Inicio Registro

Archive for the 'Vonnegut' Category

Philip K. Dick

Tuesday, January 22nd, 2008

philipdick.jpg
Hace poco decía mi admirado Rogelio Villarreal que los estentóreos contraculturales mexicanos había leido poco al recientemente fallecido Kurt Vonnegut.

Algo similar les sucede con Philip K. Dick (1928–1982), novelista norteamericano reconocid por propios y extraños como uno de los más importantes narradores anglosajones de la segunda mitad del siglo XX.

Stanislav Lem solía decir que Dick era el único escritor de ciencia ficción norteamericana que valía la pena leer (le llamaba “un visionario entre charlatanes”). La escritora y crítica Ursula K. Le Guin incluso llegó a decir que Dick era el Borges norteamericano.

Si bien no creo que sea para tanto (afortunadamente no creo que haya un Borges gringo ni un Capote argentino), estoy convencido de la gran calidad literaria de Dick.

Nacido en Chicago el mismo año que Carlos Fuentes, Philip Kindred Dick tuvo una hermana gemela que murió a los pocos días del alumbramiento lo cual marcó al autor para toda su vida.

Matriculado en la Universidad de California en Berkeley para estudiar alemán, el joven Dick fue un voraz lector de filosofía, así como de autores como Flaubert, Balzac, Proust, Dostoyevsky y el propio Borges, entre muchos otros.

La intención de Dick era convertirse en un literato formal. Sin embargo, no pudo vender en vida ninguna de sus novelas serias con excepción de una (Confessions of a Crap Artist). Pero tras vender en 1952 su primer cuento a una revista de ciencia ficción, el autor pareció condenar su carrera a ese ghetto que en palabras de Vonnegut “algunos críticos confunden con un urinal.”

La trayectoria de Philip en el ámbito de la ciencia ficción no fue nada desdeñable. A poco más de diez años de publicar su primer cuento la novela The Man In The High Castle, sobre la vida cotidiana en una Norteamérica en la que los nazis ganaron la segunda guerra mundial, ganó el Premio Hugo, máximo galardón en el medio cienciaficcionero. Contaba con –gulp– 35 años, la edad que yo tengo ahora.

Su obra puede calificarse sin reservas de monumental. Escribió 50 novelas y decenas de cuentos cortos compilados en cinco voluminosos tomos. La más famosa de ellas, al menos para el gran público, es Do Androids Dream Of Electric Sheep? que dio pie a la adaptación conocida como Blade Runner.

Curiosamente, el arrogante Ridley Scott nunca ha tenido empacho en decir que no leyó el libro para hacer la película. Digo curiosamente por que la cinta es altamente dickiana.

Durante toda su vida Dick sufrió ataques de angustia y desequilibrios emocionales. Permanentemente cruzó hacia ambos lados de la línea que divide la sanidad de la demencia. La tesis fundamental de su obra, al menos una de ellas, es que nada es lo que parece. En una historia típicamente dickiana, varios planos se superponen unos sobre otros en una especie de frágil multiverso que puede derrumbarse al menor soplo, como un castillo de naipes.

Como era de suponer, la vida de Dick fue caótica, fiel reflejo de su obra Se casó y divorció cinco veces a lo largo de su vida y alguna vez pisó el manicure.

Ahora bien, ¿qué hace tan importante como escritor a este pintoresco personaje? No pocos críticos han visto una de las semillas de la posmodernidad plantada en varias de sus novelas.

Personalmente confeccionaría un ramillete que incluyera los libros ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, Tiempo de Marte, El hombre en el castillo, Laberinto de muerte y Fluyan mis lágrimas dijo el policía, todos ellos traducidos al español y medianamente fáciles de conseguir.

Dick escribe, lo he dicho muchas veces, novelas costumbristas sobre mundos raros. En ellas, la realidad se presenta frágil e inestable, nada es lo que parece y los personajes se ven expuestos a situaciones que hicieron decir al propio Dick “no me gustaría vivir en ninguna de mis novelas”.

Niños psíquicos que viven en Marte, vendedores de antigüedades americanas en la Norteamérica dominada por los japoneses, celebridades de la televisión que de pronto pasan a un universo paralelo donde ni siquiera existen, una expedición espacial que es mantenida soñando realidades virtuales para paliar las inclemencias del viaje estelar, y el consabido detective que caza replicantes, entre muchos otros, son personajes y situaciones que deambulan por las páginas de sus libros.

Alejado de las fantasía militaristas de Robert Heinlein y de la árida prosa tecnofetichista de Isaac Asimov, Dick logró dar dimensión humana y universal a personajes absurdos metidos en situaciones extremas. Sumergirse en una de sus novelas es meterse de lleno en una universo alucinante donde las leyes de la física parecen permutarse por otras, más extrañas y crueles.

