay tantos métodos de escritura como autores mismos. Algunos planean sus novelas con esquemas muy detallados (mi amigo Antonio García Ángel, por ejemplo, dibujó toda la plana arquitectónica de la fábrica donde se desarrolla su divertídisima Recursos humanos –ojo, no confundir con la de Antonio Ortuño, que no he leido).

Hay otros que van improvisando sobre la marcha. Se dice, no me consta, que Óscar de la Borbolla escribió Nada es para tanto sin saber qué había más allá del párrafo que iba escribiendo. Y es una buena novela.
Ninguna manera de entrarle a la escritura es mejor que otra, pero los lectores exigentes sabrán diferenciar de calidad a calidad, y créanme, a una historia mal estructurada se le ven las costuras por todos lados.

Personalmente me gusta saber, aunque sea de manera general, qué va a pasar en qué momento y hacia dónde se dirige el asunto. Creo que lo más fácil es pensar cómo quieres que empiece, cómo quieres que acabe y planear dos o tres secuencias que te gustaría ver en medio. El resto será unirlas todas. Fácil, ¿no?

Robert Silverberg dijo alguna vez que toda historia tiene principio, desarrollo y final, pero no necesariamente van en ese orden.

Soy un gran partidario de la documentación. Claro, si lo que te interesa en escribir una novela intimista sobre una persona que vive en circunstancias bastante similares a las tuyas (como las hordas de cuentistas Bukovskianos que asolaron la Condesa hace algunos años) pues a lo mejor no tendrás necesidad de investigar nada. Pero como no tengas una vida convulsa y turbulenta a lo mejor tampoco tendrás muchos lectores (y me consta que las personas con vidas convulsas y turbulentas rara vez quieren ser escritores).

Robert J. Sawyer una vez me dijo que lo que más disfruta del proceso es la investigación previa. Coincido con él. Para el proyecto que me traigo entre manos, hube de sumergirme lo mismo en los acervos históricos de la universidad donde trabajo (en donde tienen la única copia conocida en español de las memorias de Carl Hagenbeck, célebre comerciante de animales exóticos del siglo XIX) que ponerme a averiguar sobre la descalcificación en los reptiles durante la gestación. Busqué información sobre los migrantes chinos a México a principios del siglo XX y logre conseguir gracias a la ayuda de una amiga (¡Saludos, Yola!) un mapa de Mexicali en 1923.

Mientras investigas, la cabeza te hierve de ideas. No pocas veces empiezas a escribir con la mitad de tu investigación sin hacer. Mala costumbre que tengo, no sé si ha entorpecido o acelerado el proceso. Cada quien lo descubrirá.

Así que un día te sientas, abres el procesador de palabras de tu elección y das New. De golpe estás frente al peor enemigo del escritor: la hoja en blanco.

Cómo lidiar con ese monstruo, es de lo que me ocuparé mañana, en la continuación de este post post-novela. Saludos a todos…

Kafka conoce a Ibargüengoitia

Wednesday, November 21st, 2007

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Una de las muchas paradojas que vivimos los escritores latinoamericanos, aun aquellos publicados en multinacionales como Planeta o Alfaguara es la inexistencia de vasos comunicantes entre lo que está sucediendo en nuestros países.

Ya en alguna ocasión en mi blog anterior referí una entrevista en que Bruce Sterling hablaba del gigantesco mercado editorial compuesto por todos los países de la región que estamos desperdiciando.

Así, en este momento los autores y lectores mexicanos desconocemos lo que están haciendo nuestros colegas al sur del continente, como no sean los autores consagrados que normalmente leemos en ediciones españolas.

Afortunadamente, un incidente fortuito me permitió, por una vez, salvar esa barrera. Les cuento:

Conocí al novelista colombiano Antonio Garía Ángel en la pasada Semana Negra de Gijón, cuando nos tocó compartir cuarto de hotel. De tan feliz coincidencia no sólo surgió una amistad producto de tener la misma edad e intereses compartidos, sino que además pude traerme literalmente de fayuca su novela Recursos humanos, publicada en Colombia por Planeta y en España por Lengua de trapo.

Tenía el libro haciendo fila hace meses. Finalmente le llegó su turno. Y lamenté no haberlo leido antes.

La novela, escrita al amparo de la Beca Rolex, en la que el autor gozó de la tutela nada menos que de Mario Vargas Llosa, es una ingeniosa maquinaria de relojería, cuidadosamente calibrada para causar explosiones de carcajadas en el lector, sin que ello le reste profundidad, sustancia.

