Muchas gracias a todos los que han comentado sobre los posts anteriores. En el tercero y último de la serie contesto algunos de los comentarios y un par de mails que llegaron.
Primero que nada, debo rectificar mi comentario en el post anterior, como bien me hicieron ver varios de quienes amablemente comentan sobre lo que escribo.
No, no sólo los profesionales pueden dar una opinión autorizada sobre una obra. Cualquiera del público puede emitir su opinión subjetiva, y como tal será válida. Lo que no soporto son los autores/artistas amateurs que se permiten descalificar el trabajo de alguien como si tuvieran la mayor autoridad en dicho campo. Es verdad, es un enfoque muy diferente, pero era a lo que me refería, perdón si di a entender que despreciaba la opinión del público, al contrario, es lo más importante.
Pero cómo me revienta coincidir con algún escritor (o dibujante) en ciernes que diga “Es que ese Humberto Ramos no sabe dibujar” o “No cabe duda que Jorge Volpi es un mediocre”. Nada más falso, en boca del envidioso.
Aclarado el puntacho, continúo.
Decíamos por otro lado que una habilidad muy diferente es el escribir del publicar. He conocido escritores muy talentosos que han permanecido inéditos, y gente muy mediocre que logró publicar varios libros. Es un hecho, no todos los buenos manuscritos se convertirán en un libro, pero afortunadamente a un escritor mediocre se le va acabando el impulso (la gente no es tonta).
Así que recapitulando, terminaste de escribir una novela. Pasaste por el tortuoso camino de corregirla, durante el cual sentiste de manera alternada que eres el peor narrador que hay, que no tienes pizca de talento pero hubo frases que te hicieron sonreir diciendo “qué bueno soy.” Al final, tienes una historia compacta, con personajes interesantes, bien caracterizados, diálogos que no parecen copiados de las traducciones españolas o las series dobladas, y con una trama original e interesante, bien resuelta y que no deja cabos sueltos…
¿Ahora qué?
Para el escritor principiante en México existen dos posibilidades. Una es seguir el camino largo y remitirla a dictaminación a una editorial como cualquier hijo de vecino. Yo recibí varios rechazos haciendo esto. Honestamente no sé si es perder el tiempo, pero estoy seguro de que más de un autor habrá logrado publicar así su primera novela.
Debo abrir aquí un triste paréntesis: cuentistas, olvídenlo, ninguna editorial comercial va a publicar libros de cuentos, como no sean de autores que ya se hicieron muy famosos como novelistas (y quiero decir MUY famosos).
Lo segundo dentro de este paréntesis es una recomenadación que me dio Daniel Sada: “Manténte siempre en el circuito comercial”, es decir, tírale a publicar en las editoriales grandes, Planeta, Alfaguara, Random House Mondadori, Ediciones B…
¿Por qué esto último? Sin duda, habrá quien piense que no es necesario, que hay otros circuitos alternativos de publicación, en fin. Lo que me parece importante es medirse en los términos y estándares de calidad de los editores grandes. Si los que conocen el negocio están dispuestos a invertir en tu trabajo, entonces ahí tienes un indicador de calidad.
En cualquier caso, si insistes en escribir prosa experimental debes tener en cuenta que te será muy difícil publicar.
Desde luego, lo más fácil es empezar publicando en las editoriales pequeñas, las ahora tan de moda independientes. Yo mismo empecé en una editorial chiquita que finalmente desapareció, la llorada Times Editores que se aventó al ruedo publicando autores nuevos que escribíamos subgéneros (doble suicidio).
Aquí debo hacer un par de recomendaciones. No importa cuán chiquita sea la editorial, nunca aceptes pagar por que te publiquen tu libro. Lo más probable es que no te den adelanto, ni que veas nunca mucho dinero de las ventas (a lo mejor ni siguiera veas nada, si la edición sale tablas o pierde), pero huye de los que te dicen “yo te publico tu libro en mi editorial, tú nomás dame treinta mil pesos.”
Hay muchos vivales por ahí que ofrecen ese tipo de negocios. O peor aún, los que organizan a varios amigos escritores para hacer “una tanda de libros”, en la que cada quien pone una lana al mes para mandar imprimir un libro de cada uno de los miembros cada vez y luego desaparecen con la plata. Estafas.
El trabajo –y riesgo– de un editor es poner el dinero para la edición. El del autor es poner la obra. Punto.
Otra cosa es que se organicen varios amigos para poner una pequeña editorial o publicar una revista pero ése es en un cuento enteramente distinto del que hablaré en otra ocasión.
Finalmente, retomando el asunto de los concursos, siempre digo que sólo sirven para que te obligues a acabar a tiempo, pero a lo mejor si tienes suerte te ganas uno importante y entonces, cuando llegues a una editorial ya sabrán quién eres y podrás saltarte la fila de los manuscritos que esperan dictaminación. Si mantienes un nivel de calidad y sobre todo te mantienes activo, a lo mejor después de un par de libros medianamente exitosos logras queya los editores te busquen.
Juro que no quería escribir esto con un tono de recetas de cocina, pido disculpas si quedó así. Sólo me resta desear buena suerte a quienes se inicien en esta aventura y recordarles que ésta es un carrera de fondo. Mucha paciencia. Lo más importante es tener siempre en cuenta que no hay nada escrito, por raro que suene.