Este año, Dick hubiera cumplido 80 años, fecha que seguramente no pasará desapercibida para su legión de leales lectores que crece un poco año con año.

¿Andas buscando algo interesante que leer? ¿Te gustaría variarle a la dieta de autores conocidos? Te recomiendo entonces que busques una novela de Philip K. Dick en tu librería más cercana y la leas. Te prometo que no te decepcionará.

Y si lo hace, avísenme para ir juntos a romperle la cara, donde quiera que esté…

UPDATE: En escritor Gerardo Porcayo, conocido como el Lobo entre sus amigos, escribió recientemente una sentida entrada en su blog sobre Dick, quien hubiera cumplido 79 años el pasado 16 de diciembre.  Vale la pena darle una leida.

Y aquí un link francamente ilegal en el que se puede descargar prácticamente toda la obra de Philip K. Dick (en español). No digan que yo se los di.

Hoja por Hoja

Tuesday, June 5th, 2007

Los amigos de Hoja por hoja, el suplemento literario del Periódico Reforma, entre otros diarios, me pidieron que escribiera una nota sobre mi novela favorita de ciencia ficción, para su número del décimo aniversario. Esto es lo que hice.

(Feliz aniversario, chicos).

Kurt Vonnegut (1922—2007)

Thursday, April 12th, 2007

03kurt.gif

Kurt Vonnegut está en el cielo.”

Eso le hubiera gustado que se dijera en su funeral, pese a ser un ateo. Eso mismo dijo él de su amigo Isaac Asimov (otro distinguido escéptico) cuando el buen doctor murió.

Nada menos ayer hablaba de héroes ficticios y verdaderos. Si me viera obligado a escoger a alguien más que el mecánico de Bob Dylan, elegiría como mi héroe a Kurt Vonnegut.

Nacido en Indianápolis en el seno de una familia de migrantes alemanes, fue el hijo y nieto de distinguidos arquitectos. La fortuna familiar se colapsó durante la gran depresión del 29, sumiendo a su madre, Edith Lieber, en una depresión que desembocaría en su suicidio.

Vonnegut estudió bioquímica en Cornell, para después enrolarse en el Carnegie Institute of Technology, poco antes de partir al frente europeo durante la segunda guerra mundial.

Kurt pasó poco tiempo en el frente alemán poco antes de caer prisionero de los nazis. Fue encarcelado en la ciudad de Dresden, donde trabajó en una fábrica que elaboraba un jarabe de chocolate para mujeres “de muy buen sabor.”

El futuro escritor fue testigo del bombardeo aliado que arrasó con Dresden desde la celda de un sótano en el rastro de la ciudad. Esa celda llevaba el nombre de Matadero 5, título de una de sus más famosas novelas.

La experiencia le marcó para el resto de su vida. Después de ser liberado por el ejército ruso fue condecorado con la medalla del corazón púrpura como héroe de guerra herido en combate. Sin embargo, mantuvo un rabioso antimilitarismo hasta el fin de sus días.

Vonnegut publicó su primer cuento, “Report On The Barnhouse Effect” en la revista Collier’s en 1950. El propio autor, en el prólogo de su libro Bagombo Snuff Box recordaba con nostalgia la época en que un escritor podía vivir de publicar cuentos cortos en un circuito de revistas comerciales hoy desaparecido.

1952 vio la publicación de Player Piano (La pianola), su primera novela, enmarcada en el género de la ciencia ficción. Vonnegut imaginaba un futuro distópico dominado por maquinas y empresarios voraces. Desde entonces, la crítica lo relegó al ghetto de los autores “menores”; Vonnegut escribió alguna vez que ciertos críticos confunden el apartado de la ciencia ficción con “un urinal”.

A medida que fue publicando sus novelas, fue apartándose gradualmente del subgénero, no así de las historias delirantes y extrañas.Es posible hallar en casi todas ellas algún elemento fantástico, cuando no son francamente imaginativas.

En su libro favorito, Slaughterhouse-Five, su recuento semiautobiográfico de la segunda guerra mundial se mezcla con un extraño caso de abducción extraterrestre y viajes en el tiempo.

Todas sus historias comparten el mismo universo ficticio, y es posible ver a varios de sus personajes saltar del un libro, donde llevan el papel protagónico, a otro donde apenas hacen una aparición incidental. Sin embargo, siempre le fue fiel a Kilgore Trout, su alter ego literario, extravagante escritor de ciencia ficción (basado en la personalidad de Theodore Sturgeon) a través del cual Vonnegut vertía sus comentarios más corrosivos.