Al contrario, esta novela refrenda aquello de que el humor (sobre todo si es negro) es asunto serio.

En el libro asistimos a las peripecias de Ricardo Osorio, director de recursos humanos de una fábrica de dulces, mermeladas y detergentes colombiana que por momentos recuerda el siniestro Ministerio de Información de la película Brazil (Terry Gilliam, 1985).

Osorio, arribista trepador, es un sujeto despreciable que se acuesta con la mejor amiga de su esposa, delega todo su trabajo a Elsy, diligente secretaria solterona que lleva más de treinta años en la empresa y pasa el día entero ejerciendo arbitrariamente el poder que le confiere su puesto.

A lo largo de las páginas de esta novela, más de trescientas que se leen como agua, García Ángel nos revela la estrambótica historia de la Compañía, convertida de empresa familiar en un emporio, acudimos a la caótica planeación de su fiesta de 40 aniversario a cargo de Osorio y descubrimos un misterioso habitante de los recovecos de la planta industrial, dedicado a redactar absurdos papers académicos sobre temas tanto inútiles como extraños, todo ello contrapunteado con la asifixiante vida matrimonial de Osorio, sus escapes al hotel de paso con Ángela y sus planes para huir con ésta fuera de Colombia.

Es de agradecer el humor corrosivo y despiadado del autor. Alejado del caduco realismo mágico y de la narconovela, Antonio García Ángel entra sin miedo a escribir una novela divertida, esperpéntica como los mejores momentos de Jorge Ibagüengoitia o El dedo de oro de Guillermo Sheridan, pero con unas imágenes poderosas que recuerdan al ya mencionado Gilliam y al Tim Burton de Edward Scissorhands.

Una odisea desternillante que se regodea en el absurdo. De lo mejor que he leido este año. Róbensela ahí donde la encuentren.

Hora Cero en Phnom Penh

Friday, November 16th, 2007

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El problema de la novela policiaca, la hermana mayor de todos los subgéneros, es que de algún modo se espera que se escriba de acuerdo a una fórmula prestablecida.

Así, en una de sus ramificaciones más populares, la llamada P.I. o de investigadores privados, los lectores esperan encontrarse con una serie de elementos familiares, muchos de ellos popularizados por el cine: un detective duro al estilo de Humphrey Bogart, vestido con una gabardina y un sombrero de fieltro, que fuma tabaco oscuro y habla con acento de Brooklyn, con un despacho ruinoso en un barrio sórdido al que llega una dama en apuros que al agotar sus recursos, no le queda más que acudir a nuestro (anti) héroe, un individualista duro y desencantado que en el fondo tiene un gran corazón… o algo así.

Afortunadamente eso no sucede en Hora Cero en Phnom Penh, tercera novela de la serie protagonizada por el detective Vincent Calvino, primera traducida al español, escritas por el canadiense Christopher G. Moore.

Calvino, un neoyorkino mitad judío mitad italiano que vive como expatriado en Tailandia desde hace muchos años, se gana la vida como detective en las duras calles de Bangkok.

Con la ayuda de Pratt, jefe de la policía local, tailandés que cita a Shakespeare cada que la situación lo amerita y con el que lo une una amistad desde que ambos vivían en Nueva York, Calvino resuelve una serie de casos en el exótico y convulsionado escenario del sureste asiático.

En esta ocasión, Calvino es contratado por Patten, un criminal de poca monta, para que encuentra en el vecino país de Camboya a un tal Hatch, su socio en una serie de negocios apenas legales, para que le entregue un cheque por 50 mil dólares.

El primer informante al que recurre Calvino es el gordo Stuart L’Blanc, traficante canadiense de joyas y chanchullero de segunda división que pasa sus días apostando en el hipódromo de Bangkok.

Cuando Calvino encuentra al Gordo, éste niega haber visto a Hatch. El detective no le cree, pero cuando va a hacer una apuesta por un caballo recomendado por el Gordo, éste muere envenenado en las gradas del hipódromo.

A partir de este momento, el autor desgrana una historia situada en una Camboya arrasada por la guerra, ocupada por las tropas de la UNTAC que en no pocas ocasiones son tanto o más nefastas que los jemeres rojos, donde las migrantes vietnamitas se juegan la vida cada noche que salen a prostituirse para sobrevivir. Un lugar, en fin, en el que no existen certezas ni garantías.