Llamarle humorista sería quedarse corto. Lo mismo encasillarlo como un escritor fantástico. La obra de Vonnegut no sólo es una de las más sólidas de la narrativa norteamericana de la posguerra (casi veinte novelas), sino que además lidia con los grandes temas de lo humano: la guerra, la ciencia, el sexo, la locura, el crimen…

Sin embargo, las pocas ventas de sus libros lo obligaron a vender autos Saab en Cape Cod para poder mantener a su familia. El negocio fracasó rotundamente, por lo que solía bromear que a ello debía el que los suecos nunca le hayan otorgado el premio Nobel. El reconocimiento crítico llegaría para él en la vejez, tanto como narrador como artista gráfico, asunto al que se refería como una buena copa de champán al final de la jornada.

En los 60 y 70 Vonnegut fue recuperado por los jóvenes norteamericanos como un héroe contracultural. Incluso en algunas escuelas secundarias sus libros fueron prohibidos por “cínicos y obscenos”.

Fumador empedernido de Pall Mall, don Kurt solía decir que era su manera de suicidarse lentamente. En 1984 intentó quitarse la vida de verdad, con una sobredosis de pastillas y alcohol, intento del que salió ileso. Incluso bromeaba al respecto.

“Soy capaz de decir algo chistoso en la peor de las situauciones”, solía decir, atribuyendo a ello el fracaso de su primer matrimonio.

Querer cubrir la obra de KV en unas cuantas líneas es tarea imposible. Su obra es extensa y compleja, su descarnada visión de la humanidad, desesperanzada y cruel. Sin embargo, al igual que sus admirados Mark Twain y Johnathan Swift, Vonnegut mantiene un dejo de esperanza que lo animó a seguir escribiendo hasta que en su novela Timequake de 1997, anunció su retiro de la narrativa.

Hermano del brillante físico Bernardo Vonnegut, quien descubriera que se puede provocar lluvia rociando las nubes de bromuro de plata, Kurt tuvo tres hijos de su primer matrimonio, adoptó a los tres hijos que su hermana Alice dejó al morir y a una tercer hija junto con Jill Krementz, su segunda esposa.

Kurt Vonnegut solía decir que de todas las maneras de morir, la que hubiera preferido es la de estrellarse en un avión que sobrevolara el Killimanjaro. No sucedió así. Tampoco murió cuando en 2000 un incendio destruyó parte de su departamento en Manhattan, cerca de las Naciones Unidas. Fue una caída de las escaleras hace un par de semanas lo que le provocó un daño cerebral irreversible que culminó con su deceso el día de ayer.

La noticia de su muerte apareción en los principales medios informativos de Estados Unidos y el resto del mundo. Incluso El Universal y La Jornada consignan la noticia.

Podría extenderme horas y horas sobre la vida y obra de Kurt Vonnegut. Una vez, tras leer su última novela, le escribí una carta que jamás envié. Ahora no hay quien la reciba.

Me quedo con Bluebeard, mi novela favorita de todos los tiempos, la falsa autobiografía del pintor Rabo Karabekian. Ya he escrito sobre mi encuentro con su obra, sobre el profundo impacto que han tenido sus libros en mi trabajo.

Se va uno de los grandes narradores de nuestros tiempos. Sé que es un lugar común decir que su desaparición es como si muriera un amigo cercano. Lo cierto es que durante el tiempo que Vonnegut caminó entre nosotros, este planeta tuvo la oportunidad de ser un mejor lugar.

Descansa, amigo. Te leeremos en tu ausencia.

PD: Nomás para los cuates, va la lista completa de sus libros. Consigno los títulos en inglés. Me parece que al menos un 80 % están traducidos al español.

Novelas:

Player Piano (1952)
The Sirens of Titan (1959)
Mother Night (1961)
Cat’s Cradle (1963)
God Bless You, Mr. Rosewater (1965)
Slaughterhouse-Five (1969)
Breakfast of Champions (1973)
Slapstick (1976)
Jailbird (1979)
Deadeye Dick (1982)
Galápagos (1985)
Bluebeard (1987)
Hocus Pocus (1990)
Timequake (1997)

Compilaciones de cuento:

Canary in a Cathouse (1961)
Welcome to the Monkey House (1968 )
Bagombo Snuff Box (1999)

Libros de ensayo:

Wampeters, Foma and Granfalloons (1974)
Palm Sunday (1981)
Fates Worse than Death (1990)
God Bless You, Dr. Kevorkian (2001)
A Man Without a Country (2005)