Con un estilo de sorprendente fuerza, evitando los lugares comunes de la novela policiaca (las metáforas baratas, por ejemplo) Moore retrata el escenario aterrador de una nación desarticulada por la violencia, poblada por toda clase de criminales buscando sacar el mayor provecho posible a los restos aún humeantes de Camboya.

En su periplo por Phnom Penh, Calvino se ve inmiscuido tangencialmente en la búsqueda de unas joyas robadas a la realeza saudí por un ciudadano tailandés, se sumergirá en las redes del tráfico de armas y tendrá queveres con una doctora, voluntaria francesa de una ONG, y una periodista norteamericana.

Christopher Moore, canadiense expatriado en Tailandia es un narrador duro, sin concesiones. Hay quien ve en él una mezcla de Graham Greene con Raymond Chandler. A mí me parece que es algo más complejo.

A través de la novela, Moore hace una denuncia del caos en que viven los camboyanos, sin caer en el chantaje facilón. El propio Vincent Calvino jamás se conmueve ante los horrores que presencia. Pero se indigna.

Al final, la resolución del crimen pasará a un segundo plano. La búsqueda de Hatch por un lado y de las joyas por el otro son un pretexto para que el autor pueda pintar un fresco de la convulsa realidad vivida en la región.

Una novela dura que renueva al género al situarse en un escenario exótico, donde poco importa el asesinato de una sola persona contra el genocidio de millones.
La novela habrá de aparecer en las librerías mexicanas en diciembre, cortesía de Paidós, que con esta colección se mete de lleno en la narrattiva policiaca. Espero que los demás títulos sean tan buenos como éste.

Ojalá pronto leamos más títulos de Christopher G. Moore.

Siete razones para leer “La gruta del Toscano”

Saturday, October 27th, 2007

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1) Porque está escrita por Ignacio Padilla (1968), quien no sólo es uno de los más destacados escritores mexicanos nacidos en los 60, sino además es en mi opinión el mejor narrador del llamado grupo del crack.

2) Porque es literatura fantástica de aventuras, una rareza en nuestras letras nacionales,tan áridas en lo imaginativo. Sin duda este libro haría las delicias de Neil Gaiman, por ejemplo.
3) Porque está escrita con un estilo de sobria elegancia que permite al autor crear un fastuoso universo ficticio cuya coherencia hace que el lector no pueda menos que suprimir voluntariamente su incredulidad mientras lee.

4) Porque su protagonista, el sherpa Pasang Nuru, es uno de los personajes más entrañables de la literatura mexicana.

5) Porque la historia gira alrededor del presunto descubrimiento del auténtico infierno de Dante en la tierra, concretamente en la cordillera himalaica, con todo y mensaje de “Abandonad toda esperanza…”

6) Porque por sus páginas desfilan una galería de personajes variopintos que no por extraordinarios resulten inverosímiles: exploradores montañeses, sherpas, reporteros de la televisión inglesa con serios problemas personales, militares fascistas, un adorable gordo travesti dispuesto a conquistar la gruta con un globo, un gigantesco mercenario mongol hijo bastardo de un soldado ruso, una expedición ruritana de jóvenes alpinistas, otra expedición china, varios enanos y hasta un científico nazi, entre muchos otros.

7) Porque pese a lo que digan ciertos críticos amargados, esto no es un fallido ejercicio estilístico que se quede en un superficial esbozo del mal, sino una alegoría extraordinaria sobre las tinieblas que moran en los corazones de los hombres.

Así que dejen de leer cómics de superhéroes y cómprense este libro.

‘Nuff said!

Cuenta regresiva

Monday, October 22nd, 2007

Esperando en el librero de mi recámara, estos son los libros que me gustaría leer antes de que acabe el año:

Antonio García Ángel, Recursos humanos.
Robert Crais, Lullaby Town

Vladimir Nabokov, Lolita

Ernesto Mallo, Delincuente argentino

Don DeLillo, White Noise

Bill Bryson, Una breve historia de casi todo

Mauricio Bares, Posthumano

Andrea Camillieri, La forma del agua

Christopher G. Moore, Hora cero en Phnom Penh

Michael Chabon, The Amazing Adventures of Kavalier & Clay

Yann Martell, Life of Pi

Richard Morgan, Altered Carbon (el que compré en un hospital)

Joaquín Guerrero Casasola, Ley Garrote
Michael Crichton, State of Fear y Next (lo siento, soy fan)

Ya, ya, lo sé. Que leo muchos anglos. Lo siento, pocos hispanos me emocionan ahora (con excepciones, hablaré de una de ellas en el siguiente post). Que leo muchos subgéneros. Sucede que los escritores que me interesan están haciendo novela policiaca y ciencia ficción. Que hay pocas mujeres. Tráiganme más novelas como El camino de Santiago de Patricia Laurente o Bad Brains de Kate Koja y hablamos…

La LITERATURA

Thursday, September 20th, 2007

Así, con mayúsculas.

¿Qué es la LITERATURA?

Hace poco unos colegas que están haciendo un reportaje sobre novela policiaca contra historieta popular me preguntaban si yo pensaba que cómics como El libro policiaco y similares eran literatura.

Y no supe qué contestar.

Definivamente son narrativa. Y tienen su complejidad. Pero, ¿literatura?

¿Qué es la literatura? A lo mejor me estoy metiendo en complicaciones más propios de blogs como Puras Letras.

Pero vayamos por partes, dijo Jack el Destripador.

Ya he hablado de mi cojera académica: estudié diseño gráfico, una carrera donde ni los profesores leían. Lo siento, mi vocación por la imagen era muy grande.

No tengo autoridad ni bibliografía para hablar de teoría literaria, ni de mejores o peores escritores, ni para hacer complejos análisis semióticos de cual o tal libro. Y lo lamento. Soy un escritor lírico. Autodidacta.

Pero al menos intuyo dos o tres cosas. Quiero compartirlas aquí.

1) Me imagino que la LITERATURA, así con mayúsculas, es aquello que se seguirá leyendo muchos años después de la desaparición física de su autor.

2) Y si sucede lo anterior con los buenos libros, como sucede con la buena música, los buenos cómics y las buenas películas, entre otros objetos culturales, es porque la conjunción de su forma y contenido es tan afortunada que a la distancia en el tiempo y el espacio nos dicen diciendo cosas importantes sobre la condición humana.

3) Lo anterior, supongo, es lo que hace que un libro sea un clásico, lo que lo separa de la lectura inmediata, desechable.

4) Por supuesto, TODOS los escritores quisiéramos escribir –y publicar– clásicos, no desechables. Incluido Carlos Cuauhtémoc Sánchez.

5) A estas alturas de la historia, pareciera que TODO está escrito. Que lo que menos nos falta, después de la basura, es nuevos títulos en las mesas de novedades. ¿Por qué entonces seguimos escribiendo?

6) Por nuestra enorme sed de historias, creo. Es lo mismo que ha mantenido vivo al cine, a la televisión, los cómics, el teatro y básicamente a todas las formas de narrativa.

Dicho lo anterior, sólo quedaría puntualizar tres cosas:

a) Como bien enunció Theodore Sturgeon en la ley que lleva su nombre: “El 90% de lo que se publica es basura.” Nada más cierto.

b) Muchos autores gozan de éxito en vida, producto de circunstancias coyunturales ajenas a lo literario, mientras otros ni siquiera publican en vida (siendo Kafka el ejemplo que me viene a la memoria). El bueno es el juicio de la historia, quiero pensar.

c) Todo escritor es por definición un lector voraz. ¿Por qué escribimos? Quizá para devolverle a la literatura un poco de lo que le hemos arrancado.

O algo así. Los dejo con una lista personal de autores que me gustaría que fueran más leídos, por si un día le quieren variar a la dieta de García Márquez y Saramagos.

Disculpen la predominancia de autores angloparlantes, uno no puede negar sus vicios y filiaciones. Nomás unos cuantos, para no abusar:
Francisco Tario*

Pedro Miret*

R. A. Lafferty

Kate Koja

Nizar Qabbani

Nellie Campobello

George Langelaan

Joe R. Lansdale

J.G. Ballard

Horace McCoy

*Cuentistas méxico-españoles que conocí gracias a Alberto Chimal. Ambos MUY buenos.

UPDATE: Al momento de escribir estas líneas no he sabido nada sobre lo que sucederá con los originales y los gatos del Negro Hinojosa. Prometo postaear algo en cuanto lo sepa. Gracias a quienes han preguntado.

¿Por qué leemos lo que leemos?

Friday, July 20th, 2007

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(En la foto, su atento y seguro servidor presentando al maestro Samuel “Chip” Delany en la Semana Negra. Uno de esos recuerdos para atesorar toda la vida. Foto de Mauricio-José Schwarz).

La muerte de Fontarrosa y el regreso aún no asimilado de la Semana Negra me han puesto a pensar, ¿por qué leo novelas policiacas, ciencia ficción y cómics?

Más de una vez he tenido fases en las que he decidido dejar de leer basura y clavarme en la literatura seria. Tuve una amiga (?) que decía que lo que yo leía era el equivalente a comer sólo comida chatarra. Chaaaaaale.

Así que me hago de mis volúmenes de Balzac y Dostoievsky. Reinicio las aventuras de don Alonso Quijano donde las dejé. Compro la poesía complete de Coleridge e incluso he llegado a leer Moby Dick en inglés y español para comparar la traducción. Por no hablar de todas las veces que he intentado entrar al Ulysses sin éxito.

Pero…

Siempre, a medio soneto quevediano, en el asiento trasero de mi cerebro una vocecita, que no debe de ser muy diferente a la de los alcohólicos que desean una chela cuando están jurados, me susurra coqueta: “¿Philp K. Dick…?”

Y vuelvo al vicio.

Para mi fortuna, como bien decía mi admirado Pepe Rojo, los subgéneros valen la pena leerse cuando logran trascenderse a sí mismos. Cuando deja de importar que hablen de detectives o robots y nos digan algo pertinente sobre la condición humana, sobre lo difícil que es existir.

“Me parece que la ciencia ficción es algo muy importante”, me dijo hace poco Esteban Silva, locutor de radio que además de ser amigo de Bachan es un chiflado del género. “Pero es algo que poca gente tiene la capacidad de apreciar.”

¿Será así?

No lo sé. Los feroces críticos de este tipo de lecturas la tachan de escapista, de chabacana e intrascendente. De lectura, en pocas palabras, para idiotas.

Yo me pregunto, entonces, una novela como Soy leyenda, de Richard Matheson, ¿es una lectura menor? ¿Lo es La naranja mecánica de Anthony Burgess o El largo adiós de Chandler? ¿Puede leerse el cuento La rosa azul de Peter Straub o La política del cuerpo de Clive Barker sin estremecerse? ¿Es basura El señor de las moscas de William Golding? ¿O Rascacielos, de J.G. Ballard?

Eso, por no hablar de los roces con los subgéneros de Borges, Cortázar, Bioy Casares, Amado Nervo, Fuentes, José Agustín, Roth, Updike, Houllebecq, Auster, Pynchon, y hasta mi admirado Ignacio Padilla y Alberto Chimal, por dar dos mexicanos contemporáneos.

Y sin embargo, a estas alturas seguimos discutiendo sobre literatura mayor y menor. Aún me encuentro con gente que descalifica, por ejemplo, a Stephen King sin haberlo leído jamás.

Es cierto, hay mucha basura entre los estantes de la novela negra, la ciencia ficción y el cómic. Ya Theodore Sturgeon dijo alguna vez que el 90 % de lo que se publica es basura. Pero ello aplica también a la literatura general, la que no está en los estantes del urinal, como dijera Vonnegut.

Chale, ya me clave. Esta apología es estéril y por lo visto nunca acabará. Por eso cierro con lo que Samuel Delany, grande entre los grandes –como persona y como artista– dijo en la Semana Negra cuando tuve el privilegio de presentarlo en la charla que dio ante una multitud de amorosos lectores. Delany, hay que decirlo, dejó de escribir ciencia ficción hace treinta años y desde entonces escribe literatura seria. Siempre ha batallado con la etiqueta de ser un autor de género; cuando le pregunté si padecía esa etiqueta, contestó más o menos así:

Las etiquetas son herramientas. Lo importante es utilizarlas inteligentemente. Nos sirven para diferenciar el tipo de libros que leemos. Si quiero leer un western me ayudan para saber a qué estante dirigirme. Es un error suponer que las etiquetas son malas. ¿Acaso un martillo es malo per se? No lo creo.

Wow.

Cierro, citando al maestro Herrera de la Fuente cuando un periodista le preguntó cuál era la buena música (ya lo he contado, pero me encanta esta anécdota). El reportero seguro esperaba que le dijera que Mozart o Debussy o algo así. Con gran sabiduría, el célebre director de orquesta le dijo: “La buena música es la que a usted le gusta.”

Lo mismo, bendito sea el opio del pueblo, sucede con los libros.

Felices lecturas.